Se aplican con lupa recursos de Sedatu  

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  • Román Meyer Falcón, Secretario de Desarrollo Agrario, Urbano y Territorial, afirma que es obsesivo con la supervisión en los procesos de licitaciones de obras públicas.

Agustín Ambríz

PLAYA DEL CARMEN, Q. ROO.- “Soy codo por naturaleza”, se define el joven titular de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Urbano y Territorial (Sedatu), Román Meyer Falcón, para justificar su rigurosidad en el control, manejo y supervisión de los recursos públicos aplicados en el Programa de Fortalecimiento para la Reforma del Desarrollo Urbano y el Ordenamiento Territorial.

“Soy un obsesivo con la supervisión en los procesos de licitaciones de obras públicas, que antes representaban oportunidades para cometer actos de corrupción, tengo la disciplina de estar revisando cada propuesta de los proveedores, si está por arriba de los estándares de calidad y de precio, porque de lo que se trata es que sean obras duraderas a por lo menos medio siglo”, enfatiza.

En marzo entrante será la prueba de fuego del joven secretario, pues tendrá que demostrar que concluirá el primer paquete de 350 obras que ofreció el gobierno de la Cuarta Transformación dentro de este programa que busca fortalecer la institucionalidad en materia de ordenamiento territorial y desarrollo urbano, de acuerdo con el eje “Política Social” del Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024.

“El principio rector de este componente es ‘no dejar a nadie atrás, no dejar a nadie fuera’ y la Sedatu está comprometida en recuperar la rectoría del Estado sobre el territorio, mediante la formulación de normas e instrumentos necesarios para el manejo del uso del suelo en las diferentes escalas del país, en seguimiento a la implementación de la Ley General de Asentamientos Humanos, Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano”, explica.

En entrevista concedida a este medio durante su gira el fin de semana para supervisar el avance de las 18 obras (de las 350 a nivel nacional) que deberán entregarse en marzo en zonas marginadas de Playa del Carmen, acto al que asistió el presidente Andrés Manuel López Obrador, Meyer Falcón sostiene que la obra pública del país ha perdido la calidad y ha aumentado el costo, producto del modelo neoliberal que convirtieron las licitaciones públicas en una fuente de corrupción.

“Me he metido mucho en lo del costo-beneficio de las obras para verificar que son las adecuadas, las que mejor costo-beneficio representarán para la población; el 91 por ciento fueron licitaciones públicas y la revisión de las obras ha sido constante, porque nos encontramos con empresas buenas y empresas no tan dispuestas, que hay que corretearlas para que cumplan en tiempo y forma con la obra.”

A más de un año de haber asumido el cargo, dice que ha venido avanzando a contracorriente debido al abandono y desintegración institucional en que se encontraba la Secretaría, al grado de que las oficinas carecían de instalaciones para la conectividad en Internet.

“El primer impacto que tuve al llegar a la Secretaría, en diciembre de 2018, fue el de un sentimiento de abandono de las instituciones mexicanas; cuando entré a las oficinas las oficinas estaban vacías, el personal no iba a trabajar porque no tenían servicio de Internet, debían bajar al café internet de la esquina a poner su USB para enviar un archivo; este tipo de cosas daba a entender en el fondo cuál fue el uso de la Secretaría, era como una gran fachaleta con un sinfín de atribuciones y más de 22 programas bajo la responsabilidad de los cuerpos técnicos, algunos atentos a su trabajo, pero otros no, hacían otro tipo de trabajos”.

Meyer Falcón añade que tales condiciones no fueron un obstáculo para emprender la reestructuración en el manejo de prácticamente 22 programas chiquitos que carecían de un manejo coordinado, con objetivos tan disímbolos, entre ellos los de “Cocinas Ecológicas”, “Hábitat”, “Cuartos Rosas”, que no resistieron el riguroso análisis de costo-beneficio y fueron suprimidos.

“El tema es que era muy disperso y en nuestro análisis sobre el impacto de los beneficios en el territorio o en las comunidades era muy poco, entonces se tomó como base concentrar todo en un solo programa, en una sola bolsa, y es cuando nacen los dos programas: uno con el objetivo de mejorar la vida en las comunidades de mayor rezago en el país y otro el programa nacional de reconstrucción de vivienda, ese fue el arranque”.

Todo este proceso de restructuración institucional no ha sido arbitrario, indica, sino que se sustenta en previos estudios técnicos realizados por el Instituto Politécnico Nacional y la Universidad Nacional Autónoma de México, bajo criterios científicos, no políticos.

“Ambas instituciones nos han apoyado muy bien en la parte técnica, pero sobre todo en la parte política, para generar confianza en las comunidades donde se desarrollan las obras; hay una ventaja en tener un intermediador técnico con prestigio a nivel nacional porque da seriedad de que no es un asunto de partidos ni de disputa entre el ayuntamiento, el estado y la federación; no quiere decir que los técnicos sean infalibles, también hay errores porque el urbanismo tampoco es una materia exacta, pero ahí vamos avanzando, aplicando una rigurosa supervisión”, admite.

‒¿No han tenido resistencias de la sociedad al emprender obras por encima de sus autoridades locales?

‒No hemos tenido resistencias de la ciudadanía pero sí de ciertos grupos, en particular en el tema del manejo de los recursos, ya que en el pasado el municipio recibía directamente estos recursos y los administraba discrecionalmente, sin resultados tangibles, pero cuando les cambian este esquema, obvio que hay inconformidades; no nos dicen nada porque ni modo que se opongan a las obras porque les convienen, pero sí hay un enojo natural, algunos son más discretos, otros no.

‒¿Cuál fue el criterio para elegir las cien ciudades que serán beneficiadas con estos programas durante el sexenio?

‒Se trata de ciudades del norte, centro y sur del país que todavía tienen amplias zonas de marginación y altos índices de rezago en materia de servicios públicos, de espacios públicos, rezagos en lo que corresponde a temas de vivienda, en esto nos apoyaron mucho los estudios realizados por el Instituto Politécnico y la UNAM.

“Lo que se busca con los programas de la Sedatu es de igualar, en la medida de posible, la vida y desarrollo de la población que está en la frontera norte con la que está en la frontera sur; sabemos que es algo imposible tratar de igualar las oportunidades económicas, pero sí debe quedar claro en la población en conjunto la connotación política de que las cosas se están haciendo diferente, después de que el neoliberalismo abandonó el papel social de las instituciones, separando económicamente las diferentes zonas del país”, precisa.

El tipo de obras que mayor demanda tuvo la Sedatu cuando levantó sus cuestionarios entre las ciudades seleccionadas para recibir recursos de estos programas federales, fueron las instalaciones deportivas y la pavimentación de calles, según las cifras de la propia dependencia.

“No es el simple tendido de calles o la construcción de espacios públicos, sino que el programa persigue el sentido de identidad de cada comunidad, lo importante es lograr la cohesión social, que se pueda convivir con armonía con el vecino de la otra cuadra, que utilicen los deportivos para ir a jugar y divertirse, evitando conflictos o la alteración de la paz pública”, puntualiza.