¿Estamos preparados para el coronavirus?

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  • Expertos aseguran que en México hay virólogos y laboratorios para una emergencia, pero que no hay fondos para un plan de contingencia.

ISRAEL SÁNCHEZ / GRUPO REFORMA

En una de las metrópolis más grandes y conectadas de México, 41 personas ingresan al Seguro Social con fiebre alta, dificultades para respirar y afectación pulmonar. Todos síntomas de neumonía, pero el origen de esta infección es, de hecho, desconocido.

Las autoridades descubren que cada uno de estos pacientes habría visitado un mercado popular, caracterizado por el consumo de alimentos exóticos -con un laxo control de salubridad e higiene-, y deciden emitir una alerta. Días después, confirman que la causa es un nuevo miembro de la familia de los coronavirus: 2019-nCoV, se le denomina.

En verdadero tiempo récord, científicos consiguen secuenciar el virus y, con ayuda y retroalimentación de la comunidad internacional, desarrollan una prueba diagnóstica. A pesar de todo esto, el patógeno logra contagiar a más de 9 mil personas, y cobrar la vida de más de 200. La Organización Mundial de la Salud (OMS) declara el brote como una emergencia de salud global.

En realidad esto no ocurrió en nuestro País, sino que son los avatares de un crítico episodio epidemiológico protagonizado en las últimas semanas por la ciudad china de Wuhan, con la eventual expansión viral hacia otras latitudes. Tesitura que nos obliga a interiorizar la mirada y, desde nuestras capacidades y carencias, cuestionar: ¿Cómo reaccionaría México ante una crisis de esta índole?

“Creo que tenemos el recurso humano capacitado para actuar contra una situación de este tipo”, opina en entrevista la doctora en ciencias biológicas Claudia Charles Niño, profesora investigadora de la Universidad de Guadalajara (UdeG).

“Hay virólogos en puntos estratégicos del País. Si bien no es posible tener el estudio de un virus reciente, un virus que es nuevo, sí hay muchos grupos de trabajo en el área de virología y en atender familias de virus muy cercanas a éste que se está presentando en este momento”.

El doctor en investigación biomédica básica Carlos Arias o la doctora en ciencias Ana María Rivas Estilla -cuyo grupo de investigación en la UANL estandarizó la técnica de diagnóstico molecular del SARS-Coronavirus- son algunos de los especialistas en la materia que Charles Niño nombra, sin obviar una precisión:

“Es imposible que encontremos una persona que sí esté dedicada a coronavirus, puesto que aquí no hemos tenido casos. El SARS no llegó; el MERS (coronavirus del síndrome respiratorio de Oriente Medio), me parece que hay uno o dos casos probables. En realidad no podemos estar trabajando sobre un patógeno que no existe todavía en el País.

“Sin embargo, hay muchos patógenos muy similares y que de ahí nosotros nos basamos para hacer las correlaciones. Por ejemplo, se puede trabajar con una familia de virus y trasladar mucho del conocimiento, aplicarlo a los nuevos que van surgiendo”, explica quien, de 2016 a 2019, se desempeñó como jefa del Departamento de Microbiología y Patología en el Centro Universitario de Ciencias de la Salud de la UdeG.

Para el médico cirujano general Christian García Sepúlveda, no obstante, sí es posible trabajar en agentes patógenos que aún no surgen en nuestro territorio, pero distintos factores lo obstaculizan, lo cual merma la capacidad de respuesta que México pueda tener ante una potencial crisis epidemiológica.

“Desafortunadamente, las prioridades de salud están más enfocadas hacia riesgos ya latentes, riesgos que ya existen; en luchar contra enfermedades infecciosas que ya sabemos que están aquí y que afectan a poblaciones vulnerables, sobre todo a los más desprotegidos, a todas esas comunidades más alejadas o que se enfrentan más a ese tipo de enfermedades.

