Va a EU biblioteca de Carlos Fuentes

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  • La biblioteca personal de Carlos Fuentes es catalogada para su envío a la Universidad de Princeton, comparte Silvia Lemus, viuda del autor.

Podría decirse que Carlos Fuentes sigue habitando, de alguna manera, el estudio de su casa, junto a su biblioteca y parte de sus papeles, en la Colonia San Jerónimo Lídice.

Guapo, con su emblemático mostacho, todavía sonríe entre los libros que, salvo por aquellos que están en proceso de clasificación, permanecen tal y como los dejó a su partida.

Al acercarse al retrato ampliado de su marido, el mismo que fue colocado ante su féretro en el Palacio de Bellas Artes hace ya casi 8 años, la periodista Silvia Lemus aún lo saluda con cariño: “Hello, baby”.

En una habitación junto a una terraza amplia, con vista sureña a la ciudad, desde 2012 se trabaja arduo para que el legado de Fuentes no sólo permanezca intacto, sino perfectamente estudiado y clasificado.

En una noche de jueves, la bibliotecaria Rosario Martínez Dalmau actualiza, como lo hace dos veces por semana, el conteo de volúmenes clasificados. En esta ocasión, la jornada cierra en 12 mil 983.

Para Martínez Dalmau, quien también dirige la Biblioteca Gonzalo Robles del Fondo de Cultura Económica, el compendio de libros del autor de La región más transparente y Terra nostra es uno que sorprende, entre otras cosas, por la minuciosidad con la que fue conformado.

Entre los miles de volúmenes, prácticamente ninguno se repite, algo que es poco común para un bibliófilo tan voraz como Fuentes. Además, para alivio y regocijo de sus futuros biógrafos, cada libro suele estar marcado con una fecha de lectura o adquisición.

Los subrayados, dedicatorias y anotaciones están siendo preservados íntegramente y catalogados para poder dilucidar los hábitos y obsesiones intelectuales del autor.

Este acervo, no obstante, ya tiene un destinatario futuro designado por Fuentes en vida, y no está en México.

“Algún día se irá totalmente a la Universidad de Princeton”, advierte Lemus al respecto. “Él decidió todo. Dejó un testamento muy explicado y de acuerdo con su pensamiento”.

En lo que esto ocurre, la periodista y su equipo conforman una serie de libros que exploran dimensiones de Fuentes que no habían sido reunidas.

En diciembre de 2019, por ejemplo, apareció A viva voz (Alfaguara), una selección de conferencias culturales dictadas por el autor en universidades, ferias del libro y El Colegio Nacional entre 1982 y 2011.

Contemplar la biblioteca de su casa, a la luz de este nuevo libro, ofrece una mirada íntima hacia la vida literaria del Premio Cervantes.

“Él estaba solo en su oficina, siempre, y era un hombre que amaba trabajar. Él subía a su oficina y se encerraba”, relata Lemus sobre la forma en la que preparaba sus conferencias.

“Yo sé que él guardaba mucho en su memoria, que sacaba de su memoria, de su ‘archivo privado'”, dice su viuda, señalándose la sien. “Pero también él leía, leía mucho. Se preparaba. Era una persona que era workaholic“.

En un lugar privilegiado de la biblioteca, como inspiración para las jornadas de trabajo, Fuentes colocó los retratos de sus figuras tutelares, como Honoré de Balzac, William Faulkner, Franz Kafka y Edgar Allan Poe.

En A viva voz, Fuentes diserta sobre todos estos autores en una sección denominada “Maestros”, en la que incluye, también, a Miguel de Cervantes.

“Sus enseñanzas las vivía y las exteriorizaba hablando, en conferencias, y en su escritura, en sus libros”, señala Lemus.

Las seis conferencias en la sección “Vocación”, por otra parte, reflexionan sobre temas como la literatura moderna, las geografías literarias, la creación escritural y la novela de la Revolución Mexicana.

En una de ellas, titulada “¡Obra en la vida!”, dictada en el Círculo Madrid, en 1995, declara que quiere a sus propios libros como si fueran sus hijos, “aunque algunos sean rengos, bizcos o albinos”.

En el estudio de Fuentes, dos libreros grandes exponen, con orgullo, a todos sus hijos, desde el volumen de cuentos Los días enmascarados (1954) hasta la novela póstuma Aquiles o El guerrillero y el asesino (2016), desde la primera hasta la última edición y con todas sus traducciones.

“A mí me decía que sus libros eran un solo libro, una sola novela. Yo me imagino que él pensaba, o lo podemos pensar nosotros y no él, que eran como eslabones que se unían uno al otro”, interviene Lemus.

La parte central “Amigos”, donde diserta sobre Octavio Paz, Luis Buñuel, Alfonso Reyes, Julio Cortázar y Fernando Benítez podrá descubrirse en su biblioteca, en dedicatorias y anotaciones, hasta que ésta sea clasificada por completo.

“La admiración literaria es inmediata, pero no tiene el calor del ser humano frente a ti, pero desde luego que él, sobre todo, tenía amigos literarios, debo de reconocerlo”, recuerda Lemus.

Con un libro sobre sus textos periodísticos en camino, y quizás algunos cuentos de juventud todavía por descubrir, Carlos Fuentes aún habita, como lo hiciera en vida, el estudio de su casa en San Jerónimo.

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