Brindis en lo alto

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  • Paisajes imponentes y vinos con carácter son la recompensa para los aventureros que se atreven a descubrir los Valles Calchaquíes.

Teresa Rodríguez / Agencia Reforma

CAFAYATE, Argentina.- Finalmente llegamos al valle más importante de Salta.

Aquí se concentra el 60 por ciento de las vides de los Valles Calchaquíes, cuyos viñedos van de los mil 650 hasta los 3 mil 111 metros sobre el nivel del mar y su tradición vinícola se remonta al siglo 18.

Este terruño, de condiciones extremas, es conocido por sus tintos con carácter, aromas robustos y picantes, de frutas negras, aceitunas negras, notas herbales y taninos potentes, explica el agrónomo Santiago Bugallo.

Nuestra primera parada es Piattelli, la bodega más nueva de la región. Tras recorrer sus salas de fermentación y crianza, el enólogo Javier Saldaño nos ofrece un blanco de Torrontés y tres tintos, un Malbec Tannat, un Malbec Gran Reserva, con 12 meses de barrica, y un Cabernet Franc edición limitada, fermentado en huevos de concreto.

La bodega tiene su propio restaurante comandado por Gabriel Rodríguez, quien nos comparte recetas de las empanadas salteñas. En sus mesas se ofrece cocina de la región, a la carta o en degustación de cinco tiempos. Los fines de semana hay asado.

El siguiente punto en el itinerario son las viñas viejas de El Esteco. Con capacidad para 10 millones de litros, esta bodega es una de las principales productoras en la región. Entre viñedos de Torrontés y Cabernet Sauvignon más antiguos que la propia vinícola -fundada en 1958-, el agrónomo Francisco Tellechea explica detalladamente composición de suelos y clima.

Una vez instalados en la sala de degustación, probamos el resultado de aquellas viñas viejas, en Old Vines 1947, además de los Blends de Extremos, uno de Cabernet Sauvignon y otro de Malbec, que tienen la particularidad de mezclar la misma uva pero de dos terruños: Chañar Punco y Cafayate.

Aunque el camino es largo y pedregoso, vale la pena tomar la ruta 40 con rumbo a Angastaco para llegar a nuestro destino final: Colomé, la que hasta hace poco sería la bodega con los viñedos más altos del mundo.

Antes de llegar, habrá que detener la marcha en El Ventisquero, un mirador para entender desde las alturas por qué a este paraje le llaman Quebrada de las Flechas: cientos de puntas rocosas parecieran formadas para enclavarse en un perfecto cielo azul.

Luego de serpentear por la cordillera durante tres horas, arribamos a Estancia Colomé. Alrededor sólo montañas, viñedos y vegetación hacen inevitable preguntarse quién habrá sido el primero al que se le ocurrió asentar aquí un proyecto vinícola.

Pues nada más y nada menos que al Gobernador español de Salta, Nicolás Severo de Isasmendi y Echalar, quien fundó Bodega Colomé en 1831. Hoy este proyecto pertenece al magnate suizo Donald Hess y además de hotel tiene un museo dedicado a la obra de James Turrell, una experiencia de luz y espacio que nadie ahí debe perderse.

De sus vinos habrá que probar el Altura Máxima, elaborado con el único Malbec plantado a 3 mil 111 metros de altura y los Lote Especial, que difícilmente se conseguirán fuera de ahí.

El recorrido de vuelta a Salta es largo, pero recompensa los sentidos: en la Cuesta del Obispo, las nubes se funden con las montañas, hacen sentirse en el cielo y, abrazado por el viento, vibrar nuevamente con el magnético misticismo de los Andes.