Están Indígenas en la mira

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  • Cuatro de cada cinco activistas asesinados en México son de algún pueblo originario.

TONATIÚH RUBÍN

 

Aescasos 10 metros de su casa, un par de disparos le negaron a Samir Flores ver por última vez el amanecer en la tierra que defendió contra el Proyecto Integral Morelos. Tres días antes de la consulta que el Presidente Andrés Manuel López Obrador convocó sobre la termoeléctrica, a la cual se oponía el líder indígena náhuatl por sus impactos ambientales, los vecinos escucharon balazos en el callejón donde vivía Flores, a quien encontraron muerto minutos antes de las 6:00 de la mañana. Jorge Velázquez, compañero de lucha del activista, denuncia que tras nueve meses del homicidio, no hay ningún avance en el caso, que se suma al registro de defensores del medio ambiente asesinados en México, uno de los 10 países más mortíferos para este tipo de activistas, según la organización Global Witness. “No quitamos el dedo del renglón. Seguimos manifestándonos, pero estamos mirando a la otra parte, la cual apunta a una impunidad en el asesinato de nuestro compañero Samir. Todo apunta hacia allá, a que va a quedar impune”, lamenta el miembro del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua (FPTA) de Morelos, Puebla y Tlaxcala. En el País, la violencia contra los activistas ambientales indígenas aumentó el año pasado: mientras que en el 2017 sólo un cuarto de los homicidios correspondían a personas de origen indígena, según Global Witness, en el 2018 el porcentaje incrementó hasta el 80 por ciento, de acuerdo con la Red Mexicana de Organizaciones Campesinas Forestales (Red Mocaf). De los 14 defensores que fueron asesinados en territorio mexicano el año pasado, 11 pertenecían a un pueblo originario.

 

En Michoacán, Oaxaca y Puebla, todos los agredidos provenían de un grupo indígena, añade Gustavo Sánchez, director de la Red Mocaf. “Estas personas son muy valiosas en el País y debemos cuidarlos, pero pareciera que son a los que más corretean, más persiguen y más los hostigan porque no tienen el poder, ni el dinero, ni las armas, como los del otro lado (agresor)”, comparte Velázquez. Las amenazas de muerte persisten en contra de miembros de la comunidad de Amilcingo, lugar donde residía Flores, alerta Velázquez, quien añade que por la poca confianza en el Gobierno, han implementado medidas propias de seguridad, como colocar cámaras en puntos estratégicos y realizar rondas comunitarias.

“En el Estado de Morelos está a la orden del día la inseguridad. Antes no se veía lo que hoy se está mirando en nuestro Estado. No hay seriedad, no hay seguridad y no hay confianza en las autoridades”, asegura. A Samir Flores lo recordaron el pasado Día de Muertos con ofrendas en la radio donde era locutor, en la escuela donde fue maestro voluntario, en la ayudantía donde impulsó la asamblea comunitaria y en su casa. Velázquez adelanta que buscarán que la Fiscalía General de la República (FGR) atraiga el caso.