¿El home office es trabajo en pijamas?

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¿El home office es trabajo en pijamas? ¿qué ventajas y beneficios le da a un negocio? ¿hay ahorros? Una experta da su opinión.

Héctor Gerardo Perez Martínez / Agencia Reforma

Monterrey, México.- “El home office es trabajo en pijamas, ¿no?”. Eso me dijo Alba alterada cuando hablamos de aquel reclamo que le hizo una joven millennial de su staff: “¿Por qué nosotros no podemos tener trabajo flexible y los de la competencia sí?”.

Alba sentía una mezcla de desconcierto y enojo. Trabajar nunca va a cambiar, hay que levantarse temprano, asearse, ponerse presentable, salir y dejar atrás la casa y sus rollos.

Cuando se “va a trabajar” es porque hay que poner espacio de por medio entre el ambiente familiar y el laboral, “¿qué me está pidiendo esta chavita?, ¿qué sabe ella de trabajar si hasta hace una año era recién egresada?”.

Alba es una experta en marketing que pasa de 40, ella empezó apoyando como practicante en horarios desconsiderados, trabajando gratis con la consigna de “aprender” en unos años 90 en los que todo era distinto.

Su profesión en aquella época era ciencia oculta, el conocimiento se manejaba con gran recelo, los secretos profesionales no se compartían y la experiencia se construía con base al bluf de un buen traje o un buen carro.

Con todo, Alba creció, siguió activa incluso en las etapas de crianza de sus hijos creando un negocio especializado en medios de comunicación. Así que le parecía demente escuchar que aquella joven colaboradora le pidiera tener trabajo flexible.

Al mismo tiempo, Alba sintió angustia, ella sabía que tenía que hacer cambios, cada vez había más rotación, estaba batallando para conseguir talento calificado que quisiera trabajar con ella y se “pusiera la camiseta” de su negocio, pero sobre todo, que se quedara más de un año, porque tardaba más en entrenarlos que en ver resultados, terminaban yéndose a otro trabajo o en conflicto con ella. Se justificaba diciendo que es generacional, que los millennials no saben trabajar y todo eso… aunque en realidad, pensaba que debía encontrar la manera de reclutarlos.

Se dio a la tarea de investigar, tuvo el tino de empezar por su propio negocio, aunque todo el mundo le decía que la competencia había implementado programas maravillosos que debía copiar, ella se dejó guiar por su intuición al empezar desde adentro: “¿Por qué no podemos hacer home office?, ¿qué ventajas y beneficios le da a mi negocio implementarlo?, ¿hay ahorros?”.

Inició documentando las actividades de su equipo, seleccionando aquellas que se podían realizar vía remota, como documentar o ejecutar un proceso, fueron las primeras en trasladarse a una plataforma en línea, un software de manejo de proyectos que le permitió monitorear las entregas, responsables, calendarios y resultados.

Hasta ahora, ella ha logrado implementar un esquema laboral de reuniones matutinas y trabajo en casa por las tardes. Ha ahorrado en servicios y redujo la rotación de su staff a 0% en un año. La chavita millennial que le dio la idea todavía está en la empresa, ya es mamá, se las arregla para cumplir los objetivos de ambos roles, con un alto nivel de compromiso en el trabajo, a palabras de ella, “estoy muy a gusto, no me encuentro otro lugar para trabajar y tener ingresos sin descuidar a mi bebé. Pero no sólo ella, los varones de la organización son más productivos manejando sus metas.

Alba todavía no cree que sea el fin de la jornada laboral, pero está segura de que sus colaboradores están más comprometidos, aunque a veces trabajen en pijamas…

Para instalar un buen esquema de home office sugiero:

* Establecer mecanismos de evaluación del desempeño por metas con KPIs.
* Desarrollar procesos de trabajo claros.
* Implementar el uso de plataformas digitales con que resuelvan estos aspectos:
Gestión de proyectos.
Mensajería instantánea.
Almacenamiento seguro de datos en la nube.
* Tener paciencia para mejorar y disfrutar del beneficio, o darse por vencido a tiempo.

¡Hasta la próxima semana!

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