(VIDEO) Espera justicia a sus 98 años

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  • María Aurelia Nelda Fuentes y Lara encabeza una lucha legal para recuperar sus bienes que le fueron arrebatados con “dolo” por su hija Norma Azalia Anguas.

 

MARCO ANTONIO BARRERA

CANCÚN, Q. ROO.- María Aurelia Nelda tiene 98 años de edad y espera justicia. Su caminar es lento pero lleva prisa por ganar una batalla legal para recuperar sus bienes materiales que le fueron despojados. La ofensa más grande, la que más le atormenta, es enfrentarse a su hija, a la que acusa y de la cual reniega.

Doña Nelda es originaria de Yucatán, donde nació el 25 de marzo de 1921. Ahí cursó la primaria. Sin más estudios aprendió a ganarse la vida: Pintó cabello a domicilio, preparó alimentos y vendió productos. Cuando llegó a Quintana Roo se estableció en Isla Mujeres, después en Chetumal y por último en éste destino donde vive hace más de tres décadas.

Su esposo fue Raúl Anguas Rivero, primer inspector federal de educación en Quintana Roo y primer síndico municipal del municipio Benito Juárez. Tuvo la oportunidad de conocer a la clase política de Cancún, de Quintana Roo y de Yucatán. Incluso, a presidentes de la República que llegaron de visita la entidad.

Fuentes y Lara fue fotógrafa autodidacta, cuando tomó una cámara se sintió cómoda, “me quedaban bien las fotos”, recuerda. Se ganó la vida retratando a funcionarios públicos y a políticos. Fue la primera mujer que lo hizo en Cancún y de ahí obtuvo sustento económico que le permitió tener ahorros, hacerse de sus bienes, principalmente inmuebles, alguno que otro vehículo y otras cosas más. Recuerda que nunca puso precio a su trabajo.

En septiembre de 2014, formalizó su testamento y expresó el destino que tendrían sus bienes.  “Mi voluntad es que hasta que yo muera, sean transmitidos mis bienes conforme a la voluntad expresada en dicho testamento, pero jamás en vida, porque por ellos luché y trabajé y de ellos me sostengo. Hasta que yo fallezca serán de mis descendientes, que recibirán partes iguales”. Lo dejó por escrito, que sus hijos Norma y Raúl serían herederos.

Doña Nelda enfermó y terminó en un hospital. Salvó la vida y entre discrepancias familiares vivió con su hija. En su convalecencia cambiaron las cosas, Norma Azalia se asumió como albacea y después poseedora legal de los bienes.

Ante la Fiscalía General del Estado interpuso la averiguación FGE/QR/BJ/05/7233/2018 “…mi hija me suministraba pastillas para dormir, sin receta médica y me condujo a suscribir contratos”. La afectada demandó la revocación del documento dado a su hija, incluso apuntó que lo hacía  “por ingratitud”. El expediente del caso acumula 343 fojas de seis denuncias, por fraude, abuso de confianza, violencia intrafamiliar  y lo que resulte.

La disputa se ventila en tribunales, aun sigue. La adulta mayor ha llevado la peor parte. En las denuncias se documentan agresiones físicas, insultos, encierros y amenazas que  afectaron su salud y pusieron en riesgo su integridad física. La víctima aseguró que tuvo miedo que se atentara contra su vida.

Doña Nelda logró recuperar algunos de sus bienes aunque en el camino padeció deslealtad de abogados, enfrentamiento de sus hijos y nuevamente violencia intrafamiliar. El año pasado, por ejemplo, el enfrentamiento escaló y recibió dos órdenes de protección con vigilancia policíaca en su casa.

En los documentos sostiene que se aprovechó su condición médica endeble, en la que estuvo siempre sedada, para sacar ventaja y obtener bienes de manera presuntamente fraudulenta. Así, se le despojó “por donación” de una casa en la colonia Galaxias del Sol, la cual logró recuperar hace unas semanas. Lo mismo ocurrió con un vehículo cuya propiedad le fue arrebatada y se demostró ante un Juez. Al final, hubo acuerdo reparatorio y le fue devuelto. En la actualidad intenta recuperar una cuartería, por la Región 100.

Doña Nelda habita un pequeño apartamento de una propiedad extensa que en algún momento fue toda suya. Para ella el espacio se hizo cada vez más pequeño. Vive sin muebles, en condiciones precarias, con una figura religiosa fracturada que yace recostada en el piso. Muestra al reportero que algunas puertas fueron clausuradas con paredes o herrería para impedirle el paso a su casa. A cada momento responsabiliza a su hija.

Del otro lado de la reja que la protege pero también la arrincona le lanzan huevos y recibe agresiones. No es su hija quien la agrede pero si alguien a quien dejó. Doña Nelda pasa gran parte del día revisando documentos, vive perturbada, su calvario comienza y termina revisando sus documentos cada día. Busca y espera ayuda todavía sin encontrarla para que a su vida llegue la justicia, a sus 98 años de edad.