Nueva Orleans: En tiempos de carnaval

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  • Ya viene el famoso Mardi Gras, el carnaval de Nueva Orleans que atrae miles de curiosos cada año.

MIGUEL GONZÀLEZ / ENVIADO

NUEVA ORLEANS.- La joya de este estado no se puede entender sin el Mardi Gras, el carnaval que atrae a miles de curiosos cada año y que este 25 de febrero garantizará diversión a raudales.

Múltiples desfiles se suceden por las calles de Nueva Orleans desde cada 6 de enero (Epifanía o Día de Reyes) para que, tras algunas semanas de fiesta, todo se esfume al llegar el Miércoles de Ceniza, pues Luisiana preserva las tradiciones católicas heredadas de franceses y españoles. No en vano su división política se finca en parroquias, a diferencia de los condados del resto de Estados Unidos.

Del 21 al 24 de febrero será el Mardi Gras Mask Market, en el cual los participantes, a bordo de suntuosas carrozas, tienen prohibido, por ley, revelar su identidad. Es una emocionante responsabilidad pertenecer a algún krewe, las cofradías que protagonizan los desfiles y que arrojan collares con los colores oficiales, dorado, verde y morado, a la multitud.

Nueva Orleans se hace llamar The Big Easy porque invita a tomar las cosas con calma. La gente incluso pronuncia de distintos modos su nombre, lo cual confirma la regla.

Su esencia reluce inalterable en cada rincón y casona del Barrio Francés, casco antiguo que daría origen a la urbe fundada hace 302 años. Sus construcciones combinan fachadas de estilo colonial europeo con balcones y patios centrales que remiten a los andaluces. Unas tienen un encanto visible y otras, dicen, están encantadas. Está hecho para pasear sin soltar la cámara porque es un viaje en el tiempo: historia, arquitectura, hoteles, restaurantes, bares.

De un lado, las tres torres de la Catedral-Basílica de San Luis dominan el paisaje frente a Jackson Square. A un costado figuran el antiguo Cabildo y lo que fue una prisión de época; al otro, The Presbytère. Esto, a unos cuantos metros del muelle donde aguardan los barcos de vapor, réplicas de los clásicos, que surcan el caudaloso Mississippi.

Esta es la cuna del jazz. A unas cuadras, el Preservation Hall ofrece, desde 1961, conciertos íntimos del género puro, con músicos cuyo virtuosismo gana ovaciones. Y el jazz impregna las calles: el histórico Café du Monde, establecido en 1862 y célebre por sus beignets (pan dulce), también es adornado con las notas de alguna improvisada banda. Esta coffee shop se sitúa en un extremo del French Market y la visita es de rigor.

Las mejores expresiones de la vida nocturna se dan tanto en Bourbon Street, salpicada de cantinas, clubes y espacios con música en vivo (además de sus cotizados balcones para gozar la versión desinhibida de Mardi Gras), y en Frenchmen, que incluye conciertos diarios (jazz, big band, R&B) en el Snug Harbor Jazz Bistro.

Paralela a Bourbon, la calle Royal reúne las galerías de arte, joyerías, boutiques y tiendas de antigüedades más preciadas.

Al turismo se le facilita una experiencia lo más placentera posible. Una de las mejores pruebas es que el exitoso programa Louisiana Tax Free Shopping reembolsa a los visitantes los impuestos en compras efectuadas en más de mil 500 comercios afiliados; tan sólo hay que seguir indicaciones muy sencillas.

Para saber

– NOLA es la forma abreviada para referirse a Nueva Orleans, Luisiana.

– El New Orleans Jazz Museum cuenta con instrumentos que tocaron leyendas como Louis Armstrong y Dizzy Gillespie.

– Hay que ir a los cementerios de la ciudad y las cercanas plantaciones.

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