De voluntaria a medallista

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  • La medalla de Morán en velocidad le da esperanzas para un proceso olímpico.

 

 

Por: Claudia Cuevas / Agencia Reforma

GUADALAJARA, JALISCO.-La plata de Paola Morán en Lima 2019 es una medalla que comenzó a construirse desde hace más de 10 años y que ha sido posible gracias al trabajo duro e incansable, tanto de ella como de su equipo.

 

A los 11 años, una tía de Paola vio su potencial en el atletismo y la recomendó con su ahora entrenador Luis Montés León.

 

Tras tres años de entrenar y ser la mejor en competencias nacionales, la atleta fue voluntaria en los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011 y ahí fue donde comenzó a alimentar el sueño de subirse al podio.

 

Cuarenta y ocho meses más tarde, fue parte del relevo 4×400 mexicano en Toronto 2015 y finalmente, cumplió su anhelo de meterse entre las mejores del continente y lo hizo con la marca más baja de su carrera, un 51″02.

 

“Sabía que se podía lograr. Tenía que salir a dar todo, hacer algo que nunca había hecho. Es mi mejor marca hasta el momento. Salí a dar todo, con eso se pudo lograr”, dijo Morán.

 

La plata “me supo a gloria porque era una medalla que no estaba muy segura”.

 

Mientras Paola alcanzaba su sueño en la pista, en la tribuna su entrenador la observaba orgulloso.

 

“Es una emoción grandísima, indescriptible, el estar ahí, los gritos y todo. Había gente que no era de México, que me oyeron gritar a mí y los contagié. Yo estaba emocionado de que estaba ahí y todo y la gente se contagiaba. Fue una emoción muy bonita”, describió Leo a Grupo REFORMA vía telefónica.

 

“Yo afortunadamente, gracias a Dios, pude venir porque los papás de Paola me pagaron los gastos. Ellos me pagaron los gastos y gracias a Dios pude estar aquí. No habría sido lo mismo estar en mi casa y viéndolo por la televisión”, agregó.

 

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