Nido de víboras

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A remote control is seen being held in front of a television running the Netflix application on October 25, 2017. (Photo by Jaap Arriens/NurPhoto via Getty Images)

 

 

Por: Kukulkán

EN FECHA reciente Netflix decepcionó a sus inversores por el bajo rendimiento de sus acciones, que lograron atraer poca clientela nueva. ¿Crisis en la industria del entretenimiento? No, más bien es falta de visión periférica, porque si se dan cuenta, alrededor hay historias con harto potencial.

 

POR EJEMPLO, el melodrama con tintes de farsa que por estos días se desarrolla en el cabildo de Othón P. Blanco, que dependiendo del tratamiento podría ser una versión tropical de Cuna de Lobos o de La Familia Peluche:

 

EN DIVERTIDA sesión, el cabildo de marras determinó por decisión dividida, que el fallido diputado plurinominal Manuel Valencia Cardín regresara a su asiento de regidor, para coraje del suplente Sergio Zapata, quien ya se veía despachando como titular.

 

EL ASUNTO, que todavía depende de una resolución ajena a los involucrados, promete dar nuevas sorpresas para disfrute del graderío, que no sabe si reír con las vaciladas municipales o llorar porque mientras se pelean por un hueso los servicios públicos en la capital del estado siguen del nabo…

 

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Y JUSTO para empeorar el tema, los antorchistas armaron pancho frente al Palacio Municipal de Chetumal para exigir, precisamente, servicios públicos básicos en sus colonias irregulares.

 

EN RESPUESTA, el atribulado alcalde Otoniel Segovia, quien ya no siente lo duro sino lo tupido, se vio forzado a tratar de calmar los ánimos mediante el recurso económico (porque no empobrece) de prometer soluciones a las demandas.

 

QUE HAY que decirlo, son exigencias justas desde el punto de vista humanitario, aunque las formas dejen mucho qué desear y respondan en el fondo más a una cuota de poder de algunas personas que de auténtico altruismo.

 

LO QUE queda claro, es que a la autoridad de Othón P. Blanco ya le tomaron la medida.

 

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CON EL noble fin de defender la papa, los taurinos y los galleros saltaron al ruedo tirado cornadas y patadas en contra de la Ley de Bienestar Animal, a la que acusan de no pensar en el bienestar de ellos como empresarios y defensores de la tradición.

 

UNA TRADICIÓN, hay que apuntar, basada en ideas de antiguo origen cuyo significado profundo ha desechado la devoción y la sacralidad de sus inicios primigenios por el mero espectáculo y el morbo.

 

PUES NADA, que ayer el cabildo de Felipe Carrillo Puerto dobló las manitas y declaró que la muerte de toros en corridas y de gallos en peleas es patrimonio cultural municipal: la barbarie como defensa de una tradición que supuestamente da sentido de identidad.

 

¿DESDE CUÁNDO la identidad de un pueblo depende de que dos gallos se maten a navajazos o de que un toro muera atravesado con una espada? Porque si quieren una tradición, esa sí identitaria, allí está el mayapax.

 

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