Exhibición de Zapata quería inclusión entre artistas consagrados y los de nuevas generaciones

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  • Durante la conversación sobre la polémica desatada por la exposición que está en el Palacio de Bellas Artes.

 

ISRAEL SÁNCHEZ/AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO.- Luego de la controversia de las últimas semanas, Luis Vargas Santiago, curador de la muestra “Emiliano Zapata después de Zapata”, admitió haber sido un tanto ingenuo sobre lo que ocurriría.

“Yo no la pensé como una exposición para el Palacio de Bellas Artes, y ahí, quizás, tenía algo de ingenuidad”, expresó en SOMA, plataforma de reflexión artística, durante la charla “El affaire Zapata”.

El doctor en historia del arte por la Universidad de Texas en Austin explicó que la exhibición en ningún momento fue concebida para ser biográfica ni como homenaje al Caudillo del Sur, sino que es acerca de la vida de las imágenes del héroe revolucionario creadas en distintos contextos.

Se trata del resultado de una investigación armada a pedazos a lo largo de 15 años, desde que realizara su tesis de licenciatura sobre los murales zapatistas de su natal Chiapas.

A partir de entonces emprendió una arqueología del origen de esta iconografía, coleccionando de forma casi obsesiva lo que denomina como “estampitas de Zapata”, que van desde lo considerado como arte culto hasta las representaciones de la calle.

Cerca de cinco mil imágenes componen su archivo, que eventualmente ideó como un despliegue curatorial y museográfico, propuesto al director del Museo del Palacio de Bellas Artes en 2014. Hubo interés, y la idea era lanzar la muestra en 2020, en el 110 aniversario de la Revolución Mexicana. Pero el que la actual Administración declarara el 2019 como año del ícono agrarista adelantó las cosas.

“Pensé que esto no iba a resonar tanto en 2020. Yo dije: ‘tengo una exposición que revisa la vida de las imágenes de Zapata, y en ese sentido hay que hacer visibles a muchos discursos, a muchos artistas’.

“Y no tuve mayor empacho en meter a los artistas más consagrados de nuestro arte moderno mexicano, como Diego Rivera, Siqueiros, María Izquierdo, etcétera, con algunos pintores mucho más jóvenes que quizás no habían tenido una presencia en Bellas Artes, y eso va desde la propia Daniela Rossell hasta Mariana Botey o Miguel Cano y Fabián Cháirez”.

La imagen del general revolucionario desnudo, en tacones, sombrero rosa y pose sensual, que Cháirez pintara hace cinco años, fue seleccionada bajo el criterio de uno de los cuatro ejes transversales de la exposición: una lectura de género con Zapata como emblema de la masculinidad, pero desde el cual también es posible subvertirla.

“Si uno va siguiendo la activación de la imagen de Zapata a lo largo de los años, la parte del género es muy importante. Ya sea para afirmar la masculinidad de los hombres como también para cuestionarla desde las mujeres chicanas o desde las luchas de las disidencias sexuales”, precisó Vargas Santiago.

 

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