Desatar nudos para recuperar la fe

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  • El santuario, que se caracteriza por sus espacios libres y abundante vegetación, recibe en promedio a 500 personas los fines de semana.

 

VÍCTOR HUGO ALVARADO

CANCÚN, Q. ROO.- En el país y en el extranjero, Cancún se ha ganado fama como una especie de “ciudad del pecado”, un lugar en el que (casi) todo vale cuando se trata de divertirse y al que los turistas asocian con excesos y libertinaje.

Pese a ello, muchos habitantes de la cabecera municipal de Benito Juárez presentan una característica arraigada históricamente entre los mexicanos: el fervor religioso.

El hecho de tener una población flotante y, en su mayoría, originaria de otras latitudes de México y el mundo, convierte a Cancún en una de las ciudades que más templos posee en el sur de la República; entre ellos, destaca uno de manera particular por múltiples factores, como su edificio, su popularidad como lugar de encuentro y una interesante tradición detrás de su surgimiento.

Luego de instituirse como advocación por parte del Papa Francisco, el Santuario de María Desatadora de Nudos fue erigido en Cancún hace cinco años para hacerse de un lugar en el corazón de sus habitantes, quienes la conocen como la santa patrona de los matrimonios y una intercesora no sólo de las dificultades de pareja, sino de cualquier tipo de “nudo” en nuestra vida.

Su origen se remonta al siglo XVII en Alemania y su llegada al continente americano vino de la mano del entonces sacerdote Jorge Mario Bergoglio, el actual Papa Francisco, quien trajo una estampilla con la imagen y la reprodujo en una iglesia de Buenos Aires hace 35 años. A partir de entonces, la imagen se extendería por el continente.

El sacerdote Luis Pablo Garza llegó procedente de la Ciudad de México e inició el primer santuario de esta advocación en el país. El templo consistía en unas cuantas carpas para cubrir a los fieles y troncos para sentarse en un predio ubicado en el polígono sur de la ciudad, una de las zonas residenciales más acomodadas de la urbe, pero que carecía de un lugar de oración y recogimiento.

Originalmente se pensó el estilo gótico como fisonomía para el templo, incluso existe una primera piedra bendecida por el propio Papa, pero la sensación de serenidad que inspira el santuario al aire libre, rodeado de naturaleza y con millares de listones como prueba de devoción, eliminaron el plan y se optó por mantener su valor espiritual, generado al estar en contacto con el exterior.

De acuerdo con el día de la semana es la cantidad de visitas que llegan al templo. Entre lunes y viernes, el promedio es de 70 personas, que llegan en grupos de dos o tres a diferentes horas, siempre para recorrer las instalaciones y conocer el santuario.

Las visitas se disparan a 500 personas por día durante los fines de semana, cuando se ofician desde ceremonias particulares hasta la tradicional misa dominical en tres horarios diferentes.

En diversas partes del santuario hay listones con plumones para escribir el nudo que se desea desatar. Una vez escrita la petición, se anuda el listón y se amarra en cualquier parte del templo, con la esperanza de resolver la inquietud existente.

Una vez resuelta la dificultad o petición, las personas vuelven al santuario a colgar otro listón, esta vez no de color blanco, para dar las gracias por haber respondido de buena manera a su dificultad. De ahí surge un lugar especial, conocido como la plaza de los agradecimientos, custodiada por una escultura de María Desatadora de Nudos realizada por una artista de origen argentino.

“Es algo muy bonito ver cómo la gente ha recibido esta devoción, cómo la han aceptado, cómo la buscan y cómo la quieren. Recuerdo cuando recién llegué a Cancún, mis compañeros sacerdotes me decían: ‘Padre, esa virgen no la conocía, no sé si la gente la va a aceptar’, y nos ha sorprendido el cariño, la fe, la devoción que la gente le tiene a esta Virgen”.

Tal ha sido el impacto de María Desatadora de Nudos como punto de referencia, que en Playa del Carmen, Tulum y Bacalar ha surgido la inquietud de tener templos propios y crearle un espacio propio ante la popularidad y el fervor religioso que hay en el que, hasta ahora, es el único templo dedicado a ella en todo México.

 

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