Experto en buceo toma una decisión que salva su vida

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  • Esteban Soto Zermeño y sus amigos, buceando en el Mar Caribe.

 

CANCÚN, Q. ROO.- El pasado lunes, Esteban Soto Zermeño se encontraba realizando buceo en el Mar Caribe a lado de dos de sus mejores amigos, todos ellos buzos profesionales.

En su historial tiene más de 7 mil inmersiones: “Empecé a bucear desde los 14 años y ahorita tengo 43”.

Pese a su experiencia, se ha visto en situaciones de peligro en incontables ocasiones. “Me di cuenta de que estábamos en una situación de vida o muerte. Éramos tres personas, íbamos con un guía que es el que más conoce el lugar, yo si había entrado a bucear pero en barco. Ahora cambió la situación”.

Ya les habían dicho que había una fuerte corriente; entonces se sumergieron los tres y en cuanto entraron se situaron en la punta de la escollera del lado izquierdo.

Iba su amigo Roque a un lado y después el guía, se comenzaron a ir pero, de repente, volteó y vio que el guía estaba de regreso patalendo fuerte.

“No sé por qué, pero en el lugar donde yo estaba no me había agarrado la corriente. Los veo pasar a unos diez metros y noto como Roque trata de ir tras el guía; se me hizo raro que se estuvieran yendo tan rápido. Descarté que fuera por un tiburón o algo parecido”.

 

Y narra, literal, su odisea…

 

De repente me agarra la corriente y empiezo a querer nadar hacia ellos, tratando de hacer lo mismo y no puedo…y no puedo.

Trato de bajar y empiezo a avanzar un poco, salgo y me toma una corriente muy fuerte, de repente veo la boya del guía pasar de lado izquierdo.

Después vi una máscara que estaba tirada en el fondo y se veía que era muy buena; todos los equipos de buceo son muy caros. Nosotros traíamos plomos, ya que eso te hace bajar más fácil.

Había tanta corriente que, bueno, yo vi la máscara y trate de ir a recuperarla y no pude, me quedé como a un brazo de poder alcanzarla.

La corriente me alcanzó y ya no tuve fuerzas para poder llegar, ni aire, entonces tuve que subir; le hablé a mi amigo Roque, ya que ellos traían aletas más largas que las mías, entonces era más fácil, pero a mi amigo ya se lo estaba llevando la corriente, ya me había pasado y la boya roja iba todavía más lejos.

Cuando volví a voltear, la máscara estaba como a diez metros, “olvídalo que iba a llegar a ella”, y entonces traté de regresar pero ya me había cansado, había perdido mi boya, una ola me zafó de ella.

Cuando sientes que te lleva la corriente, los pensamientos en tu cabeza están así, bien gruesos, lo primero que piensas es “me voy a morir”. Yo he estado un buen de veces en esa situación por el buceo y otros deportes extremos.

 

La primera regla

 

Ahí entra la experiencia de practicar este tipo de deportes y estar tranquilo. La primera regla que a me enseñaron es “no te paniques”; pensar, porque si no te puedes morir, déjate llevar.

Mi amigo al que también se lo llevo la corriente me pregunta que dónde está Juan -que era nuestro guía- y le digo: “esta por acá” porque su boya se veía, era una roja y traía una línea larga. La boya no estaba muy lejos de mí.

Yo empecé a nadar sobre su boya y la agarré, empecé a jalar el hilo y dije: “ahorita sale porque trae su boya”. Entonces empiezo a jalar el hilo. Juan no estaba.

Son cosas que te llegan en la cabeza y dices “ahora solo somos Roque y yo”. Ya no vuelvo a ver a Juan, te preguntas: “se ahogó, se pegó con una piedra, lo atacó un tiburón”. Ese lugar está lleno de tiburones, pero el tiburón no ataca.

Mi mente decía: “Se nos ahogó el guía”. De repente en mi cabeza empezaba a pensar en un “Plan B” pero nos llevaba la corriente. Si seguimos intentando salir de ese lado nos vamos a morir, vamos a dejar que nos lleve y vamos a dejar que fluya nadando con ella.

Esa corriente nos dejó irnos hacia un lado después de un rato, ya después nos permitió meternos hacia el rompeolas del hotel Camino Real; un rompeolas son pedazos de concreto enormes que están y la ola revienta ahí.

Más allá estaba el faro, entonces lo que pensé fue como en esa escollera a la que te saca la corriente. Y gracias al Señor nos dejó meternos otra vez, aunque fuera frente al rompeolas.

No sé quién me gritaba desde el hotel. Vi que era nuestro guía que pudo salir y nos empezó a gritar que nos fuéramos más hacia la derecha, me decía que pasáramos el faro y entre mí dije: No.

“Si nos metemos a la punta del faro puede ser que encontremos otra corriente, y si la encontramos ya no vamos a regresar”.

 

Estábamos cansados

 

Ya estábamos cansados, entonces la decisión fue salir desde el rompeolas porque “ni modo de morirnos ahogados”. Siempre tienes tiempo de sobrevivencia y hay que aprovecharlo; aparte, piensas en todas las reglas de sobrevivencia y lo que se tiene que hacer.

Lo primero es no paniquearse y tomar rápido la decisión. Me quedo pegado ahí como iguana y no sé cómo le hago pero yo salgo y mi compadre también. Le dije: “tenemos que salir”.

Juan nos empezó a decir por dónde. Yo me aventé primero, las piedras de ahí están súper puntiagudas, lo bueno es que yo tenía mi wetsuit completo; traía mis botas, mis aletas, no tenía guantes, pero el wetsuit me salvo de los raspones. Sí me revolcó y no me pasó nada por el traje.

Llegó un momento en el que me estaba costando trabajo, ya casi iba a llegar a la salida; había una piedra. Me llega una ola, pero si yo me quedaba ahí me iba a reventar contra la piedra.

 

Me tuve que aventar así, de buen aventurero, o sea, que me pegara la ola que me iba a reventar para que por lo menos no me impactara contra la piedra y eso hice, ahí me corté porque las piedras están bien filosas. Rasgaron mi wetsuit y mi traje de baño.

Logré salir, ahí estaba el guía, quien ya había hablado con la seguridad del hotel porque no podíamos salir por ser privado. Después de mí salió mi amigo Roque.

Fue una experiencia demasiado fuerte, te hace ver que tu vida pende de un hilo. Si hubiera sido un inexperto y hubiera querido regresar por ahí mismo, me hubiera desesperado y asustado.

Hubiera tratado de salir, pero cuando llega el cansancio te ahogas y finalmente mueres. Ahí en esa punta se han ahogado muchas personas.

Mi recomendación es que hay que tenerle mucho respeto a ese lugar, y debería de haber un letrero hasta la punta de esa escollera que diga: “Prohibido meterse aquí, riesgo de muerte por corriente fuerte”. Hay que tenerle respeto al mar, no hay más.

 

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