Carbones Políticos

100

 

Autoridad débil…ciudadanía poderosa

 

Por Elmer Ancona

Cuando los gobiernos son débiles, grises, tibios, mediocres, apáticos, opacos, aburridos y flojos –que, por cierto, abundan-, a los ciudadanos no les queda más que entrar en acción para despertarlos de su dulce sueño o de su trágica pesadilla.

Y no es ficción lo que se plantea: cada tres o seis años llegan al poder “servidores públicos” o “funcionarios” que ni sirven ni funcionan. Así de triste el panorama político en este país.

Basta ver cómo se le pasan en sus cubículos sin recorrer las calles y palpar las necesidades de la gente; basta corroborar cómo se van de viaje a otros estados, a diversos países en “plan de trabajo” sin traer resultado alguno para los gobernados. Improductividad pura.

La gran ventaja de un gobierno débil es que, tarde o temprano, fortalece la personalidad de una sociedad golpeada. Termina empoderándola. Los ciudadanos se cansan de no tener resultados de sus gobernantes.

Los políticos creen que le pueden ver la cara de tonto a los votantes, engañarlos con facilidad, mentirles insistentemente, pero no es así. Hoy, afortunadamente, tenemos una ciudadanía más consciente, más politizada, más participativa, producto del hartazgo.

En nuestros tiempos, afortunadamente, miles de personas integrantes de la Sociedad Civil, marchan por calles y avenidas para exigir a sus representantes (presidentes municipales, gobernadores, diputados y senadores, al mismísimo Presidente de la República) hacer un mejor gobierno.

Ya no son tiempos de sumisiones, ya los jóvenes, los hombres y las mujeres de este país, familias completas, toman las plazas para demandar más seguridad, mayor prosperidad. Menos mentiras y más trabajo.

Y lo que tanto esperamos, poco a poco han ganado espacios en las cámaras legislativas, en los cabildos –demasiado reacios, por cierto-, desde donde podrán exigir que sean tomadas en cuenta sus voces, sus propuestas.

Benito Juárez e Isla Mujeres

El caso del municipio de Benito Juárez es sintomático. Después de una larga espera –más de un año-, el Cabildo palomeó la presencia ciudadana en su recinto, en su santuario.

Quizá los regidores de esta administración, y de las anteriores, no querían verse invadidos con la presencia de ciudadanos en sus espacios de saber, en el terreno donde se toman las “grandes decisiones” para el pueblo.

Pero ni modo, aunque fueron atrasando el Reglamento de Participación Ciudadana se corroboró el viejo adagio de que no hay tiempo que no se cumpla en esta vida; tuvieron que abrir el corazón político del Ayuntamiento a la presencia de la “chusma” (perdón, del pueblo).

¡Cómo los regidores vamos a compartir nuestro tiempo y nuestro espacio con gente que no es “de los nuestros”! ¿Cómo vamos a compartir nuestras sillas de poder con los seres terrenales!

Tuvieron que ceder. A la Señora Alcaldesa y a los regidores no les quedó de otra. Pero viéndolo bien, no es tan feo el asunto. Convivir en todas las sesiones de Cabildo con los ciudadanos de a pie, les enseñará a comprender que todos somos de carne y hueso.

Los regidores de Benito Juárez e Isla Mujeres aprenderán a disfrutar el valor de la democracia, a escuchar de cerca, de viva voz, el sentir de las masas, de la comunidad.

Lo aplaudible es que los propios regidores comentaron que con los instrumentos que se ofrecen a través del Reglamento de Participación Ciudadana, se podrá eliminar la apatía y desconfianza hacia el gobierno.

Están en lo cierto. Si las autoridades de una ciudad invitan a la gente a coparticipar en las acciones de gobierno, podrán lograr que los ciudadanos sientan una administración “próxima” a sus necesidades.

Si a eso se le suma la máxima de “vox populi, vox Dei”, pues los gobernantes gozarán de la oportunidad de continuar en el cargo o de perfilarse a puestos superiores. Con el pueblo a su lado, tienen todo.

La toma de decisiones en un gobierno debe ser compartida, de esta forma los triunfos y fracasos serán de todos y para todos; no podrá haber alguien que diga que no se le tomó en cuenta en los asuntos prioritarios de la ciudad.

Los cancunenses y los isleños deben aprovechar la ocasión para estar en todas las sesiones que puedan, hacer oír su voz, llevar propuestas concretas en beneficio de la sociedad.

Es una oportunidad de oro porque tener una participación ciudadana en los cabildos ha sido lucha de muchos años, batallas cruentas que arrojaron sudor y lágrimas a las organizaciones de la sociedad civil que empujaron la Ley.

No hay que dejar todo el poder en manos de los políticos porque, en muchas de las ocasiones, no saben qué hacer con él, ignoran cómo administrar los bienes públicos, por lo tanto, son los ciudadanos los que deben entrar al quite para dar luz y rumbo a los gobiernos.

 

Casos y cosas para reflexionar

  • Tremenda tarea la que tiene el Instituto Quintanarroense de la Mujer (IQM) para atender a quienes llegan para ser orientadas ante el maltrato que sufren por parte de los hombres.

Y por hombres, entiéndase, son los padres, hermanos, tíos, esposos e hijos con los que conviven; por lo general es en el propio hogar donde las mujeres sufren mayor agresión y violencia.

Si acuden a diario entre 30 y 40 mujeres al IQM para ser atendidas, significa que el problema es gravísimo y se deben generar políticas públicas más drásticas, radicales y urgentes, a favor de ellas.

Lo interesante es que las mujeres ya están denunciando, no se quedan calladas. Eso habla bien de ellas. Es tiempo de que todos trabajemos a diario, bien coordinados, para detener esta ola de ataques; de lo contrario, México seguirá siendo un país de abusadores.

 

  • Y hablando de mujeres, qué bueno que se estén denunciando los abusos que presuntamente cometió Plácido Domingo contra ocho cantantes y una bailarina.

 

  • Lamentable, porque el tenor español-mexicano (o al revés) goza de prestigio internacional no sólo por su voz y amplia cultura, sino por su altruismo y filantropía, por amante de las causas más nobles.

 

  • Lo sentimos pero nadie debe salvarse de haber violentado la vida de alguna mujer. La justicia tiene que ser pajera. Aquí nada de “amor y paz” y perdonemos a quienes hacen daño.

 

  • Ojalá que Plácido Domingo aclare públicamente todas las dudas en este caso, por su propio bien y el de la cultura nacional. Tenemos pocos artistas de renombre como para sacarlos del escenario internacional. Pero primero lo primero: la justicia.

 

@elmerando

elmerancona@hotmail.com