Parte de las remodelaciones del MoMA incluyen la ampliación en exhibiciones

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  • El Museo de Arte Moderno (MoMA) reabrirá el 21 de octubre.

 

 

Por: ERIKA P. BUCIO / AGENCIA REFORMA

NUEVA YORK, EU.- Los pendones dispuestos por las calles de la otoñal Manhattan marcan ya la esperada fecha: 21 de octubre. La reapertura está cerca.

 

Tras más de cuatro meses cerrado, el Museo de Arte Moderno (MoMA), un icono de la Gran Manzana y referente internacional, está a punto de desvelar su nuevo rostro.

 

Una renovación que Glenn D. Lowry, director del recinto desde 1995, describe como una intervención de precisión “quirúrgica” al lograr integrar nuevos espacios con el edificio existente y aumentar en un 30 por ciento el área de exhibición, así como el espacio público.

 

Se trata de una expansión hacia el oeste con poco más de 3 mil 700 metros cuadrados.

 

El anfitrión compara: si en la última década se han exhibido unas mil 500 piezas por año, ahora es posible mostrar unas 2 mil 400.

 

El MoMA entra en una nueva etapa, a punto de celebrar su 90 aniversario, y busca presentarse aún más democrático y vinculado con la ciudad de Nueva York. Así lo concibió Alfred Barr, su primer director. Lo pensó para que formara parte del paisaje urbano, y donde el público pudiera ingresar tal como si entrara a cualquier otro sitio, un restaurante o su centro de trabajo.

 

Desde la entrada, el público notará los cambios: El lobby principal, con su doble altura, se ha expandido; luce más iluminado y es posible tener una vista sin interrupciones entre las calles W 53 y la 54.

 

La icónica tienda del museo fue reubicada un piso más abajo del nivel de calle, y con la fachada de cristal es posible para los peatones asomarse a ella desde el exterior.

 

La intención de ofrecer un museo más democrático se traduce, por principio de cuentas, en las nuevas galerías del recinto a nivel de calle, de entrada gratuita, como la Galería de Proyectos, que, por su doble altura, puede ajustarse a exhibiciones o instalaciones de diferentes soportes y escalas.

 

De hecho, todos los espacios a nivel de piso del museo son de libre tránsito, incluido el jardín escultórico.

 

“La expansión dará a los curadores mayor libertad, más opciones, mayor flexibilidad tecnológica, además de disponibilidad de luz natural, cuando lo requieran; características que no son usuales en las galerías”, explica durante un recorrido Liz Diller, de Diller Scofidio + Renfro, despacho que, en colaboración con Gensler, es responsable de la renovación.

 

Y otro viraje importante: aunque se mantiene el orden cronológico, la colección ya no se muestra por disciplinas -pintura, escultura, arquitectura, diseño, fotografía, media, performance, gráfica- sino de manera integrada.

 

Lowry deja en claro que el museo no dejará de exhibir a los íconos de su colección, como Van Gogh,   Monet, Picasso, Matisse, Mondrian, Dalí, Warhol, Pollock. Sólo que el contexto cambiará cada medio año, al ser exhibidas con otras piezas del acervo.

 

“Tenemos un ambicioso programa para cambiar el 30 por ciento de lo que se exhibe cada seis meses (en esas galerías)”.

 

El director del MoMA, centro neurálgico del arte moderno y contemporáneo internacional, ha insistido en que el museo no abandone su tarea pedagógica.

 

Fue fundado en 1929 como una institución educativa que enseña, dice, al brindar al público toda la confianza para hacerse preguntas sobre el quehacer artístico, y al ofrecer marco de referencia para pensar y ver y no sentirse preocupado por tener la respuesta.

 

“El placer de ver y pensar el arte contemporáneo es el placer de descubrir”, expresa Lowry, ubicado frente a una instalación sonora de David Tudor, Rainforest V, armada con objetos cotidianos.

 

Acepta que una pieza como la de Tudor, por ejemplo, podría desconcertar al público, llevarlo a pensar, en un primer momento, que no es más que pedazos de madera y tambos de gasolina capaces de producir un sonido curioso, pero después podrá entender que es un sonido orquestado, ligado a los años 60 y a Merce Cunningham, a la danza y el movimiento.

 

Pero, en todo caso, ataja, cada galería contará con un breve texto introductorio y habrá educadores repartidos por todos los pisos del museo.

 

El nuevo MoMA requirió para la renovación 50 millones de dólares y 400 millones más para su expansión. Un museo que cada año recibe a unos 3 millones de visitantes, la mitad de ellos extranjeros.

 

Y así se acerca a su 90 aniversario, el 7 de noviembre, y se propone seguir contando la historia del arte moderno y contemporáneo con un talante renovado: “Democrático, inspirador e internacional”, sentencia Lowry.

 

Manhattan ya aguarda para entrar.

 

Y más arte latinoamericano

A través de la exposición Sur Moderno: Journeys of Abstraction The Patricia Phelps de Cisneros Gift, serán exhibidas en el tercer piso del MoMA, desde el 21 de octubre y hasta el 14 de marzo, cien importantes obras del arte latinoamericano.

 

Se trata de donaciones al recinto por parte de la colección Patricia Phelps de Cisneros entre 1997 y 2016, de artistas de Brasil, Venezuela, Argentina y Uruguay. Un acervo que es referido como el más importante de arte concreto y abstracto de América Latina.

 

El esfuerzo del recinto apunta a diversificar sus propuestas al trazar la historia del arte moderno y contemporáneo.

 

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