Universidades públicas… botín político

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Por: Elmer Ancona

@elmerando

elmerancona@hotmail.com

Para nadie es desconocido que las universidades públicas se han convertido en un auténtico botín político-electoral de los grupos que luchan desesperadamente para mantener su poder.

Después de cada elección para renovar alcalde o gobernador, por poner un ejemplo, los grupos perdedores se van en desbandada a las diferentes universidades públicas y privadas que “gentilmente” les abren sus puertas para dar clases o coordinar carreras.

Eso de “gentil” es un decir, ya que durante las campañas estas casas de estudio, de manera discrecional, organizan a maestros y alumnos para apoyar al candidato de su preferencia.

Ofrecen su respaldo porque saben que una vez en el poder, recibirán favores de diversa índole del nuevo gobernante, o bien, porque el político ganador “comulga” con la doctrina de la universidad.

Este es un asunto de intereses mayores, ni más ni menos, por eso los candidatos casi siempre corren a las casas de estudio para presentar su plataforma electoral, sus principios e ideas, su programa de gobierno.

Los estudiantes que acuden a los auditorios a escucharlos, por lo general, van obligados por sus propios maestros de Ciencia Política, Derecho o Administración Pública, que les dan puntos extras si ponen “cara de entusiasmo”.

Quienes van de manera voluntaria, por supuesto, es porque realmente tienen una amplia cultura política y democrática y se ven motivados a conocer las agendas de los futuros mandatarios.

Lo peor que le puede pasar a las universidades públicas es poner sus recursos humanos y financieros al servicio de los grupos de poder, porque ponen en alto riesgo su autonomía.

La famosa autonomía significa no sujetar ni someter los conocimientos, la educación, la ciencia, la cultura y la investigación a las condicionantes ideológicas y doctrinales de las élites oligopólicas de la nación.

 

No tan bien como parece

En pocos días, la Universidad de Quintana Roo (Uqroo) tendrá un cambio de mando o de timón; trabajadores, académicos y universitarios votarán para elegir a su nuevo Rector.

Quienes “viven” el día a día al interior de la universidad aseguran que la situación en la Casa de Estudio no va tan bien como parece ni tan excelente como aseguran sus directivos.

Se habla de despilfarro, influyentismo, desequilibrio entre lo académico y lo administrativo; se dice que quien llegará pronto a conducir los destinos de la Uqroo poco o nada tiene que ver con asuntos académicos y de investigación de esta prestigiada universidad ¿Acaso sabrán algo?

Si llega un buen hombre o una buena mujer a ocupar el máximo cargo, excelente; personas con principios y valores siempre serán de utilidad a la nación; no obstante, es insuficiente.

Para dirigir una universidad pública es indispensable haber estado en las entrañas mismas de la institución, conocer su estructura, saber lo que piensan y viven cotidianamente los catedráticos e investigadores.

También es importante haber escrito un libro –por lo menos– en la que el futuro Rector exprese, con argumentos sólidos, su visión de la vida universitaria; lo que acontece en el mundo de la ciencia, las artes, la cultura, la educación.

No basta con tener estudios de licenciatura o de maestría; eso, en nuestros tiempos, los puede obtener cualquiera.

Además, abundan tanto las universidades “patito” y los políticos que publican libros sin haberlos escrito (pagan para que se los hagan), que las realidades cada vez son más engañosas en el mundo de la academia.

Para ser Rector de una prestigiada universidad pública lo primero que se debe tener es un alto sentimiento de solidaridad y sinergia con los estudiantes, con el profesorado, con la Academia.

La educación no es un asunto menor, por el contrario, es de alta prioridad para cualquier nación; de los jóvenes estudiantes de hoy dependerán las generaciones de mañana.

Por otra parte, hay que destacar que cada vez se cree menos en los llamados ranking de la educación que elaboran empresas nacionales o extranjeras. Quienes saben de esto lo tienen muy claro.

Si pagas bien te doy una posición privilegiada en estos sondeos de posicionamiento; de lo contrario, te mando hasta los últimos peldaños. Así de claras son las “invitaciones” que se plantean a las universidades públicas y privadas.

Por lo tanto, como Rector decir que mi universidad está en la posición número 42 o 50 en el ranking nacional e internacional, entre cientos de universidades rankeadas, es garantía de todo y de nada. Puede ser engaño o realidad, lo cierto es que no es la mejor medición que se tiene ahora.

La mejor medición es la que te dan los propios académicos, los estudiantes, los investigadores que “viven” al interior de las casas de estudio; los que generan pensamiento, los que se parten el alma día con día para arrojar luces al mundo.

Tener más áreas administrativas que académicas en una universidad pública indica desequilibrio, desproporción, falta de estima y respeto por la academia y la investigación.

El próximo Rector de la Universidad de Quintana Roo tendrá que ser muy claro y tajante al respecto, debe marcar una posición que lo deje bien parado no sólo ante la comunidad universitaria, sino ante la sociedad.

Los ciudadanos ya están cansados de tener políticos al frente de las casas de estudio. Ya basta que los universitarios sigan siendo carne de cañón y botín político de los grupos de poder. Las universidades merecen más respeto.

 

Casos y cosas para reflexionar

  • ¿Alguien le podría decir al presidente municipal de Chetumal, Otoniel Segovia Martínez, que el Corredor Escultórico de la ciudad está hecha una auténtica… tragedia?

Inadvertido, en el olvido, abandonado e incluso vandalizado es como luce este circuito cultural integrado por 28 piezas escultóricas, creadas por artistas nacionales y extranjeros

No es posible que las principales autoridades de una ciudad minimicen el arte y la cultura, a grado tal que les valga un sorbete el patrimonio de los ciudadanos.

Si quieren que la ciudad tenga más turismo –porque de eso siempre se quejan–, pues inviertan en las cosas que realmente valen la pena, en esas que la gente quiere ver y disfrutar. No en frivolidades.

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