Carbones Políticos: Partidos políticos… sin liderazgos carismáticos

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Partidos políticos… sin liderazgos carismáticos

Elmer Ancona

Para nadie es un secreto que los ciudadanos están cansados, por no decir hartos, del diario acontecer político; de tiempo atrás, las encuestas siguen apuntando que la percepción que se tiene de los gobiernos, de los partidos, de sus funcionarios públicos, está por los suelos.

A la gente, y sobre todo a las nuevas generaciones (“Millenials”, “Centenials”), lo que menos interesa son las cuestiones partidistas, gubernamentales, “institucionales” y electorales.

Y es de preocuparse. Los nuevos y viejos políticos hacen de todo para que sus discursos terminen convenciendo a ese amplio sector que se prepara no sólo para emitir su voto, sino para tomar las riendas de este país.

Hoy en día, en las viejas estructuras partidistas (PRI, PAN, PRD, PVEM, Morena, MC, entre otros tantos), no se vislumbra un solo político carismático en el que pueda pensarse para motivar a una alternancia en el poder.

A México le urge no sólo tener uno, dos, cinco políticos que arrastren a las masas, sino un auténtico cuadro de futuros legisladores y servidores públicos capaces de ganarse el sentimiento de las masas.

Es una vergüenza observar que en los diferentes institutos registrados ante el Instituto Nacional Electoral (INE), ya sean partidos políticos o Agrupaciones Políticas Nacionales (APN), no hay dirigentes “de a de veras”, entregados a las causas más nobles de México.

Al menos la gente no los identifica, no los reconoce y mucho menos los sigue; si usted hace una prueba piloto y aplica una pequeña encuesta entre los jóvenes, con toda seguridad no sabrán dar el nombre de un solo político que valga la pena por el cual apostar. No sienten respeto por la política. Ante esto ¿Qué se puede hacer?

 

La formación de ‘cuadros’

 

Este año, dormido electoralmente, debe ser aprovechado por los partidos políticos para formar cuadros, afianzar principios y doctrinas, para desarrollar y modernizar plataformas políticas.

En México, sólo dos estados tendrán elecciones ordinarias el próximo 7 de junio; en el estado de Coahuila se elegirán 16 diputaciones de mayoría relativa y 9 de representación proporcional.

Mientras tanto, en el estado de Hidalgo los ciudadanos saldrán a elegir a sus 84 presidentes municipales; en el resto de la República, gobernantes y ciudadanos podrán disfrutar de tranquilidad democrática. Esto va para Quintana Roo.

En este aparente sosiego y “silencio político”, los partidos políticos deben tener diversas obligaciones con sus militantes, en primera instancia, y con el resto de la ciudadanía que pide más resultados.

Para nadie es un secreto que, en México, desde hace varias décadas, predomina un desánimo generalizado hacia los institutos políticos, financiados con recursos públicos, con los impuestos que carga la gente sobre sus espaldas.

Prevalece un sentimiento colectivo en el que hombres y mujeres, gente del campo y de las urbes, comenzaron a expresar un resentimiento hacia sus propias instituciones (ya no sólo desconfianza en las personas).

Cuando se habla de “antidemocracia”, por supuesto, no necesariamente se hace referencia a los tiempos electorales, en el que las urnas son alteradas, los resultados son viciados y los votos son comprados. No.

Aunque todo ese desorden político es creado desde las precampañas y campañas electorales, o el mismo día de la votación, el fenómeno se refleja también desde los propios gobiernos, una vez que los “triunfadores” de las contiendas asumen y ejercen el poder.

A fin de cuentas, la tarea antidemocrática la comienzan a ejercer los políticos desde que se convierten en “poder”, desde que empiezan a despachar en Palacio Municipal, en Palacio de Gobierno, en Palacio Nacional. También desde las Cámaras Legislativas.

Cuando los políticos y sus institutos políticos comienzan a gobernar para sí mismos, velando por los intereses de sus familias, de sus partidos; la práctica antisocial, la política anticomunidad, se ve reflejada en las escasas y malas prácticas administrativas.

Se piensa en todo, menos en la gente, en los gobernados, en los ciudadanos, en los votantes. Ante esto, en términos democráticos y tiempos de adormecimiento electoral ¿qué se puede hacer? Aquí algunas ideas fuerza:

 

Partidos Políticos:

  • La formación de “cuadros” es lo mejor que pueden hacer estos institutos políticos, principalmente el “adoctrinamiento” de los jóvenes, de las nuevas generaciones, de los liderazgos emergentes.

 

  • Sembrar en ellos ideas poderosas de cambio, de transformación, de afianzamiento o ruptura -dependiendo de las necesidades-, les permitirá incrementar el número de simpatizantes, además de ir preparando, con inteligencia, los caminos de sucesión.

 

  • Convocar a los dirigentes o militantes más veteranos para hacer foros, dinámicas, prácticas parlamentarias, entrenamientos, hará que las nuevas generaciones lleguen mejor preparados a los puestos de mando que se disputan.

 

  • Enfrentar a las nuevas generaciones, por ejemplo, a un media training, los hará capaces de dar respuestas acertadas, profesionales, oportunas, en cualquier rueda de prensa, conferencia o evento público.

 

  • La modernización de sus plataformas electorales, rumbo a futuras elecciones, también ayuda mucho en los tiempos de reposo electoral; constantemente los paradigmas políticos van cambiando e ingresan ideas de inclusión, diversidad, pluralidad, que deben ser tomados en cuenta

 

  • Y parte fundamental para los partidos políticos en este “impasse” es actualizar, modernizar, transformar sus medios de comunicación, sus plataformas informativas, con el fin de captar la mayor atención de sus audiencias, de sus simpatizantes

 

En este contexto, no hay pretexto alguno para que los partidos políticos fortalezcan su marca porque, de no hacerlo, seguirán en el rezago.

@elmerando

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