(VIDEO) Donde el tiempo detiene su conteo

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  • En este lugar, los niños y niñas pasan la tarde para divertirse y aprender.

 

 

Por: LAURA CRUZ

FELIPE CARRILLO PUERTO, Q. ROO.- Al interior del Museo de la Guerra de Castas, en la comunidad de Tihosuco, no sólo se resguarda la historia, sino que también se imparten cursos y talleres diariamente para los niños y niñas que residen alrededor.

 

Al concluir sus clases, los pequeños acuden a este espacio para jugar. Sin duda, este es un panorama contrastante a como sucede en las grandes ciudades, pues aquí, además de realizar sus tareas, corren por el jardín botánico Seferino Tun y se pierden en el tiempo para desplegar su imaginación y su creatividad.

 

Antonia Poot Tuz, guía cultural, explicó que casi todos los días les dice a los estudiantes que es hora de cerrar y que deben irse a su casa. La mayoría de ellos prefiere pasar sus tardes en actividades recreativas y los padres tienen la certeza que todos los días estarán en el interior del museo.

 

“Este es un lugar en donde nosotros estamos trabajando la cultura, buscamos que los niños y nuestros jóvenes no olviden este conocimiento, como vienen siendo los juguetes tradicionales, porque nuestros abuelos buscaban la manera de hacer sus juguetes y entretenerse”.

Los niños y niñas disfrutan, por igual, del karet che´, que es un juguete hecho de madera. Consiste en una carretilla con cuatro llantas que se jala de un lazo, el cual simula un carrito. Los niños prefieren subir al ok che´, juguete traducido a unos zancos, igual de madera.

 

También suelen divertirse con juguetes que simplemente no tienen una traducción al español, pero que en lengua maya significa “la máxima diversión de su tiempo”. Entre ellos está el tul ak´, tul che´, toj ch´in (tirahule) o el ustaj neek.

 

Cuando se cansan, pasan a las mesas para aprender sobre las técnicas del algodón, pintan sobre papel o inventan cualquier cosa. El aburrimiento entre estas comunidades no se conoce, a pesar de que no cuentan con plazas o equipos tecnológicos, algo muy común en las metrópolis.

 

Lo juegos tradicionales han contribuido al desarrollo físico, social y cognitivo de los niños y niñas en las comunidades. Además, a través de ellos, se conservan los usos y costumbres de una cultura que se niega a desaparecer y que juega una batalla limpia con la tecnología.

 

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