PAN: Cambiar de amo… o dejar de ser perros

240
rbt

 

Elmer Ancona

@elmerando / elmerancona@hotmail.com

Tiene toda la razón el panista Eduardo Pacho Gallegos cuando asegura que el Partido Acción Nacional (PAN) no sólo tiene que cambiar de amo, sino debe dejar de ser perro.

Esta importante expresión que retoma de Manuel J. Clouthier, el glorioso “Maquío”, debe estar resonando en el oído de todos los panistas de México, y muy en especial en el corazón de los blanquiazules de Quintana Roo.

El precandidato a dirigir la militancia panista del estado, en caso de ganar las internas, se dice consciente del terrible momento por el que está atravesando su partido no sólo en el estado, sino a nivel nacional.

Es cierto, el PAN es la segunda fuerza política y tiene voz y voto en muchas de las decisiones que se toman en el país; no obstante, la credibilidad del partido está por los suelos. Por eso perdieron el poder.

Durante dos sexenios, los panistas pudieron hacer y deshacer lo que quisieron; en pocas palabras, pudieron haber hecho mucho y, sin embargo, hicieron casi nada para transformar al país.

Los gobiernos de Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa no fueron malos, mucho menos desastrosos; no obstante, dejaron al país en condiciones deplorables sobre todo en materia de seguridad.

Quizá no fue culpa suya, sino de toda una maquinaria -una gran industria- que nadie puede ni quiere frenar, quizá porque arroja cantidades multimillonarias a los bolsillos de quienes la protegen.

Eduardo Pacho Gallegos tiene claro que para recuperar el poder en Quintana Roo primero se tiene que recupera la confianza de la gente, la emoción de la militancia panista.

“Esa ya la perdimos, la hemos perdido y no podemos recuperar los demás si los panistas no recuperamos la confianza de la ciudadanía; no hay forma de que yo pueda recuperar el Congreso ni la Gubernatura si la gente no cree en nosotros”, advirtió.

Y tiene toda la razón. La ciudadanía, harta de tanto abandono, de tanto olvido y omisión por parte de sus líderes políticos, de sus autoridades, deciden cambiar constantemente de capitán (de alcaldes, de legisladores, de gobernador).

A nivel nacional y estatal, los ciudadanos decidieron dar casi todo el poder -la hegemonía del poder- al Movimiento Regeneración Nacional (Morena) que hoy se vende como el gran salvador de las causas perdidas. Sólo el tiempo podrá corroborarlo.

En Quintana Roo tienen la mayoría en el Congreso del Estado y podrán decidir, a su antojo, el rumbo y destino de los ciudadanos; y no tanto porque sean montoneros, sino porque la voz de la oposición ya casi no suena.

Tanto el cancunense Eduardo Pacho Gallegos como el isleño Faustino Uicab Alcocer tienen la enorme tarea de plantear retos políticos, alcanzables, ni míticos ni idílicos, para que su partido recupere la fortaleza perdida.

Si en algo no estamos de acuerdo con Eduardo Pacho es cuando plantea que Acción Nacional “se ha retraído un poco” en cuanto al contacto con su militancia, con la sociedad en general. No han salido a las calles a reconquistar a la gente.

El PAN se volvió tremendamente elitista, despótico, soberbio, engreído, pedante y demasiado suntuoso; se olvidó de sus bases -los clasemedieros- porque contacto con el pueblo nunca tuvo.

Los priistas supieron trabajar muy bien con su principal mercado: los pobres, los miserables que hay en este país. Por eso se mantuvieron en el poder durante décadas

La izquierda en general (Morena, PRD, PT), por su parte, se ganaron el afecto de los más desprotegidos, de los abandonados a su suerte, de los olvidados por el sistema. Por eso son casi omnipotentes en nuestros días.

Dejar de ser perros, no sólo cambiar de amo. Esa es la gran lección que nos brindó “Maquío” hace años, tan es así que murió como un auténtico mártir, ofreciendo su propia vida por el bienestar de los mexicanos.

 

Liderazgo joven

 

Si algo ha tenido Acción Nacional a lo largo de su historia, ha sido el poder de convencimiento de esas “masas” o “sectores” -ahora llamados cuadros-, principalmente de jóvenes, a los cuales atrapaban con sus encantos ideológicos-doctrinales.

Les vendían bien, muy bien, la idea de la democracia participativa, del Bien Común, de una Patria Ordenada y Generosa. Eran ideas maravillosas para aquellos tiempos, generadas por gigantes de aquellos tiempos.

Hoy los tiempos han cambiado. El concepto del Bien Común es utilizado hasta por sus principales opositores, y las figuras del orden y de la generosidad han sido rebasados por la República del Amor y por la idea del pueblo “feliz, feliz, feliz”.

Por lo tanto, la oferta y el compromiso de Pacho Gallegos de incluir a nuevos cuadros en las candidaturas, deja mucho qué desear por sonar reiterativa, vieja, obsoleta. Poco creíble porque en los hechos no sucede.

Acción Nacional no deja de ser un partido de élites, de gente petulante, aromatizada, que en lo que menos piensa es en el bienestar del “pueblo” con el que no quieren ni rozarse.

La propuesta más novedosa del cancunense es la de incluir a dos representantes de cada uno de los 11 municipios del estado en la toma de decisiones de su partido.

Eso debieron haberlo hecho hace décadas, tomar en cuenta la voz sonora de sus militantes, fortalecer los nuevos liderazgos, posicionarlos o empoderarlos para convertirlos, con el tiempo, en diputados, senadores, presidentes municipales o gobernadores.

Pero no, todo ha quedado en manos de los de siempre: un grupo de viejitos respondones a los que no les gusta escuchar la voz de los más jóvenes. Y si ponen a jóvenes en los puestos directivos es porque son hijos, hermanos, primos, sobrinos de los dueños del partido a nivel local. Es la historia de siempre.

Decir o proponer en las ruedas de prensa que la militancia salga a las calles, que dé la cara y participe, es lo más fácil. Difícil será que convenzan ambos precandidatos a su gente para permanecer en el partido. Un partido que les ha fallado.

La auténtica militancia no quiere dejar de ser perro… quiere dejar de ser gato.