Malabares de la vida

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  • Abigail Malo disfruta la expresión corporal y trata de aportar alegría en sus presentaciones callejeras.

 

LAURA CRUZ

 

CHETUMAL, Q. ROO.- Como una forma de expresarse, ser libre y conocer el mundo, Abigail Malo lleva cuatro años de su vida dedicándose a ser malabarista con fuego, técnica que perfecciona en cada presentación que da en los parques y calles que va recorriendo.

 

Originaria de Aguascalientes, ha ido casi por todo el país y una parte de Guatemala, tan sólo por el hecho de disfrutar y no estar atada a nada; considera que las propinas que el público deja, dependen de la fuerza y entusiasmo que le pone a cada una de sus presentaciones.

 

“A mí me gusta mucho la expresión corporal y no encontraba la forma de cómo poderlo sacar, intenté de muchas formas y lo que me gustó mucho fue el movimiento con fuego, y aportar algo más contemporáneo a la vida, un poco de alegría porque pienso que todo está muy pasivo y nosotros tenemos la energía para hacer la vida más bonita”.

 

Sin embargo, no es lo único que hace por las noches, pues el color perfecto que requiere para hacerse brillar y notar es el negro del cielo, que contrasta con el fuego de su aro que utiliza para dar el mejor espectáculo.

 

Durante el día vende productos 100 por ciento naturales que ella misma prepara, pues considera que el mundo requiere ser más orgánico y consumir menos químicos: “me dedico a hacer productos naturales, es lo que hace más falta en la vida actual, creo que ya todo está haciéndose muy artificial y transgénico, yo busco otras formas de expresión y hacer las cosas sin tener que depender del sistema”.

 

La artista callejera, actualmente se encuentra en Bacalar. Por las noches, junto a otros compañeros del colectivo artístico “Los Aluxes”, entretienen a los turistas con música de tambores, ritmos pegajosos que terminan por formar un círculo de personas con ganas de ver el espectáculo.

 

“Nos vamos de aquí para allá y es incierto el tiempo que estemos en un lugar, (la estadía) depende de qué tanto me guste, si me va bien. He estado en Playa del Carmen y Tulum. Bacalar me ha gustado más y por eso estoy aquí”.

 

Abigail no lo hace sola, durante su estadía en Quintana Roo, cada presentación se acompaña de Rubén Padilla, otro malabarista de fuego que desde hace 10 años encontró en los actos circenses una forma pura de expresión y que mantiene a chicos y grandes con gran expectativa de lo que sucederá en cada show.

 

“Me llamó la atención porque lo vi en la tele, el Circo Soleil y dije ‘yo quiero hacerlo’. Una vez que lo empecé a llevar a cabo, comencé mi viaje por todo México”. Rubén dedica cuatro horas diarias de práctica para desarrollar una rutina, en presentaciones que muestra a lo largo de un mes.

 

Él, además se ha presentado en espacios públicos de Puerto Morelos, Cozumel, Cancún, Isla Mujeres y Bacalar. Estos últimos dos sitios son sus favoritos, pues considera que la gente que se detiene a verlo valora más su trabajo.

 

“Realmente no hay un sueldo o una finalidad de dinero, simplemente lo hacemos por amor al arte y por recuperar un poco de dinero para lo que se ocupa, que es el material, vestuario, maquillaje y la aportación es lo que la gente guste dar de colaboración”.

 

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