Nido de víboras

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Por: Kukulkán

SE CUMPLIÓ un año de la elección presidencial en la que Andrés Manuel López Obrador alzó el puño en señal de victoria. Y para celebrarlo, ayer hubo bailongo en el Zócalo de la Ciudad de México, así como festejos modestos en algunos otros lugares.

 

FESTEJAR LOS triunfos es cosa muy humana y en el caso de los mexicanos hasta folclórica, pues nos ponemos a gritar como locos cuando un equipo de futbol anota gol y hasta le damos vueltas y vueltas al Ángel de la Independencia o al Ceviche.

 

PERO COMO no todos están contentos, también hay formas de contrafestejo que ocurren estos mismos días, desde marchas antipeje hasta artículos y columnas de opinión que con diverso grado de ardidez hacen balance de los ocho meses que lleva AMLO al frente del país.

 

TODO LO cual es ocioso y responde a la moda de profetizar el Amlocalipsis o alabar la República Amorosa, pues para mal y para bien lo que digan o hagan personajes polémicos como López Obrador, siempre será garantía de audiencia para críticos y acólitos.

 

NO ES que las cosas vayan viento en popa en esta especie de país, que Kukulkán no cree en milagros, pero tampoco es que las calamidades, reales o ficticias, hayan empezado apenas el 1 de diciembre pasado y que antes de esa fecha todo fuera caminar sobre pasto y rositas.

 

MESURA Y prudencia en las conmemoraciones, más trabajo y compromiso como mexicanos. Eso sería mejor.

 

***

 

EL DESGARRIATE en que está convertido el Ayuntamiento de Othón P. Blanco amenaza con paralizar a la capital del estado, justo cuando anda en búsqueda de remedios y estrategias que la hagan salir del letargo económico en el que se halla inmersa desde hace décadas.

 

¿MALA SUERTE o mal karma? Algunos especulan que la culpa es de Sebastián, cuya megaescultura es un talismán de mal agüero que desde que comenzó a instalarse en la bahía irradió a toda la ciudad de mala vibra y por eso no le funcionan ni el servicio de limpia ni el Cabildo, actualmente dividido entre los que tuercen por la síndico Yansunni Martínez y los que apuestan por el alcalde Otoniel Segovia.

 

Y POR si faltara mayor confusión, tampoco ayuda que cargos como la jefatura de prensa del municipio esté en manos de Rodrigo Madera, un expatriado yucateco, ex bloguero aspirante a influencer que en redes sociales descarga su mala leche hacia los reporteros, muy en la línea trumpista de que son el enemigo del pueblo, y a quienes pide no publicar ni comentar los boletines que emite.

 

QUIEN SABE, el punto es que las hache autoridades de Chetumal no pueden ni ponerse de acuerdo ellas mismas y al final quienes salen perdiendo son los habitantes del municipio.

 

ASÍ LAS cosas, no es de extrañar que los empleados de la Sectur no tengan muchos ánimos en llegar a esta ciudad que presume ser el lugar donde “inicia México”; que si así está el comienzo, no queremos imaginar el final…

 

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