Rescatan vecinos barrancas

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  • Cada mes organizan jornadas masivas de limpieza y reforestación para sanearlas

 

Tonatiúh Rubín / Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Los vecinos de Santa Fe, una zona ubicada al poniente de la Ciudad de México dentro de las alcaldías Cuajimalpa y Álvaro Obregón, reviven sus barrancas para hacer frente a la contaminación.

Cada mes organizan jornadas masivas de limpieza y reforestación para sanear la barranca Río Becerra Tepecuache, en la Alcaldía Álvaro Obregón.

“Cuando conocí esta barranca eran minas; después se rellenó con puro cascajo y estuvo feo, fue como un basurero porque tiraban mucha basura. Aún siguen tirándola, pero a partir de que empezó este proyecto está cambiando”, platica Teresa Miranda, voluntaria quien vivió en la zona por 40 años.

En 2007, la zona fue declarada como Área de Valor Ambiental por sus aportaciones para la Ciudad de México: aparte de ser refugio para 36 especies de aves y 80 tipos de mariposas, contribuye a recargar los recursos hídricos.

Cerca del 60 por ciento del líquido que consume la metrópoli proviene de su acuífero subterráneo y la mayoría se obtiene mediante la infiltración de agua de lluvia del suelo de conservación, apunta la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema).

No obstante, la pérdida de cobertura vegetal, los asentamientos humanos, la deforestación y la descarga de aguas residuales amenazan a estos ecosistemas.

“El objetivo es que la gente haga conciencia sobre todos los espacios que estamos perdiendo, que ya no tenemos árboles ni agua limpia, que aprenda a no tirar basura y enseñarles cómo se pueden usar los residuos orgánicos para hacer composta, germinación o plantas curativas”, comenta Antonio Ruiz, integrante del proyecto.

Durante las jornadas se plantan hasta 700 árboles en un día, con la participación de estudiantes y habitantes de Santa Fe.

Los vecinos también recolectan sus residuos orgánicos para elaborar composta, que utilizan en las reforestaciones y en su huerto urbano, que ya ha producido calabaza, cebollín y elotes, cuenta Miranda. En una semana, pueden recibir hasta 100 kilogramos de desechos.

 

De su bolsillo…

 

Los voluntarios financian la iniciativa con sus recursos, pero reciben donativos de plantas de la Sedema y la Comisión Nacional Forestal (Conafor).

“Hay donaciones a veces del mismo pueblo. Dicen: ‘tengo este naranjito en mi casa que ya no cabe’. La gente, en lugar de abandonarlos o tirarlos, ya nos lo lleva y nos pregunta: ‘¿cuándo es la reforestación?, es que yo quiero plantar mi arbolito’. La gente es muy participativa, están haciendo mucha conciencia”, relata Ruiz.

Encino, trueno, colorín y árboles frutales de naranja, granada, durazno, tejocote, guayaba, melón, papaya y pepino son algunos de los que han plantado con éxito.

“A mí me encantaría que en unos 5 o 10 años la barranca fuera como un centro de recreo, donde las familias se reúnan con sus hijos y los jóvenes tomen un taller, donde los vecinos de una economía más alta con una más baja puedan hablar y convivir, y donde la flora y la fauna estén bonitas”, comparte Miranda.

 

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