(VIDEO) El ‘coleccionista’ de suegras; con seis suegras en su haber, Antonio tiene qué contar

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  • Con los yernos siempre hay relación de respeto; el problema es entre mujeres

 

MARCO ANTONIO BARRERA

CANCÚN, Q. ROO.- La mala fama que tienen las suegras, como personas insidiosas, es una lucha únicamente entre mujeres, porque con el yerno prevalece siempre una relación de respeto, asegura Antonio, quien a sus 62 años de edad se ha casado seis veces.

En todas las relaciones que tuvo jamás recibió una grosería de nadie que dio vida a las mujeres con quien vivió y a quienes amó, pero su generación fue distinta, prevalecía el respeto. “No se metían con uno, no había ningún problema”.

Recuerda que el que mandaba era el suegro, aunque la mayoría de esas personas, por su edad, ya fallecieron.

El pleito, insiste, se da entre suegras y nueras, quienes “no se quieren mucho”, pero esa situación hostil no se extendía hacia los hombres y su caso no fue la excepción.

Una de sus suegras, por ejemplo, primero fue su amiga y compañera de “salidas”. “Era muy alegre” y ahora forma parte de la familia, con la que convivo y quiero mucho desde hace más de 30 años”.

Antonio nació y creció en Ciudad de México, pero es de familia yucateca. Fue uno de cinco hermanos, los “huaches” (0 “fuereños” para la gente de Yucatán), tres de una familia y dos de otra.

Su padre fue contador en una agencia de automóviles y junto con su progenitor se sacaron la lotería y tuvieron una mejor situación económica. “Como que subimos dos escalones”.

Sus padres se divorciaron en 1968. A los 11 de edad. Antonio se convirtió en jefe de familia y se volvió “medio nerd”, se ocupó del estudio.

A los 14 años le obsequiaron su primer auto y convivió con sus amigos de 18 años de edad, con quienes salía a “ligar” sobre la Avenida Insurgentes.

“Era muy común irte a los miradores de la carretera de Cuernavaca, echar copa y hacer travesuras. Yo era como un juego para las chavas”, reconoce.

 

La primera suegra

 

Su primera novia, “Teresita”, la conoció cuando cursaba el segundo año de secundaria, cuando tenía no más de 13 años. “Era novia de cargar libros, nada más”.

La primera novia formal fue “Pili”, la tuvo cuando cumplió 15 años de edad mientras estudiaba la escuela preparatoria. Fue su primera esposa, después de durar seis años de novios y no más de cinco de casados. De esa relación nacieron dos hijos.

Con su suegra Cristina, asegura, tuvo una relación muy tranquila, era muy amable y muy afectuosa, pues además fueron vecinos.

“Yo me la vivía con ellos de lunes a domingo; hasta en las vacaciones yo me integraba, era como parte del mobiliario”. Después de 15 años se volvió parte de la familia.

Antonio recuerda que a su suegra hacía bromas, pues tenía gusto por la lectura de novelas de vaqueros. “Siempre le hacía burla de que si se espantaba se tiraba y giraba en el suelo”.

Al final, compartió momentos tristes con la muerte de su suegro, al ser víctima de un asalto en su negocio de armería, allá por la calle de Donceles del Centro Histórico de la capital del país. Tras su primer divorcio, a los 22 años de edad, siempre fue bien recibido.

 

Después, las demás

 

Cuando emprendió un negocio de reparto de alimentos en la Central de Abasto conoció a su segunda esposa, “Luzma”, su secretaria, al igual que “Paty”, la última con quien vivió.

Con “Luzma” mantuvo una relación hasta finales de 1985, de la que nació su tercer hijo. De su suegra Cristina sólo mantiene buenos recuerdos. Al divorciarse se volvió a casar su primera esposa.

Más adelante, al conocer al dueño de un restaurante japones, conoció a la sobrina, de nombre “Paty”, y “ahí caigo otra vez”, recuerda. Su suegra, Concepción, era muy estricta con su hija. “Conmigo bien… nunca recibí una grosería en los dos años de relación”.

Dice que cuando se separó de “Paty” volvió con “Pili” para tener una relación de tres años y medio, de la cual nació su hija Brenda. Al separarse se mantuvo sin pareja tres años hasta que conoció a “Mori”, con quien se unió durante ocho años.

De su suegra Lupita tiene buenos recuerdos. “Cuando iba me tenía gusanos de maguey, chinicuiles, huevos de hormiga. Era muy amable y la veía cada tres semanas”. Vivía en Tulancingo, Hidalgo.

Antonio permaneció sin pareja siete meses y optó por trasladarse a Cancún, a finales de 2010. El noviazgo con su última esposa comenzó a través de la internet.

La esposa más reciente y la última fue “Paty”, aquí en este destino. Después de cuatro años nuevamente se separó, aunque convive y hacen todo juntos, incluso pasan Navidad y fiestas familiares. De su suegra, del mismo nombre, señala que es su amiga, su “compañera de salidas”.

Considera que el problema con las suegras tiene que ver con que a los hijos es más difícil que las madres se acostumbren a no tenerlos. “Somos como más de su propiedad”.

Antonio hace un análisis y asegura que disfruta su libertad. Reconoce que ya no se casará más. “Mi soledad no la cambio por nada”.

 

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