Porras, banda y batucada…

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Hubo pozol, paletas o tepache para el inclemente sol; también camisas, tazas y hasta peluche.

 

MARCO ANTONIO BARRERA

 

PLAYA DEL CARMEN, Q. ROO.- La visita de Andrés Manuel López Obrador al estado fue un carnaval enmarcado entre batucadas, bandas de guerra, porras y gritos que lo corearon en Tulum y Solidaridad.

 

La llegada de “San Andrés”, como algunos lo llamaron, movilizó familias enteras, sacó de los hogares a los adultos mayores, personas en sillas de ruedas y hasta quienes apenas podían caminar apoyados en andaderas.

 

Entre los otros, lo que llegaron por cientos, generó tumultos, largas filas y la desesperación por verlo de cerca, saludarlo, tomarse la foto o entregarle una carta en propia mano.

 

Las unidades deportivas de Tulum y Solidaridad, ambas habilitadas como domo, cobijaron con su sombra a espontáneos, a los llamados “servidores de la Nación” que portaban con orgullo playeras, a los acarreados y a quienes formaron parte de las huestes políticas movilizadas.

 

Otros, los más olvidados, se colgaron de alguna reja o se sentaron en lo más alto de algún mobiliario urbano para escuchar al Presidente; para ellos, nada se los impidió ni siquiera el inclemente sol.

 

Al final, todos escucharon las propuestas de López Obrador, de dar apoyos sociales y entregar recursos económicos a los más necesitados, “sin intermediarios ni piquetes de ojos”, especialmente para rescatar a los jóvenes que no estudian ni trabajan y los adultos mayores.

 

 

Vendimia callejera

 

Afuera de los domos, prevaleció la vendimia callejera que se apoderó de banquetas. Había pozol frío, buñuelos, paletas o tepache. También venta camisas, tazas, llaveros, muñecos de peluche, bolsas, gorras y playeras con la imagen del mandatario, desde 30 hasta 150 pesos y todas se vendían como “pan caliente”.

 

Entre la clase política, de uno y otro partido, hubo quienes brillaron, los que lo intentaron y quienes no lo consiguieron; también los que salieron raspados y los que quedaron en el anonimato, grises y relegados, como si no hubieran ido.

 

El ganador del “aplausómetro” fue López Obrador, quien fue vitoreado en cada anuncio que hizo, nuevo y del repertorio de su tradicional discurso; habló de todo, como es su costumbre, del combate a la corrupción, de los mega sueldos de ex funcionarios públicos, del “huachicol”, la venta de aviones y helicópteros del gobierno de México y de los excesos en que cayeron los funcionarios del gobierno anterior.

 

“Bueno, hasta tenían cirujanos plásticos a su servicio para darse una ´restiradita´, con cargo al erario, pero todo eso se acabó”, lo que provocó la algarabía de los asistentes.

 

El gobernador Carlos Joaquín, sentado a la derecha de López Obrador, salió fortalecido y reconocido públicamente por el mandatario federal, por su condición de demócrata en las elecciones recientes. El espaldarazo presidencial hizo que se le aplaudiera con intensidad.

 

El mandatario quintanarroense aprovechó cada minuto del dis – curso de López Obrador para dialogar con Beatriz Gutiérrez, esposa del tabasqueño, quien con un abanico de mano trató con insistencia combatir el calor del Caribe.

 

RASPADOS Y APLAUDIDOS

 

Entre los alcaldes, el reconocimiento mayor de la gente fue para Laura Beristain, a quien le dieron aplausos nutridos; antes, en Tulum, Víctor Mas Tah tuvo una presencia sombría. La más raspada de todos y todas fue la senadora Marybel Villegas, quien pese a la rechifla que se llevó en Solidaridad no perdió oportunidad de flanquear al presidente y posar, una y otra vez, junto a él para la foto. Así lo hizo cuantas veces pudo, en Tulum y en Playa del Carmen.

 

Cuando AMLO la mencionó en Solidaridad se llevó las rechiflas, todas, las que se habían acumulado pero que no habían salido en la gira presidencial. No lo esperaba y le cambió el semblante. Pese a ello, se convirtió en la sombra del tabasqueño, cada paso, cada foto, hasta que se marchó el Presidente. Al final, de la senadora nada su supo, se retiró con sigilo. Sus correligionarios José Luis Pech Várguez y Mayuli Martínez Simón actuaron con prudencia e hicieron presencia cuando el presidente los saludó y dialogó con ellos. Y sin pena ni sombra, como si no hubieran ido, quedaron los diputados Luis Alegre y Adriana Teissier.

 

Del gabinete federal hablaron los titulares del Fondo Nacional de Turismo, Rogelio Jiménez Pons, y de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, Román Guillermo Meyer Falcón, aunque sin arraigo, sin reconocimiento y sin pena ni gloria.

 

Al final, la mayoría salió contento, aunque unos más que otros.