Peligra biodiversidad por venta ilegal

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*El comercio ilícito de vida silvestre incrementa al implicar menores riesgos que el tráfico de drogas.

 

TONATIÚH RUBÍN

El tráfico de especies es un crimen tan lucrativo que crece casi tres veces más rápido que la economía mundial, advierte el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

Cada año, esta actividad ilícita genera ganancias de hasta 258 mil millones de dólares, por lo que es el cuarto negocio ilícito más rentable, detrás del tráfico de drogas, de personas y la falsificación, según cifras de la ONU.

“Vemos grupos que se dedican exclusivamente al tráfico de especies porque es muy redituable e implica muchos menores riesgos en términos legales que, por ejemplo, el tráfico de armas o drogas” , sostiene Adrián Reuter, coordinador del rubro para América Latina y el Caribe de la Sociedad de Conservación de Vida Silvestre (WCS, por sus siglas en inglés).

“Para el crimen organizado, la idea es obtener la mayor cantidad de beneficios mediante la actividad ilegal y, si estos se obtienen mediante la vida silvestre, va a ser una actividad de su interés”.

El comercio ilegal de flora y fauna creció 4.4 por ciento del 2016 al 2017, de acuerdo con los datos más recientes de la Organización Mundial de Aduanas (OMA). Las incautaciones reportadas por este organismo pasaron de 2 mil 112 casos a 2 mil 205.

Los crímenes contra el medio ambiente, incluido el tráfico de especie, van en aumento debido a la baja tasa de detenciones, considera la OMA.

En el planeta, 94 de 131 países ni siquiera lo consideran como un crimen serio, informa la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés). “Los marcos legales no sancionan con la misma severidad los delitos ambientales en general.

Por lo tanto, las herramientas que normalmente utilizan las autoridades para combatir otros delitos, como podrían ser el narcotráfico o el tráfico de personas, muchas veces no se aplican. Un ejemplo es (…) intervenir teléfonos, que no en todos los países se permitiría para casos de delitos ambientales” , cuenta Reuter.

En México, por ejemplo, si bien la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) ha decomisado más de 2 mil ejemplares de fauna y más de mil 700 de flora en los últimos tres años, sólo ha remitido a 59 personas al Ministerio Público.

A decir de Reuter, se requiere capacitar a fiscales y jueces sobre legislación ambiental para que consigan armar casos sólidos y puedan castigar a los criminales con severidad. “Nos falta muchísima educación a todos en América Latina sobre la importancia de los ecosistemas, de las especies y de la biodiversidad.

Si empiezan a disminuir las poblaciones de monos, murciélagos o aves por el tráfico ilegal, se está impactando el ecosistema porque ya no va a haber dispersión de semillas ni de polen, que es fundamental para la permanencia del ecosistema” , ejemplifica.