Mujeres agredidas… foco rojo

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Por: Elmer Ancona

@elmerando

elmerancona@hotmail.com

Decir que siete de cada 10 mujeres son violentadas en Quintana Roo es un asunto de máxima alerta que debe poner a trabajar a todos. No lo dice cualquier persona, lo advierte la directora del Instituto Quintanarroense de la Mujer, Silvia Damián López.

En el hogar es donde las mujeres sufren mayor maltrato, esto significa que son los padres (y hermanos o tíos) quienes agreden a las hijas sin importar la edad y que son los esposos quienes insultan o golpean a sus parejas. Machismo puro.

¿Por qué tanto odio contra la mujer? Por ser un factor cultural, porque lo venimos aprendiendo de generación en generación y no hacemos nada para frenarlo.

Cuántos de nosotros no crecimos con las películas del llamado Siglo de Oro en las que veíamos –sufríamos y hasta reíamos– de las golpizas que le propinaban los grandes artistas a las sumisas mujeres mexicanas de la época. Eran dramas o comedias. Daba lo mismo.

Llenos de celos, alcoholizados, sumidos en sus propias miserias, ensoberbecidos, los actores del cine nacional, en sus películas, nos hacían ver la realidad que tanto hombres como mujeres vivían en los hogares, en las calles, en el trabajo.

Fueron décadas de mucha ignorancia para la sociedad mexicana; toda esa agresión no sólo era permitida sino aplaudida, porque mientras más machos eran los hombres, “más hombres” eran.

Las mujeres también le entraban al juego. Debemos reconocerlo. Muchas de ellas no sólo en los filmes sino en la vida real, solían decir que una buena mujer debía soportar todo con tal de mantener contento a “su hombre”. Era el clásico “pégame, pero no me dejes”.

El magistrado Alejandro Avante Juárez nos vino a recordar esta semana que la violencia de género no es nada nuevo, porque los mexicanos han convivido con ella desde siempre.

La música también ha fomentado violencia de género a través de canciones interpretadas por reconocidos artistas, a quienes se les ha calificado, casi casi, como próceres nacionales.

Se han aclamado letras que dicen: “Se me acabó la fuerza y te solté la rienda”, de José Alfredo Jiménez; “consíguete una pistola, si es que quieres, o cómprate una daga y vuélvete asesino de mujeres”, de Alejandro Fernández.

Y esas por citar algunas, pero no sólo las rancheras o las “románticas” contienen basura musical, basta escuchar narco-corridos, banda, gruperas o reggaetón para saber lo que es odiar a la mujer a su máxima expresión. Y lo seguimos permitiendo.

Esto, definitivamente, es un asunto cultural; nos viene de las películas, de la música, de los bailes, de las herencias milenarias; lo heredamos de generación en generación como si debiera ser algo aplaudible en lugar de censurable.

Los padres tenemos parte de culpa porque vemos que nuestros hijos, día con día, asimilan violencia a través de los videojuegos, de las series televisivas, del “youtuberismo” y simplemente callamos.

 

El factor educativo

¿Por qué tanto odio contra la mujer? Porque en tanto prevalezca la ignorancia en nuestra sociedad, el ausentismo escolar, la falta de aulas, la escasa difusión de literatura, seguiremos viviendo como caníbales.

Una sociedad maleducada o poco educada continuará asimilando falsos patrones que llevarán a los hombres al “machismo” (exaltar o sobredimensionar las características o cualidades del hombre) y a las mujeres al “feminismo” (con la misma navaja de los “ismos”).

La educación y la cultura son dos herramientas extraordinarias para combatir el maltrato contra la mujer; es el antibiótico contra esta gran enfermedad psicosomática de todos los siglos.

Lo que tenemos que hacer como sociedad es, en primera instancia, hacer ver a nuestros pequeños –desde la infancia y la adolescencia– que las mujeres son un baluarte, una fortaleza para la humanidad.

No valen más ni valen menos que el hombre; tanto unos como otros se complementan, se enorgullecen, se dignifican. No hay que confundir. Los dos valen por igual.

Es aquí donde no sólo las autoridades gubernamentales sino todos los sectores de la sociedad (universidades, iglesias, asociaciones intermedias, cámaras empresariales, partidos políticos, cuerpos militares) deben trabajar arduamente para dignificar a la mujer.

Es increíble que de cada 10 mujeres de Quintana Roo, siete sean violentadas de diferentes formas. Pongamos un hasta aquí. Debemos detener esta masacre verbal, corporal y psicoemocional contra ellas.

Los funcionarios de la Secretaría de Gobernación, a través de Radio, Televisión y Cinematografía (RTC), deben ponerse a trabajar en serio.

Además de comer palomitas todos los días para clasificar las películas que se estrenarán en el país, deben dar un rotundo no a los filmes que atenten contra la dignidad humana, contra la mujer.

Lo mismo deben hacer los funcionarios del Instituto Federal de Telecomunicaciones con esos contenidos radiofónicos que no aportan nada a las audiencias en el país.

El gobierno de Quintana Roo debería estar muy preocupado para trabajar de la mano con la sociedad, para frenar de tajo este problema que viene arrastrando tiempo atrás. No basta con hacer diagnósticos. Deben operar mucho mejor.

Si no queremos más mujeres violentadas en el estado, mayor diálogo y participación se debe crear entre gobierno y sociedad. Las autoridades, solas, no van a poder; los ciudadanos, por sí mismos, no van a avanzar. La lucha para proteger a la mujer es de todos.

 

Casos y cosas para comentar…

  • Un excelente viaje realiza el gobernador Carlos Joaquín González por Estados Unidos para promover no sólo las bellezas, sino las bondades de Quintana Roo.

Con las autoridades del Departamento de Estado, touroperadores, aerolíneas y medios de comunicación está abordando temas relevantes como el turismo. Ahí no creo que le vaya mal. Todos adoran las playas del Caribe mexicano.

Donde tendrá que “echarle ganitas” es cuando platique sobre la paz y tranquilidad en la entidad; la capacidad de respuesta para ofrecer seguridad a la comunidad norteamericana que reside o viaja a Quintana Roo.

Para eso lleva su artillería pesada, para que todo salga inmejorable. Ojalá le vaya bien porque así nos irá de maravilla a todos. Hay que desearle suerte.

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