Con espíritu altruista

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  • Aunque cuando era niña su comunidad no tenía bibliotecas ni servicios básicos.

 

Abel Vázquez Barrera/Agencia Reforma

 

Cd. de México, México 23-Jul-2019 .-Adriana Kupijy es originaria del municipio Santa María Tlahuitoltepec, en Oaxaca. Aunque cuando era niña su comunidad no tenía bibliotecas ni servicios básicos, esta situación no le impidió acercarse a la lectura.

 

La alumna de la UNAM aclara que, desde que tiene memoria, su familia fomentó su interés en los libros y las expresiones artísticas, ya sea llevándola a espacios culturales o al estar en contacto con las obras de su padre, quien es artista plástico.

 

“No recuerdo ningún día de mi vida, durante la infancia, en el que mi papá no me leyera, no me contara cuentos sobre la Sierra Mixe y sobre las leyendas que hay allá”, relata la joven de 20 años.

 

“Mi mamá es profesora de educación especial, trabajó por mucho tiempo en comunidades indígenas y cada que podía me llevaba a la biblioteca de la ciudad para solicitar un préstamo”.

 

Estas experiencias, comenta Kupijy, le permitieron percatarse de la centralización del conocimiento en las zonas urbanas y la impulsaron a buscar alternativas para cerrar esta brecha.

 

“En la preparatoria vi que había dos formas para transformar o cambiar mi realidad y sobre todo para ayudar a mi sociedad: una era la salud y la otra, la educación”.

 

La joven optó por estudiar Pedagogía en la Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán y tras cursar los primeros semestres, empezó a recolectar libros de toda índole para crear una biblioteca comunitaria en la Ranchería de Tejas, en la Sierra Mixe.

 

“Cuando entré a la carrera tuve un conflicto: ¿qué estaba generando yo como universitaria para mi comunidad? En la carrera se hablaba de una práctica pedagógica, pero yo no encontraba esa práctica en la facultad”, confiesa.

 

“Así surge la idea de crear esta biblioteca y proveer espacios culturales a la gente”.
A través de un post en Facebook y del apoyo de un donador, Kupijy reunió más de 4 mil libros que son cuidados voluntariamente por las personas de la región.

 

Una vez concluida la biblioteca, en enero de 2019, las autoridades de la ranchería vecina, Las Flores, le ofrecieron replicar su proyecto en esta comunidad.

 

Este nuevo espacio sigue en construcción; actualmente, indica Kupijy, cuenta con más de 500 libros provenientes de donativos, entre ellos novelas infantiles, juveniles, latinoamericanas, universales y poesía.

 

“Queremos incluir libros en lenguas originarias, libros que demuestren la realidad mexicanas, oaxaqueña y latina”, enfatiza.

 

Kupijy prevé que este proyecto esté terminado a finales de año y que dé paso a la creación de otros, lo que permitiría crear, poco a poco, una red de bibliotecas en diversas zonas rurales.

Metas firmes

 

Su recorrido cultural no ha concluido. Kupijy asegura que buscará financiamiento para escribir un libro mientras continúa con su formación académica.

 

“Quiero ser profesora e investigadora, quiero trabajar la formación del conocimiento dentro de un contexto concreto”, aclara.

 

La estudiante también señala que le gustaría trabajar en talleres artísticos para niños para fomentar la cultura y así propiciar que las nuevas generaciones se involucren en proyectos similares.

“Los libros han sido formadores para mí, para el tipo de intelectual que quiero ser y quien quiero ser para la comunidad”.

 

Huella imborrable

 

Entre las publicaciones que han marcado su vida se encuentran:
+ “Lilus Kikus”, de Elena Poniatowska.
+ “Antigua vida mía”, de Marcela Serrano.
+ “Las venas abiertas de América Latina”, de Eduardo Galeano.

 

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