#CarbonesPolíticos | Cancún, ‘ciudad del pecado’… y de la devoción

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Elmer Ancona

@elmerando

 

Una idea equivocada es la de creer que Cancún es una “ciudad de perdición”. Nada más falso. Ni de la Zona Hotelera se podría decir eso, pese a que tiene áreas de restricción a las que sólo acuden personas demasiado “liberales” o de “mente abierta”.

Para los seres terrenales, los de carne y hueso, los que tienen que levantarse todos los días para ir a la escuela y al trabajo, vivir en esta ciudad es algo mucho más que sexo, drogas o alcohol.

Para la mayoría de los cancunenses ‒casi un millón‒, Cancún representa una fuente de empleo; una oportunidad de crecimiento; un espacio agradable donde se puede nacer, crecer y reproducir. Es el “Mexican Dream”.

Calificar a Cancún como la “ciudad del pecado” es una exageración; es cierto, mucha gente le entra sin pudor ni medida a vicios que asustan a los más conservadores.

Pero esto acontece en todos los estados, en cualquier país del mundo, incluidos los más puritanos. Hasta en la ranchería más pequeña hay maldad y desorden. Eso se ve en todas partes.

No hay nada de qué espantarse, no hay nada que no se haya visto o escuchado; hay ciudades, por ejemplo, donde los excesos no tienen freno, casi siempre por los elevados índices de prostitución, drogadicción o alcoholismo.

Esto no quiere decir que Cancún sea un lugar donde las autoridades políticas o religiosas, la sociedad y las propias familias, no tengan que poner algunos límites a la gente, para que no se traduzca en agresiones, homicidios o cualquier otro tipo de violencia.

Quizá donde habría que poner más atención, prender los “focos rojos”, es en el renglón de la pederastia porque Cancún se caracteriza por dejar que se practique el abuso y la prostitución infantil, sin que las autoridades hagan algo al respecto.

Las autoridades se hacen de la “vista gorda” ante este flagelo que hiere a cualquier sociedad, que vulnera los derechos fundamentales de los niños, que corrompen, en lo más profundo, a los ciudadanos.

Hay áreas donde todos tienen que poner mayor atención para hacer de Cancún una ciudad más pacífica y habitable, donde los padres de familia puedan tener la certeza de que sus hijos podrán crecer sana y tranquilamente.

Pero de eso a decir, como algunos lo han expresado, que Cancún es una “ciudad de perdición” o la “ciudad del pecado”, hay mucho de exageración. Hay un trecho enorme entre la realidad y la ficción.

 

Día Mundial de la Religión

El día 20 de este mes se celebró el Día Mundial de la Religión, fecha que difunde la Organización de las Naciones Unidas (ONU) con el ánimo de reconocer la espiritualidad esencial que caracteriza al ser humano.

También para reconocer el amplio abanico de creencias y doctrinas que hay en el mundo, que tienen que ser reconocidas y admitidas, en toda su gama, por la sociedad entera.

Es una tarea de inclusión de ideas que las naciones de todo el orbe deben ir admitiendo, por muy laica que sea su legislación, porque la gente se apega cada vez más a las deidades.

Y Cancún es un claro ejemplo de esto. Más allá del exceso y libertinaje que acostumbran practicar algunos turistas nacionales y extranjeros cuando llegan de visita a este destino, también hay muchos que vienen en busca de la libertad espiritual.

Por ejemplo, el “chamanismo” va en aumento, lo mismo que la “santería” o el “espiritualismo”, prácticas focalizadas entre gente que rompe con las doctrinas o creencias religiosas tradicionales.

En Tulum, las autoridades municipales han detectado prácticas espirituales donde se consumen hongos alucinógenos, situación que los obliga, por razones de salud, a supervisar mejor a las agrupaciones que lo fomentan.

Más allá del folclor o del turismo espiritual, lo sorprendente es detectar cómo los habitantes del Cancún urbano y rural, se aferran, cada vez más, a diversas creencias y dioses.

Y para muestra basta un botón: la Dirección de Asuntos Religiosos del municipio de Benito Juárez, tiene en su registro oficial un total de 790 templos religiosos de diversas asociaciones religiosas.

Esto convierte a Cancún en el centro espiritual más connotado en el Sur-Sureste de la República, por encima de otras ciudades que se han caracterizado, siempre, por su fervor religioso.

De acuerdo con las autoridades municipales, las razones son diversas, pero están identificadas en un sólo patrón denominador: la población flotante, la entrada y salida de gente de múltiples estados y países que enriquecen la cultura religiosa local.

En esta ciudad lo mismo se pueden ver católicos, cristianos, evangélicos, judíos, musulmanes, budistas o hinduistas, entre otros tantos signos que, de acuerdo con los sociólogos, satisfacen las necesidades de sus habitantes.

Esta es la razón por la que Cancún ha ido ganando peso religioso, por el arribo de gente de Asia, Europa, Norte, Centro y Sudamérica, que llega con conceptos espirituales y religiosos, y los deja en la región antes de partir.

Agradecer que esta ciudad les abrió las puertas, orar porque se les permitió obtener un trabajo digno, bendecir por las múltiples bellezas naturales que se observan en la zona, son quizá algunos de los motivos por los cuales los nuevos y viejos cancunenses se aferran a un poder superior.

Y qué mejor manera de expresar su fervor religioso que levantando templos (casi 800), haciendo rituales, fundando iglesias, esparciendo el nombre de los diferentes dioses por las regiones de la ciudad.

Claudia Gómez Verduzco, directora de Asuntos Religiosos en el municipio, lo define de esta forma: “Gran parte de la respuesta de la gente tiene qué ver con su procedencia, con su origen, pues al venir de muchos lados de México y del mundo, diferentes comunidades convergen y encuentran su nicho en esta ciudad, establecen lugares de convivencia y se interrelacionan, pese a su elevada carga de trabajo.

“Por supuesto, toda la gente necesita desarrollar esa parte espiritual, es por esto, seguramente, que ha ido aumentando el número de iglesias ante el crecimiento de la ciudad”.

 

El Cancún Espiritual

A fin de cuentas ‒y lo mejor de todo‒, los cancunenses, pese a los elevados índices de violencia, de carencias materiales que sufren, están convencidos de que la parte espiritual es mucho más trascendente que la parte “mundana”.

Quizá van entendiendo que las drogas, el alcohol, el sexo no son más que expresiones terrenales que, de no controlarse, pueden llevarlos a un callejón sin salida.

Qué bueno que autoridades y ciudadanos caminen de la mano para detonar esa parte esencial para todo ser humano: lo que se lleva dentro.