¿Golpe de Estado? … fábula de las ranas y su rey

654

 

Elmer Ancona

Es la declaración más preocupante y comprometedora que le he escuchado o leído a Andrés Manuel López Obrador desde que comenzó su administración; la subió hace un par de días a su cuenta de twitter.

“La transformación que encabezo cuenta con el respaldo de una mayoría libre y consciente, justa y amante de la legalidad y de la paz, que no permitiría otro golpe de Estado”.

Después de asestar tremenda y alarmante declaración, denunció en otro tuit a los “equivocados” conservadores y sus halcones (grupos de choque) por estar atentando en su contra.

“Pudieron cometer la felonía de derrocar y asesinar a Madero porque este hombre bueno, Apóstol de la Democracia, no supo, o las circunstancias no se lo permitieron, apoyarse en una base social que lo protegiera y respaldara”.

Y remató con un: “Pero ahora es distinto, las realidades son otras y México no es tierra fértil para el genocidio ni para canallas que lo imploren, aquí no hay la más mínima oportunidad para los Huerta, los Franco, los Hitler o los Pinochet”.

El Presidente de la República terminó sus mensajes recomendando una fábula de Esopo que, palabras más, palabras menos, narra la historia de las ranas que, cansadas del desorden y la anarquía en que vivían, imploran a Zeus un nuevo rey.

Atendiendo su petición, Zeus arrojó un grueso leño a la charca que hizo demasiado ruido al caer, lo que espantó a los anfibios. Pasado el susto, las ranas se acercaron al nuevo rey (el tronco), brincaron sobre él, se le sentaron encima y se burlaron sin descanso.

– ¡Miren que tonto es este rey que no se mueve!

Es un inútil, gritaban otras ranas

– ¡Queremos otro rey!, decían todas a coro

Este no puede darnos órdenes, se quejaban

Se sintieron humilladas por tener de monarca a un simple madero, demasiado tranquilo. Zeus, indignado por el trato que le dieron a su rey, les mandó una serpiente de agua que, una a una, las devoró a todas sin compasión. Fin de la fábula.

Un claro mensaje

Basta verlo de frente, escucharlo en La Mañanera, seguirlo en sus giras y analizar sus discursos, para confirmar lo que parece inocultable: López Obrador está agotado no sólo física, sino intelectual y emocionalmente.

Es triste decirlo porque, para bien o para mal, es el Presidente de la República, es el hombre que gobierna a todos los mexicanos, es la figura que eligieron millones de ciudadanos en las urnas para dirigir esta nación.

La oposición, totalmente cierto, no ha dejado de tundirlo cada vez que puede; los “conservadores” aprovechan cualquier resquicio y oportunidad, la menor equivocación, para exhibirlo públicamente.

Pero eso también lo hicieron los “izquierdistas” contra los gobiernos de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto desde sus primeros días de administración. No tienen por qué quejarse. No es ojo por ojo y diente por diente. Simplemente el karma regresa.

Aquí cabría destacar que la radical crítica contra López Obrador también ha salido de grupos que no tienen nada que ver con el conservadurismo; los anarquistas, las tristemente llamadas “feminazis”, los zapatistas (EZLN) y los normalistas rurales, también lo han cuestionado duramente en sus manifestaciones.

Como en la fábula “las ranas pidiendo rey”, mucha gente sin partido, sin ideología o doctrina, está brincando sobre López Obrador; muchos se están mofando sin pudor de todo lo que hace y dice. Lo lamentable es que el Presidente se sigue equivocando y no da marcha atrás. Es necio y testarudo.

Golpe de Estado

Alarma que el Presidente de la República haya hablado de un posible golpe de Estado cuando días antes, el secretario de la Defensa Nacional, General Luis Cresencio Sandoval González, sostuvo una reunión privada y urgente con todos los generales en activo y retirados del Ejército Mexicano.

Preocupados y hasta irritados (de acuerdo con diversas versiones) por la forma como se está llevando el rumbo del país, y principalmente por las humillaciones públicas que están recibiendo los militares por las pésimas decisiones presidenciales, el titular de la Sedena tuvo que apaciguar los ánimos.

Los ciudadanos se preguntan por qué López Obrador, de manera institucional, salió a hablar de derrocamientos y asesinatos (caso Francisco I. Madero) y de genocidios.

¿Qué tanta información tiene el Presidente sobre acciones golpistas? ¿Teme un levantamiento armado? ¿Lo han amenazado en secreto los grupos de poder que son los que mandan en el país?

Con sus famosa fábula “Las ranas pidiendo rey”, Andrés Manuel saca a relucir el desorden y la anarquía en la que viven los habitantes, las humillaciones y vejaciones que sufre el “Rey” por ser como es.

¿Por qué lanzar la durísima advertencia de que en México no habrá la mínima oportunidad para los Franco (Francisco), los Hitler (Adolfo), los Pinochet (Augusto), todos identificados con el fascismo-nazismo o con las asonadas militares?

Igual que las ranas

Es cierto, al igual que las ranas de la fábula de Esopo miles de mexicanos están brincando sobre López Obrador, se le han montado y se están burlando de él sin pudor. Lo están humillando.

Al igual que esas ranas, miles de mexicanos le están diciendo “¡Miren que tonto es este rey que no se mueve!”, “¡Es un inútil!”, “¡Queremos otro rey!, “¡Este no puede darnos órdenes!”.

En estricto, es algo que ninguna República, ningún país, ningún reino debería tolerar porque si se ofende al gobernante, se humilla a todo un pueblo. Eso que ni qué.

Pero también es cierto que mientras Andrés Manuel López Obrador siga gobernando mal, humillando y exponiendo a la debacle (económica y de seguridad) al “pueblo bueno”, su administración seguirá pendiendo de un alfiler.

A fin de cuentas, las ranas en este mundo, por muy débiles que parezcan, siguen teniendo el poder para poner y quitar a cualquier “Rey”.