El matrimonio igualitario

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  • Los “grupos custodios”, por su parte, oran y rezan a las puertas de esos recintos, casi convertidos en infiernos, para lograr la conversión de los “descarriados” hijos de Dios.

Por: Elmer Ancona

@elmerando

elmerancona@hotmail.com

La eterna lucha entre “progresistas” y “conservadores” por el caso del matrimonio igualitario sigue su marcha; cada vez toma mayor relevancia en los congresos de los estados la discusión para hacer avanzar o frenar estas iniciativas. Se están dando con todo.

El grupo parlamentario del Partido Revolucionario Institucional (PRI) retomará estos días la batalla para lograr que se apruebe esta figura a nivel nacional, “sin que haya limitantes a la condición de género, preferencias sexuales o creencias religiosas”. No creo que les vaya bien.

El diputado Rubén Moreira Valdez, ex gobernador de Coahuila, de manera valiente, va a liderar esta iniciativa que no lo va a dejar bien parado, como no sucedió con el atrevido Enrique Peña Nieto, vapuleado por los grupos tradicionalistas del país que están por todas partes.

Los grupos “liberales” sacan sus mantas y pancartas en las tribunas legislativas y gritan con toda su fuerza para hacer valer el legítimo derecho que tienen para casarse con una persona del mismo sexo.

Los “grupos custodios”, por su parte, oran y rezan a las puertas de esos recintos, casi convertidos en infiernos, para lograr la conversión de los “descarriados” hijos de Dios que se ven envueltos en la confusión de sus ideas y en las prácticas poco cristianas.

Lo único que los ciudadanos “sin preferencias” pueden corroborar desde la barrera, mientras los demás se dan en la matrix, es que en el país hay diferentes culturas y formas de ver la vida.

Se palpan los diversos “méxicos” que existen, llenos de contrastes, de contraluces, que deben ser respetados; en la pluralidad y la diversidad se asienta la riqueza de las naciones. En México, además, en el respeto al derecho ajeno.

Aunque uno esté a favor del llamado matrimonio igualitario, por considerar que todos los seres humanos están investidos de derechos y obligaciones, también es respetable la postura de las mayorías que no quieren vivir bajo normas y leyes “más abiertas”.

Lo bueno de la democracia es que siempre es tomada en cuenta la decisión de los grupos mayoritarios, aunque a miles de personas que forman parte de las llamadas “minorías” no les parezca ese estilo de vida.

¿Por qué debemos hacer caso a lo que decidan los diputados locales en los congresos de los estados? Porque, para bien o para mal, fueron electos en las urnas por el voto ciudadano.

Porque son los “representantes del pueblo”; porque tienen el respaldo del electorado que los llevó a su curul; porque a fin de cuentas cumplen con la histórica sentencia de “la voz del pueblo es la voz de Dios”. Así de simple.

La Ciudad de México, antes Distrito Federal, fue pionera de esta batalla a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo. La ganaron y quieren dar el ejemplo a nivel nacional.

En todos los estados hay “gais” (hombres que aman a hombres) y “lesbianas” (mujeres que optan por mujeres); desde hace mucho tiempo ya no se esconden, no viven en lo oscurito. Ya caminan libremente por las calles, plazas y playas turísticas tomados de la mano.

Cada vez se “multiplican”, esto es, decenas de hombres y mujeres terminan reconociendo sus preferencias sexuales “a su debido tiempo” y deciden salir del “clóset”. Están en todo su derecho y deben ser respetados.

Esto significa que si los grupos sociales conservadores o tradicionalistas conviven cada vez más con ellos en las escuelas, en el trabajo, en los antros –y hasta en las iglesias o templos–, pues ya es tiempo de irles reconociendo sus derechos jurídicos. Así de simple.

Así como la Ciudad de México (2010), estados como Chihuahua (2012); Quintana Roo, Baja California y Coahuila (2014); Nayarit (2015); Campeche, Morelos, Colima, Michoacán y Jalisco (2016); Chiapas y Puebla (2017); Nuevo León, San Luis Potosí, Hidalgo y Baja California Sur (2019) permitieron el matrimonio igualitario, aunque con diferente nombre. Ganaron la batalla.

México debe quitarse la careta y entender que todas las personas en el mundo gozan de los mismos derechos y obligaciones que consideran tanto la Constitución Política como los Tratados Internacionales. No se puede seguir viviendo en el pasado.

 

Cosas  y casos para hablar…

  • El que de plano se pasa con sus propuestas es el economista Freidy Noel Ayala Zavalegui, uno de los nueve aspirantes a ocupar la Rectoría de la Universidad de Quintana Roo.

Como que no fue muy inteligente de su parte decir que de llegar a la posición número uno de la Uqroo reducirá el sueldo de los directivos, casi siempre académicos de renombre.

Al contrario, los catedráticos e investigadores de excelente nivel, incluso los funcionarios estrictamente administrativos, deben ser reconocidos económicamente por la calidad de conocimientos y servicios que aportan a la sociedad.

Lo que debe cuidar la academia es no dejar llegar a “advenedizos” a la Rectoría, porque dejar en manos de ignorantes e incompetentes la educación y ciencia de las universidades, es como dejar un cofre lleno de joyas en manos de un ladronzuelo. Favor de no decir tonterías.

  • Donde las cosas están que arden es en el Instituto Nacional de Migración (INM). El paso irregular de miles de personas en busca de la “felicidad” está provocando de todo: caos, nerviosismo, asesinato de funcionarios y cambios en los gobiernos.

Quintana Roo no es la excepción; en Playa del Carmen recientemente acribillaron en un centro comercial al subdirector de Control y Verificación del INM. Las razones se desconocen.

Provocó, por supuesto, la inmediata reacción del Gobierno Federal para mover piezas antes de ver a caer muertos a más de sus funcionarios, todo por los “intereses ocultos” que hay detrás de la migración ilícita.

Dicen los conocedores que el tráfico de personas de Latinoamérica a Estados Unidos representa cerca de 7 mil millones de dólares en ingresos para los delincuentes de la región.Que no nos sorprenda, pues, que así como salió huyendo Araceli Fernández Santacruz de su puesto en Chetumal, salgan despavoridos más funcionarios, incluso de niveles superiores. Tiempo al tiempo.

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