“Pero. hay algunos investigadores, yo entre ellos, que nos hemos dado a la labor a lo largo de los últimos años”, cuenta, “en tener los laboratorios equipados para poder salir al brinco ante este tipo de contingencias, para poder responder al menos con infraestructura y conocimiento de biología molecular, que es, posiblemente, una de las estrategias más adecuadas para la detección y el diagnóstico de esas enfermedades a través del análisis del material genético”.

A decir del también doctor en inmunogenética y biología molecular, responsable del Laboratorio de Genómica Viral y Humana en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, hay muchos investigadores que han estado trabajando con coronavirus en animales y con patógenos exóticos de otro tipo, pero trabajosamente consiguen recursos por parte del Estado.

“México tiene sus propias fiebres hemorrágicas autóctonas, y sabemos bien poco acerca de ello, y el hecho de que sepamos tan poco es porque es difícil conseguir fondos de investigación. No se diga fondos para establecer laboratorios en esas regiones o para permitir la logística de investigación de la ocurrencia de este tipo de cosas, de este tipo de agentes patógenos de una manera concertada.

“Desafortunadamente, cuando uno mete proyectos a Conacyt, que es la principal fuente de financiación para proyectos e investigación, pues esos proyectos generalmente están enfocados a evaluar o trabajar con enfermedades que ya están enfermando y matando personas en México”, lamenta García Sepúlveda.

“Si tú metes un proyecto diciendo: ‘Queremos ver cuál es la posibilidad de que surja un virus como ébola en México’, pues no representa un riesgo latente para la comunidad médica, y por lo tanto no va a ser aprobado. Y significa que no vas a tener los reactivos a la hora de que venga un brote como estos”.

¿Podemos decir que funciona como el dicho “ahogado el niño, a tapar el pozo”?

“Claro, claro, y generalmente no es nomás un niño. Tienen que ver que haya realmente una necesidad, que haya muchos muertos, muchas gentes enfermas, para poder realmente involucrar a servicios de salud, a la Secretaría de Salud en su respuesta o vigilancia.

Y de construir en México un hospital en unos cuantos días para una emergencia así, ¿mejor ni hablar?

No. Construir un hospital, aunque sea uno por año en donde lo quieras, es todo un trámite burocrático.

Tecnología y transparencia

Las acciones de China ante el brote emergente se volvieron paradigmáticas no sólo por tener las secuencias genéticas del virus en unos cuantos días, sino por el hecho de que el Gobierno chino liberó dichas secuencias al público para que cualquiera las pudiera analizar.

Esto permitió que investigadores de diferentes latitudes, usando las redes sociales para comunicar sus hallazgos y cruzar los resultados, iniciaran un trabajo sin precedentes que permitió crear en tiempo récord una prueba diagnóstica, calcular el potencial de contagio y prever el comportamiento del virus.

¿Esto sería posible en el contexto mexicano? Por lo menos en la parte de la secuenciación inmediata, no parece haber duda.

“Sí, sin problema. Yo, por ejemplo, simplemente aquí en mi laboratorio cuento con un secuenciador del tamaño de mi mano que puede llegar a leer perfectamente la secuencia de un nuevo virus”, expone Charles Niño.

“Esto que se hizo en China se puede hacer aquí en México porque la tecnología ha avanzado, y nosotros tenemos esa tecnología; tenemos secuenciadores de la misma calidad y la misma sensibilidad que en los países de Primer Mundo”.

Sin embargo, García Sepúlveda precisa que aunque se cuente con estos equipos de secuenciación de próxima generación, y existan a lo largo del País varios laboratorios de bioseguridad equipados con toda la capacidad tecnológica, el acceso a los fondos para adquirir los reactivos necesarios que pongan en operación toda esta infraestructura es muy limitado.

“Y cuando logramos fondos para poder echar a jalar estos aparatos, pues van muy dirigidos a trabajar hepatitis b en una población de VIH positivo, por ejemplo.

“Cosas que ya sabemos que existen y para lo que necesitamos dinero, pero no hay, por así decirlo, un fondo de emergencia que Conacyt tenga o la Secretaría de Salud tenga asignado para repartir entre los laboratorios que tienen experiencia y que tienen los equipos para salir al brinco en estas contingencias, desafortunadamente”, sostiene el médico cirujano.

