(VIDEO) Discriminación laboral… por ser indígena

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Elmer Ancona

@elmerando elmerancona@hotmail.com

Aunque parezca increíble, es cierto. En pleno siglo 21, muchos comercios, empresas o industrias en este país azotan las puertas en las narices a miles de hombres y mujeres por la simple condición de ser indígenas.

Para los dueños, directivos o gerentes de estos negocios, el color de la piel, el lugar de nacimiento, la estatura, la forma de vestir o de hablar, las tradiciones y culturas sí importan. Los que vengan de una etnia ni tomarlos en cuenta.

Consideran que no son dignos de traspasar su recinto laboral, mucho menos de darles oportunidad y cobijo; han de pensar que son unos tontos, ignorantes, miserables, incapaces de hacer algo por sus empresas.

Si llegan de alguna comunidad, si son originarios de un pueblo circunvecino, si huelen a tierra mojada, si dan la apariencia de haber vivido en chozas, deben ser automáticamente vetados.

Lo que importa, a fin de cuentas, es la apariencia, la elegancia, las formas sublimes, la idea o creencia de pertenecer a una casta divina, a una élite, a una burbuja de poder. Eso es lo que trasciende para ellos.

Por eso, las áreas de Recursos Humanos (RRHH suena más “nice”) tienen la consigna de no dejar pasar a quien no tenga cierta fisonomía, determinado porte. “Como te ven, te tratan” decían los abuelos.

Por eso es importante que no te vean como “indito”, que no hables como “naquito”, que te vean muy “citadino”, que te compres una vestimenta lo más refinada posible para que caigas bien.

Si pareces de la Cuarta Transformación, de la “4T”, mejor ni te aparezcas en nuestros negocios porque, la verdad, aquí no se aceptan “chairos”, aquí no se admiten indios malolientes. “Tu perfil no es para nosotros”. Aunque no lo dicen de esta forma, lo piensan.

“¡Qué se creen estas personas para pedir trabajo en nuestras empresas! ¡Aquí no se contratan indios! ¡Ya parece que vamos a permitir que dejen sus pulgas en nuestros escritorios!”. Así son las historias que se escuchan.

Son las constantes declaraciones de las y los titulares de las fastuosas áreas de RRHH en decenas de oficinas de gobierno, en la iniciativa privada. Apariencias, apariencias, apariencias. Viven de eso. Cierran sus puertas a nuestros queridos indígenas.

 

Las cifras no mienten

Y de que persiste la exclusión laboral por etnia y la discriminación hacia personas de origen maya no lo digo yo, lo asegura Delta Moo Arriaga, directora para el Desarrollo del Pueblo Maya y las Comunidades Indígenas (Inmaya).

Advierte que, de cada 10 profesionistas de origen maya, al menos dos todavía sufren discriminación en la búsqueda de empleo.

Ya tenemos algo de ganancia porque hasta el año pasado eran cuatro de cada 10. No hablemos de años atrás o de la situación en otros estados porque nos iríamos de cabeza.

Lo más preocupante es cuando la funcionaria pública se refiere a esas “conductas de desprecio” que prevalecen, incluso, durante el desempeño de su actividad profesional.

Abundan los prejuicios en torno a la complexión física, capacidades intelectuales, creencias religiosas y la condición social, que son las causas o detonantes de las conductas que expresan los directores o gerentes de las empresas en México.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Discriminación (Enadis) 2018, cada año egresan, en promedio, cinco mil alumnos de origen maya de los centros de educación superior en Quintana Roo.

Esto significa que tan sólo en el estado, cada año, 200 profesionistas serán rechazados al ir a buscar trabajo, tanto en los gobiernos como en la iniciativa privada, sólo por su origen.

La mayor incidencia de casos de discriminación se da en la zona norte, en el sector terciario, de acuerdo con información del Inmaya; por lo tanto, las autoridades gubernamentales están obligadas a ir a las empresas de esta zona para generar conciencia en materia laboral.

O para sancionarlas si el caso lo amerita. Ninguna empresa o negocio puede maltratar, herir, lastimar, denigrar la dignidad de los jóvenes profesionistas sólo por provenir de una etnia, por pertenecer a una comunidad originaria.

Ahí las autoridades laborales deben ir con todo para frenar estos abusos, esta discriminación hacia nuestros queridos indígenas.

En el caso de los gobiernos municipales, es la Comisión Estatal de Derechos Humanos la que debe poner freno a los abusos generados por los servidores públicos que actúan con prepotencia ante ellos.

Si bien la directora del Inmaya admite que el sentimiento de discriminación o superioridad ha disminuido gradualmente a través de acciones que promueven la pluralidad, en la actualidad prevalece el agravio a la ciudadanía de origen maya.

Y lo más importante que dijo Delta Moo: se está creando conciencia entre los jóvenes indígenas en torno a su valor personal y capacidades, para que entiendan que valen mucho, que pueden hacer cosas interesantes por las empresas a las cuales se integren.

Como se puede observar, hay mucho que trabajar para terminar con la ola de discriminación, con el clasismo y el racismo que prevalece, hoy en día, en nuestra sociedad.

 

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