Rudeza innecesaria… feminazis contra conservadores

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@elmerando / elmerancona@hotmail.com

 

Elmer Ancona 

El término “feminazi” es de lo más peyorativo que puede encontrarse en los medios de comunicación cuando se hace referencia a aquellas mujeres de mucho carácter -violentas, dirían algunos- que, con tal de defender sus principios, ideología o doctrina, provocan daño a su paso.

Puede ser por el deterioro al patrimonio nacional al momento de estar protestando, por la agresión a las personas que las observan y a los periodistas que dan cobertura informativa del suceso. En fin, por el daño generalizado.

Se señala a las mujeres que durante su recorrido pintarrajean paredes o rompen vitrinas de comercios, que manchan monumentos históricos, que agreden a los policías que van custodiando la marcha. No se ponen límites.

Las consignas verbales y escritas de las mal llamadas “feminazis”, son un tanto altisonantes, hiere los oídos de quienes no comulgan con sus postulados. Provocan miedo.

Estas mujeres argumentan que después de tantas manifestaciones y de estar demandando, año con año, día con día, la defensa y protección de sus congéneres, el Estado Mexicano no les hace caso.

Por eso se ven en la necesidad de elevar los niveles de adrenalina durante sus manifestaciones, para ser escuchadas, para ser atendidas. Ante tanta sordera gubernamental, voces más recias.

Eso lo expresaron cuando salieron a las calles de la Ciudad de México para protestar por la violación y asesinato que provocó un grupo de policías en activo contra una menor de edad.

La rabia, el coraje las inundó. El Ángel de la Independencia quedó como arte contemporáneo: de mil colores. A decir de esas mujeres, era necesario provocar ruido para que las voltearan a ver.

En esa y en otras manifestaciones no dejaron integrar a un solo hombre; las calles las hicieron suyas, determinando que estas protestas, a partir de ahora, serán exclusivas de mujeres por ser las más violentadas.

Si con una sola palabra se tuviese que definir lo que más expresa el rostro y el alma de esas mujeres, a través de sus palabras y emociones, es profunda rabia, y con este coraje que las embarga son capaces de lo peor.

Las mal llamadas “feminazis”, efectivamente, han llevado sus manifestaciones hasta el extremo, hasta la locura.

¿Cuándo se les había visto arrancar las señalizaciones de tránsito, sus pesadas bases, para convertirlas en poderosas armas rompe vidrios?

¿Cuándo, en aras de la libertad de expresión, comenzaron a atacar físicamente a hombres y mujeres periodistas, cuya tarea es precisamente garantizar ese derecho, esa libertad?

Quizá cuando comenzaron a matar a más mujeres en todo el país; probablemente cuando los feminicidios se dispararon como nunca antes, incluso durante esta administración que se ha proclamado como inclusiva e incluyente.

 

La Marea Verde

 

Otro grupo de mujeres – ¿O serán las mismas? ¿Estarán entrelazadas? – tomaron las calles en 22 estados de la República para exigir la legalización del aborto, para demandar la interrupción legal del embarazo hasta la semana doce.

Con gritos, música, batucada, bailes y pancartas, diversas organizaciones feministas pidieron a gritos la despenalización del aborto. Y una vez más, el daño al patrimonio, la agresión a la gente no se hizo esperar.

Contingentes de Tabasco, Estado de México, Ciudad de México, Veracruz, Chihuahua, Jalisco, Colima, Oaxaca, Zacatecas, Coahuila, Durango, Hidalgo, Nuevo León y Quintana Roo se organizaron como nunca.

Ni duda cabe que si algo tienen es organización y estrategia, no son grupos de mujeres improvisadas que de última hora decidieron salir a las calles para expresar su punto de vista sobre un tema sin importancia.

Para nada. Desde hace por lo menos una década – a excepción de Marea Verde que es de reciente creación- estas mujeres han delineado todo un plan para luchar por la soberanía de sus cuerpos.

Y precisamente por esos cuerpos -sus cuerpos- es que quieren decidir sobre el cuerpo que llevan dentro. Argumentan que el producto que engendraron es un simple embrión, no un ser vivo.

Para bien o para mal, se esté o no se esté de acuerdo con ellas, tienen el derecho de expresar lo que más les convenga. Por supuesto, de eso a que los poderes públicos coincidan con ellas, hay una brecha gigantesca.

La polémica aquí, una vez más, son los métodos y las formas que utilizan para expresar sus sentimientos, para posicionar su pensamiento, para plantear sus demandas.

Al igual que en manifestaciones de otra naturaleza -contra los feminicidios, por ejemplo-, estas mujeres, pocas o muchas, salieron con demasiado encono para defender su ideología.

A su paso volvieron a agredir a lo que ellas llaman la “prensa capitalista” que atenta contra la curiosamente llamada “cuarta ola del feminismo”, que en los hechos se refiere a la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE).

Hasta hicieron un alto en los templos católicos para pintarrajear los muros, para lanzar bengalas. “Fuera Iglesia y Estado de nuestro cuerpo”, se podía escuchar a las puertas de las iglesias. Aborto sí, Iglesia no.

 

Y los conservadores…

 

Aquí es donde entra la llamada de alerta para los grupos feministas, especialmente para las mal llamadas “feminazis”, que están dejando atrás la prudencia, la sensatez, la cordura, para tocar el extremo.

En México, cabe recordar, los extremos se han tocado y eso provocó demasiada sangre vertida en el territorio nacional. En los tiempos actuales, a nadie conviene revivir fantasmas del pasado.

Si hubiese alguien que con toda la intención quisiera llegar a la confrontación directa entre uno y otro bando, mejor sería que las mujeres guardaran distancia porque serán las principales perdedoras.

Ni a las derechas ni a las izquierdas conviene verse a la cara frente a frente porque sería ahí, en esos espacios de violencia, donde saldría a la luz lo que muchos conocedores calificarían como la auténtica Cuarta Transformación.