Aunado a esto, replicar esa transparencia con que China, primero, lanzó la alerta epidemiológica antes de que el virus saliera del Continente asiático, y cómo posteriormente liberó la información genética generada, no se aprecia posible bajo la guardia del Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos (Indre).

“Es un instituto muy fregón, con mucho equipo, personas muy capacitadas, pero como en muchas ocasiones el manejo de la información sanitaria tiene relevancia como indicador económico para países del OCDE, se maneja de una manera muy centralizada. Tienen mucho control sobre el tipo de información que se genera y que se libera al público.

“(Además), no le quiero echar tierra al Gobierno mexicano, ni a éste ni a los anteriores, pero sí es un bien político la información epidemiológica. El decir: ‘Aquí no pasa nada’, sigue siendo muy importante”, enfatiza García Sepúlveda.

Para ‘inocular’ a México

Si México cuenta con expertos en la materia y capacidad tecnológica, ¿qué hace falta para mejorar los tiempos y formas de reacción ante emergencias sanitarias de origen viral?

“Yo realmente pienso que un plan nacional de contingencia epidemiológica debe de existir por esos patógenos virales emergentes, y hay una listita bien definida por las sedes de los centros de control y prevención de enfermedades de los Estados Unidos donde se numeran los diferentes patógenos de preocupación mundial”, expresa García Sepúlveda.

Asimismo, sugiere la creación en Conacyt de un fondo de emergencia para inyectar recursos a los laboratorios que ya tienen experiencia trabajando con patógenos, y que así tengan la oportunidad de responder ante un brote con la capacidad de diagnosticar pacientes y desarrollar distintas técnicas de análisis o realizar trabajo de campo.

En un comunicado difundido el pasado 27 de enero, el organismo que dirige la ecóloga María Elena Álvarez-Buylla anunció el reciente lanzamiento de la convocatoria para el Programa Nacional Estratégico de Salud que, entre otros, implementa el correspondiente Proyecto Nacional de Investigación e Incidencia en Virología.

Por medio de la investigación multidisciplinaria, la formación de especialistas y el desarrollo de tecnología especializada, dicho programa -encabezado por el propio Carlos Arias- buscará prevenir, diagnosticar y diseñar tratamientos eficaces para las enfermedades virales.

“No parece ser el caso del coronavirus de Wuhan -al menos todavía-, pero a México podría llegar otro agente muy contagioso, con una alta morbilidad y mortalidad, y entonces se necesitaría tener internamente la capacidad para desarrollar métodos de diagnóstico propios, de producir vacunas y de tener gente involucrada en el diseño de fármacos”, manifIesta Arias en el boletín.

Por su parte, Charles Niño considera necesario, como ha venido pugnando varios años la Red Mexicana de Virología -de la cual es integrante-, un órgano que agrupe y facilite el trabajo conjunto de todos los investigadores dedicados a estos temas.

“Creo que sí hace falta lo que la Red Mexicana de Virología ha estado insistiendo sobre concentrar los esfuerzos en algún instituto que se dedique 100 por ciento a la virología.

Quizá sería muy beneficioso tener un instituto que solamente trabaje la virología y se concentre justamente en estos casos”, detalla.

Y, pese a todos estos menesteres, la doctora en ciencias biológicas subraya que México ya fue, de hecho, epicentro de una contingencia epidemiológica de la cual logró salir avante: la influenza A H1N1, originada en Veracruz, y que causó el deceso de al menos 284 mil 500 personas a nivel mundial.

“Yo creo que eso no lo debemos de olvidar, así como no olvidamos las cosas malas que nos suceden en el País, no hay que olvidar las buenas, donde tuvimos aciertos, y ése fue uno de ellos. Ahí creo que fue una prueba de oro para comprobar que efectivamente sí podemos contener las infecciones en medida de prevención.

“En el caso de México creo que debemos concentrarnos en eso, en la prevención”, concluye la doctora en ciencias biológicas.

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