Da voz a jóvenes olvidados

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  • El documental dura aproximadamente una hora y media.

 

DANIEL SANTIAGO/AGENCIA REFORMA

MONTERREY, N.L.- Recordando aquella película de Luis Buñuel de mediados del siglo XX, estos jóvenes parecen ser Los Olvidados del siglo XXI, pues casi toda su vida han sido testigos de violencia o víctimas de ella.

Ocho historias de chicos que habitan un polígono urbano-marginado en la intersección de Juárez y Guadalupe, fueron retratadas en un documental que se presentó en la Cineteca Nuevo León.

Dicho documental se llama Distrito Olvido y su director es Thom Díaz, fotógrafo de 37 años de edad, quien lleva a la pantalla las vidas de estos chicos que sufren casi a diario diferentes ausencias: la de familiares que el crimen les arrebató; la de recursos para descubrir sus habilidades; y la de espacios en los cuales desahogar sus emociones.

Es una radiografía de la juventud no sólo de la periferia de Nuevo León, sino de México e incluso de América Latina, afirma Díaz, originario de una colonia muy cercana al Distrito Olvido, título que apunta irónicamente a la serie de proyectos gentrificados que son tendencia en la Ciudad.

“La Ciudad se está segmentando en lugares a los cuales se les está llamando ‘distrito’ con inyecciones de dinero grandes, capitalizando zonas de la ciudad, y la segmentación divide”, explica el artista.

“Es jugar con la ironía, pero también decirle a las personas que lleguen a ver el documental: ‘Míranos, acá estamos’. Le estoy poniendo ese nombre para meterlos a la gran Ciudad”.

Apoyado por la organización civil Supera, la producción de este largometraje de casi una hora y media se realizó durante 2018 y 2019, cuando sus protagonistas tenían menos de 18 años.

Pese a su edad, ya tenían historias dramáticas qué contar, como el comenzar a los 10 años a consumir drogas en un entorno en el que todos lo hacían.

También están las adolescentes que hablan de violencias sexuales, aborto y de la necesidad de prevenir los embarazos tempranos.

“Son cosas que los gobiernos, las instituciones, la sociedad civil, las tienen como un poco marginadas”, expresa el director.

“Sí las atienden, pero la demanda de la juventud es mucho mayor, ya se desbordó, en este excedente están estos casos. No tienen espacios culturales para desarrollar actitudes creativas. Falta mucho la parte deportiva. Está el típico campo de futbol que pone el Municipio, pero que a veces se vuelven centros de distribución (de droga)”.

“Me decían: ‘¿quién va a estar interesado en nosotros?'”, cuenta Díaz.

 

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