Carbones Políticos

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EZLN… ¿descarrilamiento del Tren Maya?

 

 

 

Elmer Ancona

@elmerando

 

El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) le salió bravucón y respondón a Andrés Manuel López Obrador. Apenas comenzó 2020, le lanzó la siguiente amenaza: “Los zapatistas daremos hasta la vida para impedir la construcción del Tren Maya”.

Al celebrar los 26 años de su levantamiento armado, al “Subcomandante Insurgente Moisés” (antes Subcomandante Marcos) no le tembló la mano, ni la pipa, ni la capucha ni su arma, para advertir al presidente de la República que a los zapatistas no les gusta ser retados.

Ante cientos de mujeres y hombres fuertemente armados, en filas militarizadas y con su tradicional pasamontaña, los zapatistas dijeron al líder moral del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) que su megaproyecto sexenal no les interesa en absoluto.

“Hace un año, en diciembre de 2018, el capataz que ahora manda en la finca que se llama México, hizo una simulación de pedirle permiso a la Madre Tierra… para destruirla…

“Hace pocas semanas, hizo otra simulación de una supuesta consulta donde participaron pocas personas, donde sólo informó que hay muchas cosas buenas de los megaproyectos, pero no dijo todas las desgracias que traen para la gente y para la naturaleza”.

Así de claro, duro y contundente el Subcomandante Insurgente Moisés, quien con toda seguridad puso a meditar por largo tiempo a un mandatario que, en el fondo, podría estar avalando un proyecto sexenal fallido.

Y con mayor énfasis, en el discurso pronunciado en La Esperanza, Chiapas, el líder militar de los zapatistas expuso que en el EZLN están dispuestos a ser golpeados, desaparecidos y hasta asesinados para oponerse al Tren Maya.

“¿Están dispuestos los malos gobiernos a tratar de destruirnos al costo que sea, a golpearnos, encarcelarnos, desaparecernos y asesinarnos?”, cuestionó el otrora poderoso e internacional Subcomandante Marcos.

Desde el año pasado, el Subcomandante Insurgente Moisés no se cansó de señalar a López Obrador como “el capataz que ahora manda en la finca que se llama México”. La burla se hizo permanente.

El “metrosexual” hombre de la llamativa pipa aseguró, una y otra vez, que el país únicamente cambió de capataz, pero los dueños de la finca siguen siendo los mismos: los oligarcas del poder.

Si en algo tiene razón el Subcomandante zapatista es precisamente en eso, y los conocedores de los enredos del poder en México le dan el espaldarazo; saben que quienes mandan en este país son los oligarcas financieros (las 70 familias) que ponen y quitan presidentes de la República a su antojo, sin importar siglas partidistas, si son de izquierdas o de derechas.

El otro grupo de poder es el militar (Ejército, Marina y Fuerza Aérea) y el otro es el espiritual, fincado en la Iglesia Católica y las nuevas denominaciones cristianas que han surgido con fuerza en el país.

 

¿Tienen poder los zapatistas?

Cuando surgió el 1 de enero de 1994, la guerrilla zapatista generó un asombroso y espectacular ruido mediático que los colocó en la escena internacional, a grado tal que no sólo las Organizaciones No Gubernamentales (ONG), sino la comunidad artística mundial, se solidarizó con el movimiento indigenista.

La revelación del año fue el Subcomandante Marcos (¿Rafael Sebastián Guillén Vicente?), el héroe nacional del momento, con quien nos vimos representados no cientos ni miles, sino millones de mexicanos. La expresión de moda era la de Todos Somos Marcos.

¿Quién no estaba dispuesto a defender, hasta con su propia vida, la dignidad y honra de los grupos originarios? ¿Quién no expresó con fuerza, valor y conciencia el ánimo para retomar las raíces indígenas?

Fue tanta la admiración por el movimiento armado, y muy en especial hacia el guerrillero que, aunque parezca increíble o risible, en las universidades públicas los estudiantes llegaban a clases con pasamontaña, botas militares y pipa.

De las mujeres ni qué decir, a diferencia de las indígenas de Chiapas que portaban cartucheras o se colgaban las armas, con los hijos en brazos, las urbanas hablaban de lo esplendoroso que lucía “Marcos” cada vez que aparecía en televisión. No importaba la edad, lo cierto es que eran “zapatistas de corazón”.

En un viaje de cinco días por el territorio zapatista (Oventic, San Andrés Larráinzar, Ocosingo, Comitán, Altamirano, Simojovel) y acompañado de jóvenes periodistas, pudimos constatar el poderío zapatista como algo real y no como ficción.

Para llegar a ellos tuvimos que pasar por diversos filtros, con autorizaciones previas, hasta llegar con el “Comandante David”, líder político visible de las mujeres y hombres indígenas que estaban dispuestos a dar todo por su reconocimiento y visibilidad.

En los alrededores se podía observar a cientos de militares armados y con radios en mano, reportando permanentemente el movimiento de los insurgentes indígenas; también a muchos extranjeros curiosos, algunos de ellos académicos e investigadores.

Y por supuesto, el ir y venir de los obispos Samuel Ruiz García y Raúl Vera López, los líderes espirituales, los “tatik” o acompañantes de aquellos tiempos, quienes daban la bendición divina al movimiento.

El poderío zapatista fue tan real que el mundo puso la mirada en el indigenismo mexicano, por siglos olvidado, por años enterrado en el baúl de las cosas sin importancia para los políticos de este país.

 

El descarrilamiento…

Hoy la fuerza del EZLN permanece oculta, sombría, misteriosa; lo cierto es que nadie puede negar que este movimiento indigenista podría descarrilar (al menos en su territorio) el principal proyecto lópezobradorista del sexenio: el Tren Maya.

El mismo Subcomandante Insurgente Moisés criticó que Andrés Manuel haya dicho que el proyecto se realizará “aunque no guste” a los zapatistas.

“Eso quiere decir ‘así sea con ustedes, vivos o muertos, pero lo vamos a hacer’. Y nosotros, los pueblos zapatistas, lo tomamos como que está retando, como que está diciendo que él tiene la fuerza y el dinero y a ver quién se opone a su mandato…

“Y entonces hicimos la cuenta de cuántas personas se necesitan para defender la tierra, y salió que basta con una persona zapatista, entonces fuimos a buscar en el corazón colectivo que somos a una persona zapatista que esté dispuesta a todo, y encontramos no una, ni dos, ni cien, ni mil, ni 10 mil ni 100 mil, encontramos a todo lo que se llama Ejército Zapatista de Liberación Nacional dispuesto a todo para defender la Tierra”.

Así las cosas con este representativo movimiento indígena que simplemente está vigilando y protegiendo los intereses, las tierras, las costumbres, la riqueza de esta gente originaria, envuelta en esta reyerta política.

López Obrador, mejor que nadie, lo sabe: hay multimillonarios megaproyectos presidenciales que se caen de un momento a otro. Y si no, pregunten a los inversionistas del Aeropuerto de Texcoco. Del plato a la boca, se cae la sopa.