La vía armada o la vía electoral

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Salvador Ramos Bustamante

Son las dos únicas vías para acceder al poder. La primera ha sido desechada por varias razones, entre otras por los avances tecnológicos de los países dominantes, las luchas históricas en todo el mundo han obligado a los Estados a establecer mecanismos electorales de mayor apertura, siendo posible ganar el gobierno y los parlamentos con el apoyo popular; fueron los casos de muchos países en el mundo, México lo consiguió después de múltiples fraudes electorales y de maniobras de todo tipo para impedirlo.

Ganamos con AMLO en una amplia alianza electoral, con figuras de todos los colores ideológicos y partidistas; paradójicamente, esta pluralidad en el gobierno forma parte de los obstáculos para avanzar en los propósitos de transformación del presidente y crea una nube de dudas de quienes pensábamos en desarticular todo un sistema de corrupción y opresión a la sociedad.

Se llegó al poder político, pero el poder de quienes lo detentaron, económico y político, sigue ahí, acechando y esperando la oportunidad de retomarlo.

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ALTERNATIVA POLITICA ELECTORAL

La necesidad es promover la participación del pueblo en la toma de decisiones en todos aquellos temas que tienen relación con la vida, salud, educación, vivienda, empleo digno, cultura y recreación, en esta etapa de nuestra historia, donde las contradicciones y la esperanza de un cambio radical o gradual, orientado a lograr incidir en la vida individual y colectiva, con planteamientos posibles de alcanzar, sin perder la utopía, de transformaciones profundas, que terminen con la explotación del hombre por el hombre.

Ello nos lleva a explorar nuestra realidad para entender que independientemente de la pluralidad de la sociedad y de las diversas interpretaciones, el pueblo debe participar organizándose, preparándose para asumir la conducción política y realizar los anhelos de nuestra independencia, reforma y revolución.

Decía el compañero presidente Salvador Allende, “La revolución pasa por el pueblo”. Imposible pensar en cambios profundos sin la participación activa del pueblo, de ahí la necesidad de analizar la coyuntura histórica de México y del mundo definiendo cómo nos organizamos y participamos desde nuestras circunstancias para contribuir a esta transformación.

En la vida no hay neutrales, las ideas, los principios, la influencia de los pensadores de izquierda y derecha se refleja en la manera de pensar y actuar. Las clases dominantes han influido a través de los medios de comunicación masiva, del diseño educativo, de las religiones, imponiendo su visión de la vida y del mundo; en contrapartida, pensadores progresistas de todos los tiempos han explorado otras formas de convivencia con los seres humanos, con la naturaleza, en la batalla de las ideas idealismos contra materialismo, batalla en los sistemas de producción y en la distribución del producto, igualdad contra concentración de la riqueza, bienestar de una minoría contra la pobreza de la inmensa mayoría, condiciones agradables para unos cuantos y condiciones de sobrevivencia para los demás.

La lucha social y política de la sociedad está estrechamente ligada a las condiciones materiales, a la satisfacción de las necesidades fundamentales, a enriquecer las condiciones de la humanidad, de ahí que la participación política no es, no puede ser de unos cuantos, todos debemos realizar las tareas que nos corresponda, por eso la necesidad de estar informados, de elevar los niveles de educación y formación de los valores morales y de la ética, de asumirnos de acuerdo a la clase social a la que pertenezcamos, explotados o explotadores.

Dónde, cómo, con quién participamos dentro de las opciones partidarias, cómo influimos en el diseño de estructuras que respondan a nuestras expectativas. No más neutrales. No más pasivos. No más espectadores. Necesitamos participar en la construcción de una nueva sociedad.

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