Recuerdan en BA a José de la Colina

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  • El cuentista, ensayista y editor de revistas y suplementos culturales, José de la Colina, fue homenajeado.

 

FRANCISCO MORALES/AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO.-Crítico vital, cinéfilo empedernido, bromista con alma juvenil y gran paseante de la Ciudad de México, el escritor José de la Colina fue recordado este sábado en el Palacio de Bellas Artes.

Fallecido el pasado 4 de noviembre, el cuentista, ensayista y editor de revistas y suplementos culturales fue homenajeado por amigos y colegas en la Sala Manuel M. Ponce del recinto capitalino.

Para el narrador y traductor Javier García-Galiano, su amigo y editor no se desprendía ni un segundo del espíritu crítico que animaba sus textos.

“Yo diría que José de la Colina era un hombre esencialmente crítico. Yo incluso me atrevería a decir que vivía en un estado crítico. Yo diría que esa crítica que yo veía en él venía de una curiosidad que era, acaso, compulsiva”, apuntó.

Dueño de una “memoria incluso aterradora”, como lo describió García-Galiano, De la Colina fue fundador de importantes suplementos culturales como Sábado, del diario Unomásuno, y de las revistas Plural y Vuelta, entre otros.

Descrito como un conversador nato, un polemista aguerrido y un hombre de humor entrañable, destacó siempre por su irrenunciable rigor crítico para juzgar todo lo que le acontecía.

“Una frasecita que le decía uno ya podía despertar en él una crítica implacable. Todo esto era, para mí, yo creo que lo que dominaba toda su vida, que en sus actos cotidianos más nimios, él era así todo el tiempo: un crítico y un tipo que se divertía y que estaba jugando y que venía al cine y venía a la literatura”, dijo García-Galiano.

Nacido en Santander, España, en 1934, De la Colina llegó a México en 1941, a consecuencia de la Guerra Civil Española, en la que su padre fue combatiente republicano.

El director y guionista español Javier Espada recordó la amistad que trabó con él por la admiración que ambos sentían por el cineasta Luis Buñuel.

Como el propio director de Los olvidados, José de la Colina poseía, a decir de Espada, un humor negro que lo acompañaba a todas partes y que, aunque a veces resultara adolescente, no opacaba la brillantez de su pensamiento.

“No ocultaba para nada su inteligencia. Yo creo que eso es lo más curioso en él: cómo era una persona sumamente inteligente y, al mismo tiempo, se permitía ese sentido del humor”, recordó.

El guionista, quien lo entrevistó en diversas ocasiones y se quedó con las ganas de hacerle un documental, alabó también lo anti solemne de su postura vital, muy a la manera de los anarquistas españoles.

“Yo creo que Pepe era el ‘antiacadémico’. Todo lo que era académico, en ese sentido, que era algo muy formal, como que no le gustaba nada”, evocó.

Moderada por el periodista cultural José Luis Martínez S., el homenaje concluyó con algunas anécdotas de la fotógrafa Paulina Lavista, quien fue su alumna.

Lo recordó, principalmente, como uno de los pioneros de la crítica de cine en México, particularmente por su participación en la revista Nuevo Cine junto con Jomí García Ascot y Emilio García Riera.

También por su amistad de muchos años con su fallecido esposo, Salvador Elizondo, con quien daba largos paseos desde el Centro Histórico hasta Coyoacán.

“Son (De la Colina y Elizondo) pioneros de la cultura, son personajes que plantaron una base de lo que sería la cultura moderna de la última parte del siglo 20 y principios de éste”, celebró Lavista.

A nombre de su familia, el hermano menor del homenajeado, Antonio de la Colina, agradeció a los presentes.

Como dicta el título de una de las películas que más le gustaban, Murieron con las botas puestas, de Raoul Walsh, De la Colina, dijo su hermano, “murió con las botas puestas” y envió su última columna al suplemento Laberinto apenas una semana antes de fallecer.

“Cada vez que vuelva a ver esas películas que le encantaban a mi hermano, va a seguir vivo mi hermano; cada vez que vuelva a leer sus libros, va a estar vivo”, declaró.

Sus relatos reunidos se encuentran en la antología Traer a cuento. Narrativa 1959-2003, editado por el Fondo de Cultura Económica. Todos menos el primer libro de ellos, que decidió excluir: Cuentos para vencer a la muerte.

 

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