Un insulto desde el INBA

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  • Después de una semana, el cuadro de Fabián Cháirez, sigue causando posturas a favor y en contra.

 

FRANCISCO MORALES V./AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO.- La indiferencia no asoma por el Palacio de Bellas Artes. Las posturas, claras, se confirman desde un principio ante el Zapata queer de Fabián Cháirez que forma parte de la muestra “Emiliano Zapata después de Zapata”: rotundamente a favor o decididamente en contra.

Desde el lunes pasado, la divergencia quedó expresada en la nueva cédula que se muestra junto a la pintura “La Revolución”, acarreando toda la polémica que la persigue desde hace más de una semana.

Al caudillo desnudo, con tacones y sombrero rosa de Cháirez lo acompaña el texto original de la muestra, reivindicando una representación que cuestiona las masculinidades hegemónicas, pero también una enmienda que, para curadores y artistas, resulta un pésimo precedente para la libertad artística en México.

“Yo creo que es un insulto. Más que un acto de censura, que hubiera sido quitar el cuadro, (ese añadido) es un insulto homofóbico y sexista”, expresa la creadora feminista Mónica Mayer, quien lamenta que el artista no tenga derecho de réplica en la nueva cédula.

A la letra, la enmienda indica: “Descendientes de Emiliano Zapata expresaron su desacuerdo con esta imagen, por considerar inadecuada la representación de Zapata. Mediante el diálogo entre autoridades de la Secretaría de Cultura y el INBAL, el Museo del Palacio de Bellas Artes mantendrá la obra, basándose en el principio de la protección al derecho de libertad artística y creativa”.

Para el estudiante de ingeniería Edson Hernández, quien reside en Veracruz, la controversia lo conminó a destinar una mañana de sus vacaciones en la Ciudad de México para visitar la exposición.

Como muchos otros visitantes a la muestra, cuyos números han aumentado considerablemente a raíz del debate, Hernández tuvo que hacer fila en la entrada del estrecho pasillo donde se muestra la pieza.

“Creo que, como joven, crecí ya con otras ideas, con otra idiosincrasia, al contrario de la gente que ya tiene más años. Yo creo que se me hace algo abierto, una pintura que representa la igualdad. Se me hace una onda padre. A mí me gustó”, concluye: “No por eso significa que Zapata va a perder la imagen que ha tenido”.

Isidro Aragón, proveniente de Tlaltizapán, Morelos, arribó también a la exposición. Su bisabuelo, cuenta, representó al pueblo de Ticumán en 1915, cuando los zapatistas pusieron en marcha el artículo sexto del Plan de Ayala. Él mismo, dice, tuvo una amistad entrañable con uno de los nietos de Zapata, Mateo Emiliano.

Llega vestido de negro, con sombrero, como dicta la iconografía agrarista que presenciado en la exhibición y que, reconoce, lo ha puesto muy sensible.

“Vine para acá a ver la exposición. La verdad, en su integración, la exposición me parece excelente. En su conjunto es muy aleccionadora para el público, pero sí se me hace agresivo que, en el centenario del zapatismo, puedan poner una imagen así”, dice sobre “La Revolución”.

Para él, explica, la mejor aproximación posible al caudillo es la que capture su esencia: exclusivamente la del luchador campesino.

“Si hay otros grupos que se sienten también vulnerables, yo pienso que ‘cada lobo por su sierra'”, expresa.

En su recorrido, que lo lleva hasta las lágrimas antes de cruzar la puerta, ha visto tanto al Zapata que admira como a otras representaciones que encuentra agresivas, como un Zapata con cuerpo de Speedy González u otra más que cambia el fusil por una escoba y un mandil.

“A la Guadalupana y a Zapata, los respetamos. (Aunque) tampoco somos fundamentalistas para entrar a hacer un desmadre, tampoco estamos en esta situación”, aclara.

Pero hubo quién sí estuvo dispuesto, como los integrantes del Frente Auténtico del Campo (FAC), que el 10 de diciembre irrumpieron en el recinto demandando a gritos el retiro de la pintura de Cháirez; incluso golpearon a activistas LGBT+ que los encararon.

Tras esos hechos, la Secretaría de Cultura y el INBA, instruidos por el Presidente Andrés Manuel López Obrador, llegaron a un acuerdo con 11 descendientes de Zapata para “zurcir” la muestra con el texto adicional.

“Creo que, de alguna forma, (la nueva cédula) afecta el trabajo libre que merece respeto, el trabajo de los centros que están pronunciándose públicamente y en supuesta libertad total”, lamenta el artista y curador Guillermo Santamarina, y califica la decisión como un “desastre” y un “horror”; “No tengo más qué decir. Estoy sorprendido de a cuánto puede llegar tanta torpeza. Qué triste”.

En los mismos términos, el también curador José Luis Barrios secunda: “Es una torpeza permitir que esto haya pasado; básicamente, es una torpeza.

“(El INBA) es una institución cultural, artística, que no puede estar necesariamente atendiendo las demandas de cualquiera que quiera llegar ahí a decir lo que se le ocurra, o lo que considere pertinente, o lo que afecte sus intereses”, concluye.

Para su colega Violeta Horcasitas, la exposición adecuadamente daba cabida a un discurso muy detallado, con una visión amplia de Zapata, hecho que quedó empañado con este precedente.

“No creo que ésa sea la manera correcta para dialogar con la exposición”, critica.

“Es muy significativo ir y poner una cédula que nadie en el museo, ni el curador, había contemplado. Me parece un tanto limitante; limita el discurso más que abrirlo”.

A favor o en contra, la pintura sigue diciendo opiniones en el Palacio de Bellas Artes.

 

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