Hipnotiza Caifanes a varias generaciones con toda su música en el Palacio de los Deportes

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JUAN CARLOS GARCÍA

Los “caifanes” son personas que caen bien, de ahí el nombre de un caifán. Una palabra muy socorrida en los 40 por los pochos, en la franja fronteriza de México con Estados Unidos y que mezclaba la expresión “cae fine” o “cae bien”. Y Caifanes cayó muy bien en el Palacio de los Deportes. Si Saúl Hernández cantó poco o a la mitad, ayudado por los coros de la multitud en varias canciones, eso fue una observación extra ante el clamor de la concurrencia que llenó por completo el Domo de Cobre. “Algún día nos vamos a morir, pero nunca nos haremos viejos”, expresó el vocalista antes de cantar “Aquí No Pasa Nada”. La mayoría eran contemporáneos del grupo, aunque sí hubo jóvenes y niños entendiéndose con el lenguaje rockero de la banda que celebra sus 30 años interrumpidos (en continuidad con Jaguares). “Esto es algo muy cabrón, no sé cómo agradecerlo, creo que podría llorar de la emoción de ver a esta niña que me estremece, cantando nuestras canciones”, expresó el cantautor cuando vio a una pequeña coreando “Sombras en Tiempos Perdidos”.