Perdón fiscal… Los hijos predilectos del régimen

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Elmer Ancona

@elmerando / elmerancona@hotmail.com

Hace un par de meses, unos maestros de preparatoria -amigos míos- me platicaban que no podían cobrar su paupérrimo salario porque el Sistema de Administración Tributaria (SAT) les tiene congelado su sello fiscal.

El motivo: tienen un pequeño adeudo con la Secretaría de Hacienda que les impide cobrar lo que desde hace meses les ha ido depositando el colegio por impartir clases.

Un profesor a nivel licenciatura cobra, aproximadamente, 120 pesos la hora; si tiene Maestría le dan 20 pesos más y si posee Doctorado, podría obtener el doble. La diferencia es nada.

Por supuesto, cada universidad tiene sus propias tarifas de pago; hay universidades “patito” (incluso las de sumo prestigio) que llegan a pagar a los maestros hasta 80 pesos la hora-clase. Algo humillante.

De los maestros a nivel preparatoria ni qué decir. La hora-clase que imparten en las aulas les puede ofrecer como máximo 90 pesos, si bien les va; hay quienes se ven en la necesidad de dar muchas horas para poder sobrevivir.

Se les puede ver corriendo de escuela en escuela con el ánimo de ganar unos cuantos pesos más a la quincena. No importa el currículum que tienen, la experiencia ganada a lo largo de los años. Tampoco el prestigio.

Por eso ya nadie quiere impartir clases, porque lo ven como tiempo perdido. Si a eso se le agrega que las nuevas generaciones de alumnos están insoportables con los maestros -maleducados al máximo-, pues peor tantito.

Por eso está del carajo la educación en México, porque nadie respalda a los maestros que, en estricto, debieran ser los mejor pagados en este país, los más valorados, los más protegidos.

Si a todo esto agregamos que el Sistema de Administración Tributaria (SAT) se pone demasiado exquisito con la gente que no tiene ni para comer, con la que apenas le alcanza para vivir, pues realmente estamos amolados.

Cancelar el sello fiscal a las personas de bajos recursos, por el simple hecho de arrastrar una pequeña deuda con hacienda, es lo más inapropiado e inmoral que puede hacer un gobierno.

¿Y López Obrador?

Cuando la organización Fundar dio a conocer que empresas concesionadas por el gobierno y personajes vinculados a la política obtuvieron el “perdón” de las autoridades fiscales por casi 274 mil millones de pesos entre 2007 y 2015, el grito de Andrés Manuel López Obrador no se hizo esperar.

A esos magnates, dueños de empresas y políticos de diversos partidos perdonados fiscalmente por el SAT, el Presidente de la República los llamó “hijos predilectos del régimen”.

Millones de mexicanos -entre los que me apunto- los hubiésemos llamado de otra forma, por ejemplo: “hijos de su … purísima madre”, “políticos bandoleros”, “empresarios de poca monta”, “hipócritas fariseos”, “sepulcros blanqueados” y hasta “malnacidos”.

Eso para desahogarnos un poquito. Por supuesto que son políticos y empresarios con demasiada suerte -no viles maestros-. Son de esos camellos que sí pueden pasar por el ojo de una aguja en México.

A Yeidckol Polevnsky, dirigente nacional del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), el Sistema de Administración Tributaria (SAT) le perdonó 16 millones 441 mil 439 pesos en 2013 Tan calladito que se lo tenía.

Al ex candidato presidencial del Partido Acción Nacional (PAN), Diego Fernández de Cevallos, la Secretaría de Hacienda le perdonó una deuda fiscal de 8 millones 329 mil 996 pesos el mismo año.

La organización Fundar, que merece una airada ovación, detalló que aún no se puede conocer la información relativa a los 101 mil 443 millones de pesos que corresponden a 201 personas, ya que se ampararon para que sus datos no fueran revelados.

Parte de culpa la tienen esos magnates, dueños de empresas y líderes de partidos; pero quien tiene la mayor responsabilidad es el Sistema de Administración Tributaria (SAT) por quitar el pan de la boca a quien menos tiene para llenar la barriga de los insaciables.

Una vil pesadilla

Si López Obrador llamó a estos beneficiarios “hijos predilectos del régimen” y señaló el perdón fiscal del SAT como una auténtica pesadilla ¿cómo califica a los ciudadanos que por una mísera deuda fiscal tienen detenido el pago de sus salarios?

¿Mártires de las aulas? ¿Héroes de la austeridad? ¿Víctimas de la fiscalización? En este renglón es donde el Presidente debe interceder, presionar, obligar a los directivos del Sistema de Administración Tributaria (SAT) para que descongelen el sello fiscal de quienes menos ganan, entre ellos los maestros.

¿Por qué perdonar miles de millones de pesos a los auténticos evasores fiscales, que hacen circo, maroma y teatro para “convencer” a las autoridades hacendarias que deben pagar menos de impuestos?

¿Por qué castigar de manera torpe a los trabajadores, obreros, maestros y demás profesionistas que ganan una miseria a la quincena, que tienen retenido el pago de su limitado salario, por una risible deuda a Hacienda?

Algo tiene que hacer esta Cuarta Transformación para favorecer, en los hechos, a quienes menos tienen, sin caer en la retórica, en los falsos discursos que marean a los sectores castigados.

En una de sus últimas giras por el interior de la República, López Obrador insistió que la transformación de este país no es una mentira, no es una falacia, que el cambio va en serio.

Pues que comience con esto, con las órdenes expresas al Sistema de Administración Tributaria (SAT) para que haga estudios serios de los miles y miles de mexicanos que se están viendo afectados por la congelación de su sello fiscal.

Absolutamente nadie puede ser privado del derecho constitucional de recibir el pago de su salario por tener bloqueado el sello hacendario, por el simple hecho de arrastrar adeudos que dan risa.

No es de buenos gobiernos hacer esto. Es inconstitucional. Sería bueno comenzar por esto, señor Presidente.