El periodismo, vulnerado

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Por: Elmer Ancona

@elmerando

elmerancona@hotmail.com

Cuando los jóvenes periodistas me preguntan cómo veo el periodismo de nuestro tiempo, sin lugar a dudas respondo: vulnerado, agredido, indefenso, desarticulado.

El periodismo que se hizo décadas atrás (años 60 y 70) estaba marcado por el oficialismo triunfalista; mucho de lo que se publicaba en los medios de comunicación, sobre todo en las portadas, llevaba el sello del gobierno. “Quien paga, manda”.

Por supuesto, hubo periodistas aguerridos y hasta perseguidos, pero los intereses económicos de los dueños de los medios eran tan fuertes, tan poderosos, que las voces críticas eran acalladas.

La élite política era hermana gemela de la élite periodística; caminaban de la mano; los corporativos de la comunicación se hacían compadres de los personajes del poder y todo quedaba en familia. Hubo una crítica disfrazada y controlada. La prensa estaba “amordazada”.

En esas décadas se creó infinidad de asociaciones, clubes y círculos de periodistas que festejaban todo, menos una libertad de expresión; muchos se hicieron de riqueza gracias a las reverencias a los poderosos.

Un nuevo rumbo

Décadas después (años 80 y 90) el periodismo tomó un nuevo rumbo; algunos medios de comunicación, sobre todo impresos, asumieron el liderazgo y comenzaron a generar un periodismo más punzante.

Cansados de los gobiernos populistas (en aquellos tiempos del PRI), los hombres de negocios comenzaron a apostar un poco más por la prensa libre, por el “nuevo periodismo”.

Comenzaron a inyectar dinero a los consorcios periodísticos y los medios de comunicación se hicieron más independientes del gobierno. Sólo tantito. Eso no cayó en gracia a las élites del poder.

La crítica se volvió más fuerte, más contundente, y los empresarios periodísticos comenzaron a responder ya no al gobierno en turno, sino a ciertos grupos oligopólicos.

Se podría decir que los años 90 dieron un nuevo respiro al periodismo nacional; surgieron nuevos diseños, se incorporó el color a los impresos y en las redacciones los periodistas discutían con mayor libertad los asuntos públicos.

Había más cultura política en el gremio; lo malo es que los periodistas comenzaron a tomar partido, surgió un periodismo mucho más ideologizado, menos imparcial, más tendencioso.

El “periodismo militante” cobró mayor fuerza y los mismos periodistas se hacían llamar de “izquierda” o de “derecha”. Un asco. El periodismo se adoctrinó y perdió rumbo.

En esas décadas irrumpe un fenómeno aún desconocido: el crimen organizado; ya existía, por supuesto, pero controlado y en la tenebra; comienza el pleito entre cárteles y también el tiradero de cadáveres. El control se comienza a desquiciar.

Los medios de comunicación comienzan a trabajar entre varios frentes y fuegos: el político y el criminal, unos mezclados con otros. Las heces salen a flote y el hedor se esparce.

Los periodistas críticos son perseguidos, atemorizados, intimidados y para la mala fortuna de la sociedad, asesinados. Fueron cayendo uno tras otro. Los medios se vuelven más prudentes y temerosos.

Comienza el miedo

Al iniciar el nuevo milenio (años 2000) empeora todo; aunque los gobiernos empiezan a “aguantar vara” y tragarse la crítica mediática, los periodistas comienzan a caer como pájaros por culpa de gobernadores y presidentes municipales intolerantes y corruptos, vinculados incluso con el hampa.

Es así como los periodistas comienzan a levantar la voz de forma organizada, colectiva, para denunciar casos de persecución y muerte. El periodismo cobró un poco más de respeto y solidaridad gremial.

La primera década del milenio fue de luto para los informadores y comunicadores; en todo el país los periodistas comenzaron a retroceder cuando sintieron el yugo de sus persecutores, tanto políticos como criminales.

Los sexenios de Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto rompieron récord de periodistas caídos; durante la administración de Andrés Manuel López Obrador los números se elevan aceleradamente.

Las siglas partidistas o las tendencias ideológicas no importan. Los comunicadores siguen bajo amenaza. De 2000 a la fecha, 127 periodistas han perdido la vida de manera cruel.

Qué se puede hacer

Hoy, lo que tienen que hacer los periodistas profesionales, quienes se dedican todos los días a ejercer esta noble pero arriesgada actividad, es mantenerse unidos, solidarios, organizados.

Los periodistas que no callan ante las arbitrariedades de los poderosos deben ser protegidos, blindados, en primera instancia por su propio gremio; eso hará que las autoridades apliquen con mayor rigor los mecanismos de protección para quienes son perseguidos y atemorizados.

La sociedad, por su parte, debe seguir exigiendo una prensa libre e independiente por ser la única forma de conocer la realidad social, de defender y difundir la verdad.

En México deben surgir muchos gremios de periodistas y comunicadores que alienten la libertad de expresión, que generen protocolos de defensa y blindaje para sus compañeros de grandes batallas.

Los periodistas deben dejar atrás sus intereses personales y mezquinos y pensar en el bienestar de los colectivos de la información y la comunicación; sólo de esta forma el periodismo sobrevivirá a los grupos de poder que se sienten heridos de muerte. Si no nos unimos… nos hundimos.

Casos y cosas para reflexionar

  • A José Isidro Santamaría Casanova, dirigente de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) en Quintana Roo, no sólo le “lloverá fuego”, como lo pronosticó el obispo de la prelatura de Cancún, sino algo más que eso.

Por incurrir en el delito de trata de personas en un centro nocturno de su propiedad, el líder obrero fue “entambado” la semana pasada en el Centro de Reinserción Social (Cereso) de Cancún.

Aquí valdría preguntar quién tiene la culpa de que los dirigentes sindicales caigan en ese cochinero, que se enriquezcan a espaldas de sus agremiados y utilicen las cuotas de los trabajadores para dedicarse a actividades ilícitas.

Los obreros son los primeros que deben responder. Si quieren seguir siendo dirigidos por calañas de esa naturaleza, pues sigan votando por ellos. Que con su pan se lo coman.

 

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