Impacta cambio climático a platillos navideños

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  • El alimento principal de los pavos es el maíz, un grano vulnerable a los efectos del cambio climático.

 

TONATIÚH RUBÍN / AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO.- Bacalao, pavo, manzanas, camarones y vino son productos decembrinos afectados por las consecuencias del cambio climático.

Este fenómeno no sólo afecta las condiciones de producción de algunos platillos navideños, de acuerdo con estudios científicos, sino que también puede modificar sus características físicas e incluso el sabor.

De acuerdo con la ONU, el rendimiento de los cultivos podría reducirse entre el 10 y el 25 por ciento de aquí al 2050 debido a los efectos del cambio climático y el aumento de la temperatura global puede reducir hasta un 40 por ciento la captura de las principales especies de peces en el mundo.

En México, el bacalao es un platillo navideño debido a la herencia española, pues durante el virreinato se acostumbraba consumirlo. La forma de preparación más común es a la Vizcaína.

El bacalao es una especie de mares fríos. De acuerdo con la ONU, existe una correlación entre la captura abundante de este pez y la temperatura del agua. Las poblaciones del animal están en declive por la sobrepesca y el calentamiento de los océanos.

La pérdida de oxígeno del mar también provoca que los ejemplares sean más pequeños y menos valiosos, según una investigación publicada en la revista “Biology Letters”.

El calentamiento del océano también causa que aumente el nivel de metilmercurio, un compuesto neurotóxico, en el bacalao, de acuerdo con un estudio de la Universidad de Harvard.

En el caso del guajolote, como se conoce al pavo en algunas regiones del país, es un alimento que los aztecas comían en celebraciones especiales. En general, se come asado o relleno de frutas, pero la variedad de preparaciones es amplia.

El alimento principal de los pavos es el maíz, un grano vulnerable a los efectos del cambio climático. Si la temperatura del planeta aumenta 2 grados centígrados, el cultivo de maíz podría caer hasta 40 por ciento, según un estudio publicado en “Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America”.

Las temperaturas superiores a 35 grados centígrados durante varios días pueden reducir el desprendimiento de polen, que afecta la fertilización, apunta la Universidad de Nebraska-Lincoln.

Las manzanas son típicas en los festejos de la temporada decembrina, ya sea como complementos a los platillos principales o en la tradicional ensalada dulce que se prepara en estas fechas.

La producción de manzanas es sensible a los cambios de temperatura, disponibilidad de agua, radiación solar, contaminación del aire e incluso a la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera.

La temperatura debe mantenerse por debajo de los 40 grados centígrados para que estas frutas obtengan su característico color rojo.

Los árboles de manzana requieren entre mil 200 y mil 500 horas de enfriamiento a temperaturas inferiores a los 7 grados centígrados, de otro modo la calidad de sus frutos es pobre, según un estudio del “Journal of Horticulture”.

Los romeritos con mole, papas, nopales y camarón son tradicionales en las fiestas de fin de año en México. Debido al cambio climático, los camarones son susceptibles a enfermedades, deformaciones del cuerpo, manchas o lesiones en las pieles, de acuerdo con un estudio de la Universidad de Agricultura de Bangladesh.

Además, el 84 por ciento de las 25 pesquerías más importantes de México, entre ellas el camarón, pueden experimentar una disminución de biomasa y volumen capturado para el 2050, según una investigación publicada en la revista “PLOS One”.

La acidificación del mar no sólo altera las condiciones de vida de la fauna marina, sin que también cambia su sabor, advierte un artículo del “Journal of Shellfish Research”.

El vino es una bebida que acompaña varios platillos que se disfrutan durante las celebraciones de la época decembrina. En México también es común consumir sidra.

Las uvas con las que se produce el vino son altamente vulnerables a los impactos del cambio climático. Cuando la temperatura supera los 35 grados centígrados, el azúcar de la fruta comienza a descomponerse, lo cual puede arruinar la cosecha.

Las áreas adecuadas para la producción vinícola podrían reducirse entre 25 y 73 por ciento para el 2050 si las emisiones continúan en crecimiento, advierte un estudio publicado en “Proceedings of the National Academy of Sciences”.

 

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