‘Vuela’ la desesperanza en el interior de Carlota

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  • La soprano Sarah Maria Sun encarnó a la emperatriz en la ópera La habitación de Carlota.

 

FRANCISCO MORALES/AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO.- Lo primero que escucha la audiencia de la Sala Miguel Covarrubias es el motor de un avión invisible, volando lejos, como si fuera el producto de una mente febril. La aeronave delata la fecha: 1927, el año en el que Carlos Lindbergh cruzó el Atlántico por primera vez.

También es el año en el que la emperatriz Carlota, de Bélgica, al fondo del escenario, con un camisón blanco y a contraluz, prefigura su muerte: “Hoy vino el mensajero a traerme noticias del Imperio, y me dijo que Carlos Lindbergh está cruzando el Atlántico en un pájaro de acero para llevarme de regreso a México”.

Estas son las palabras con las que Fernando del Paso cerró su novela Noticias del Imperio; así, la soprano alemana Sarah Maria Sun comienza su viaje extático-y por momentos doloroso- al interior de la mente de su personaje, al interior de La habitación de Carlota, como se llama la ópera.

En su estreno en México, como parte del Festival Vértice de la UNAM, la obra de Arturo Fuentes es presentada por su compositor como una “ópera monodrama”, pues toca a la soprano soportar el peso entero de la función durante 60 minutos, uno por cada año de soledad de Carlota tras la muerte de Maximiliano.

“Noticias del Imperio tiene una temática que se presta a un punto de vista operístico, sobre todo el personaje de Carlota, que tiene todos los ingredientes dramáticos para poderse definir como un rol operístico”, apuntó Fuentes en una charla previa al estreno.

“(Carlota) es una Prima donna total”, secundó el crítico Gerardo Kleinburg, quien condujo la conversación.

Arropada por la orquesta de cámara Ensamble Vértice, Sarah Maria Sun domina un escenario ambientado como la alcoba del Castillo de Bouchot, en Bélgica, donde Carlota pasó encerrada sus últimos años.

Una mesa de costura, una cama y una bañera son los únicos elementos que constituyen la habitación que, como una metáfora de la mente de Carlota, tiene el piso tapizado por las miles de cartas que la ex emperatriz de México escribiera a su fallecido Maximiliano.

Basada enteramente en los monólogos de Carlota escritos por Del Paso, la ópera de Fuentes utiliza la totalidad de la capacidad vocálica de Sun, que incluye, además de la voz plena y los trinos comunes en la ópera belcantista, otras técnicas contemporáneas y experimentales como jadeos, gritos mudos y cambios bruscos de timbre y dinámica.

Con este repertorio, la Carlota de la soprano y de Fuentes exhibe la desesperanza detrás de su soledad forzada y la añoranza de su tiempo con Maximiliano en el Castillo de Miramar y en México.

Algunos monólogos de Del Paso son declamados letra por letra, tanto por Sun como por una actriz que la representa de joven, antes de la desastrosa aventura mexicana.

Con el avión de Lindbergh como presagio de su muerte, las últimas y afiebradas horas de Carlota se cantan en la ópera del compositor mexicano.

 

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