#CarbonesPolíticos | Fátima, Ingrid… y los gobernantes que duermen

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Elmer Ancona

Mientras los políticos duermen en sus laureles, las mujeres jóvenes y adultas mueren desolladas. Ni las niñas se salvan del salvajismo que se ha desatado en su contra. México se ha convertido en un caos.

Los gobernantes piensan más en la estética de los postes, de los monumentos, de las puertas de gruesa madera de Palacio Nacional, que en la piel y los órganos de las mujeres.

Esas cosas no les duelen, no los sensibilizan, no los culpan, no los llenan de preocupación, no los motivan, no los ponen a pensar, no despiertan su conciencia. Para nada. Para ellos, simple y llanamente, no acontece nada.

Para estos políticos, empezando por el presidente de la República, son sucesos que se vienen arrastrando tiempo atrás, movidos por intereses conservadores o neoliberales. Es de índole capitalista.

De acuerdo con la percepción de Andrés Manuel López Obrador, el violador no es él; el asesino no es él; el feminicida no es él. La culpa la tienen otros, los que siempre han pensado “diferente a él”.

Efectivamente, él no puso en su mano el cuchillo que le quitó la piel a Ingrid, una joven mujer de apenas 25 años de edad; él no azotó la fuerte hacha para cortarla en pedacitos; él no caminó para arrojar todos los restos por la alcantarilla. Él no lo hizo personalmente.

Efectivamente, él no fue a la escuela y esperó, pacientemente, a la pequeña Fátima, de apenas 7 años de edad, para darse a la fuga; él no la sometió sexualmente; él no la golpeó salvajemente hasta matarla; él no le quitó los órganos para -quizá- venderlos en el mercado negro.

López Obrador no hizo nada de esto, por supuesto; de hecho, no hizo, no ha hecho ni hará nada al respecto porque los culpables tienen nombre, pero no apellido: los capitalistas, el neoliberalismo, los conservadores.

Más que la piel y los órganos, lo que más vale para el primer mandatario son las históricas puertas de su nueva casa, de su hogar, del enorme espacio que comparte con su familia, con su esposa, con su hijo.

Que no le toquen lo que más quiere en la vida, la puerta principal de su nido de amor, porque -ahí sí-, las feministas que se atrevan se las verán con la rudeza de sus palabras amenazantes.

Porque Palacio Nacional es su espacio de amor, su coto de poder, su “pequeña patria”, que no puede ser tocado por nadie, mucho menos en aras de la defensa de las mujeres en este país.

Las “feminazis”, diría la morenista e ingenua Yeidckol Polevnsky, “deben ser más creativas” para expresar su odio, su malestar, su rencor por la muerte de todas esas mujeres vejadas y ultrajadas, asesinadas brutalmente. Así lo hacen en otros países donde hay más “imaginación” y “arte”, sin dañar los monumentos nacionales.

La pequeña Fátima

Todo México se moviliza; hombres y mujeres, jóvenes y adultos expresan su desconcierto en los medios nacionales, en las redes sociales, ante la pasividad de las autoridades federales para poner freno a tanta masacre.

La pequeña Fátima despertó al “México dormido” que llevamos dentro; a los pretorianos que están dispuestos a dar la vida por tener una patria digna, generosa y unida.

La pequeña Fátima vino a recordarnos que los mexicanos no pueden permanecer pasivos ante la negligencia de unos gobernantes atolondrados, aturdidos, ciegos y mudos ante tanto dolor.

La pequeña Fátima sacudió la conciencia de toda una nación que está harta de ver correr tanta sangre por su suelo; ver caer una víctima tras otra, en manos de tantos criminales que caminan tan felices y campantes por las calles de México.

La pequeña niña, de apenas siete años, que caminaba inocentemente de la mano de su secuestradora, sin darse cuenta de que tenía los minutos contados, movió el corazón de todo un pueblo, capaz de unirse en los momentos más álgidos de su historia. Como la de ahora.

¡Cómo es la vida de esta patria nuestra! Tan lastimada, tan herida, tan vilipendiada por los hombres y las mujeres (no todos) que la gobiernan, que se van en manada, como jauría, en contra de todos los que piensan y son diferentes. Que son la mayoría.

Fátima, nuestra pequeña Fátima, vino a unir a toda esta gente que levanta la voz cada vez con más fuerza; que no se esconde; que no teme decir a sus autoridades que sirven para muy poco.

Pese a su inmerecida e injustificable trabajo de unificación, al quedar sin vida, ya no queremos más “fátimas”, ya no queremos más mujeres secuestradas y mutiladas por gente aborrecible.

Perdón presidencial

Pero no basta con “no querer”, los mexicanos están llamados a exigir, a demandar, a denunciar, a gritar lo más que puedan, a actuar en contra de todos aquellos que no mueven un solo dedo para tener un México en paz.

Los mexicanos están llamados a salir a las calles, a manifestarse pacíficamente para pedir a sus autoridades que hagan algo más que discursos, que ofrezcan algo más que palabras insulsas y huecas.

Hoy le tienen que recordar a sus dirigentes, a sus gobernantes, que si no pueden defender los intereses de los ciudadanos, que si no pueden proteger a las mujeres de todas las edades, que dejen sus puestos, que renuncien a los fastuosos sueldos que les otorga la sociedad quincena tras quincena.

Y este mensaje no sólo es para el presidente de la República que sigue pensando, que sigue soñando que la de México es una sociedad feliz, muy feliz, y que la tristeza únicamente la ven sus adversarios.

Para este presidente que no se cansa de decir que los criminales tienen derechos, que deben ser perdonados, que no deben ser juzgados ni encarcelados porque esta no es una buena solución.

El mensaje de todos los mexicanos va también para los presidentes municipales, para los gobernadores de los estados, para los diputados locales y federales, para los senadores, para todo servidor público que viva de los impuestos de la gente.

Nadie se puede ver exento de estas responsabilidades, de la prioridad de salvaguardar y proteger la integridad de los ciudadanos, y en estos tiempos que vivimos, de las mujeres que viven en una inseguridad permanente.

Fátima, Ingrid, perdón por la tardanza para levantar con mayor volumen nuestra voz; perdón por ser tan pusilánimes, tan apáticos, tan tardados para las cosas de suma importancia.

Hoy los mexicanos nos ponemos al tiro, nos ponemos más alertas, marchamos y protestamos por su brutal muerte. No podemos permitir más pérdidas. Nuestras mujeres, nuestras niñas deben ser salvadas.

Hoy no sólo oramos y rezamos por ustedes, sino por nuestras amigas, nuestras madres y hermanas, por nuestras compañeras de vida que no queremos que sean las próximas víctimas.

Hoy queremos un México en paz, digno, loable. Hoy queremos unos gobernantes capaces de dar soluciones. Si no pueden, que se larguen.

@elmerando

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