WAYEB POLÍTICO: Todos tenemos coronavirus

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Édgar Félix

Recurro al clásico del escritor portugués excepcional, José Saramago, cuando en el libro Ensayo de la Ceguera muestra esa parte social afectada en nosotros intangible y pajarera (este término lovezvelardiano en su más infinito sentido). El juego de espejos, las circunstancias que se encuentran, la vista como un efecto reflexivo, mirar como un ejercicio animal y jugar con las luces y sombras en la sociedad hacen de esta obra de Saramago una base fundamental para entender otras actitudes de las masas frente a fenómenos de pánico.

El viernes pasado estuve frente a ese elefante del terror mundial llamado Meraviglia, encallado en las apacibles aguas de Cozumel. Qué mejor ejemplo de cómo nos contagiamos por lo intangible para expresarlo con todos nuestros miedos provenientes desde que nacimos. No es ridículo, es tan humano como el control del gobierno sobre muchas de nuestras actividades y a eso que llamamos “formas de ser” y “es que así pienso yo”. Vaya. Pero a la hora los miedos colectivos todos somos iguales aunque algunos más exagerados que otros. Todos nos contagiamos y actuamos como tales.

Por esos días cualquier mensaje proveniente de las instancias oficiales era sospechoso; bueno, siempre, pero esa semana eran muchísimo más atractivas para grandes conversaciones que no te llevan a ningún lugar. Por ejemplo, el mensaje del gobernador de Quintana Roo, Carlos Joaquín, tuvo un efecto en dos o tres horas que cualquiera que escuchara la respuesta de las personas provocaba un rictus marcado del “qué jodidos no entendí” o el “dónde me quedé”. Iban desde el “claro, el gobernador, sabe que hay una guerra mundial y al permitir encallar al Meraviglia se está ganando a los gringos y los chinos pensarán más en invadirnos”. Del terror todo eso.

Pero no es para reírnos de las reacciones de la ceguera social, vuelvo a Saramago, sino para repensar como medios de comunicación los efectos nocivos de la desinformación; pero ahora los medios son  también internet y en esa vía se leen muchísimas teorías de la conspiración que luego ves reproducidas en esas conversaciones pero con actores y fenómenos distintos. Todo cabe en los vectores horizontales y verticales de los complots. Internet es el peor virus que hay en la actualidad frente a los ciudadanos que padecen ceguera social.

Por eso, todos padecemos del coronavirus. Cuando el gobernador Carlos Joaquín permitió encallar al crucero holandés, no italiano, todas las conspiraciones se desataron y tan tranquilo que estaba el mar por esos días, aunque con unas rachas de vientos huracanados. Lo mismo pasó con el presidente López Obrador, quien además adhirió aquella frase de la inhumanidad para pegarle a los corazones ciegos. En pocos minutos acudieron frente al Meraviglia varias señoras con sendos carteles reprochando la presencia de los extranjeros “con coronavirus”. Además de que los turistas no padecían la enfermedad había nueve mexicanos, así que no todos eran extranjeros y el dilema ocurrió cuando les preguntamos: ¿qué vamos a hacer con los mexicanos? La respuesta fue un mutis retorcido y luego la típica salida que nos pone la tangente. Dos horas después ya no estaban en el muelle, pero sí muchos seguían enojados porque los dejarían bajar “sin hacer las pruebas bien”. Moriremos.

Lo que hemos vivido estos días es oro molido para quienes observamos la reacción social frente al miedo y la ceguera masiva. Bastaba ponerse un cubrebocas y estornudar para asustar a los más valientes. Ese día de la cobertura para Luces del Siglo del Meravigilia, en Cozumel, al regreso de la isla, ya en el ferri, como en montaña rusa en el mar, los conductores del barco pusieron a todo volumen la cumbia del coronavirus y de fondo el Meraviglia. Qué mejor escenario para mostrar esa otra parte tan mexicana del albur y el doble sentido, de hacernos los valientes frente a la desgracia cuando estamos más orinados que cualquier francés en su revolución de hambre cuando los gatos murieron en el techado. Hay que entender también este ensayo antropológico de Robert Darnton.

Por eso, ahora, en estos días releer las declaraciones del gobernador Carlos Joaquín y del presidente López Obrador nos da luz; vuelvo al fenómeno de Saramago de la oscuridad para dimensionar qué tan bien andan nuestros gobernantes estatales y federales frente a las emergencias. No estaban mal y están basadas sobre información de calidad. Y es ahí donde tenemos que enfocar por esos días para no perdernos en la paranoia, casi esquizofrenia, del rumor expansivo como bomba nuclear. Es importante este ejercicio porque en estos años de la información inmediata, al segundo, al milisegundo, comenzar a ladrar para que después los otros ladren es una gran responsabilidad. Y bien lo dijeran los políticos antiguos: “el perro que sabe por qué ladra es el que comenzó a ladrar”. No es la profundidad de Saramago pero sí trae mucha verdad mexicana.

Nos hemos contagiado del coronavirus sin ninguna restricción aunque no estornudemos. Abrir espacios oficiales para informar de la pandemia mundial que hasta ahora se ha sobre dimensionado, como ocurre con las fuentes de la Secretaría de Salud de Quintana Roo, la cual tiene canales directos de la población ante ese fenómeno social catastrófico al que nos referimos en estos párrafos.

Reconocer que México tiene avances en medicina con el tratamiento del coronavirus ante una respuesta aplastante del estilo de “es una mentira porque ni en China” es ver sin cortinas cómo andan nuestra autoestima social. De verdad estamos muy cercanos a esas sociedades descritas por el propio Vargas Llosa en La Danza del Chivo, cuando las personas comenzaron a extrañar al cacique inequívoco, omnipotente y todos los omnis posibles.  Una sociedad ciega fácil de manipular por cualquiera que vea un poquito, casi nada. Es lamentable la desinformación, pero es más lamentable la necesidad de consumir y creer información chatarra.

ALUX: Mara Lezama, otra vez en la danza del ojo del huracán. La alcaldesa de Benito Juárez, donde está la ciudad de Cancún como cabecera municipal, ha creado una enorme empresa familiar con hermano, hijo y esposo. Son una linda familia donde todos ven por todos y todos firman por todos y todos tienen casi las mismas cuentas, buenos hasta comparten el mismo dinero y los mismos bancos. Esa es unión familiar, no fregaderas.

Pero si la morenista cree que seguirá tan campante con tantos escándalos a poco más de la mitad de su administración le urge un reloj de incremento y disminución del poder político en un cargo público. Ahorita ya le hablaron al oído algunos grupos de poder del sureste, le han ofrecido y le dan protección a la inmaculada e inocente servidora pública. Y no hay que ser muy inteligente para verlo. La creación de su empresa y la compra de bienes que superan por mucho sus ingresos, incluida la familia, no le serán suficientes para explicar la desviación de fondos ahora que se le acabe el corrido benitojuarense.

En los próximos días el presidente Andrés Manuel López Obrador tendrá que entrarle a los escándalos de varios municipios donde sus alcaldes viven como reyes y reinas a costa del erario, en los que se encuentra Benito Juárez y Mara Lezama. Máximo cuando la inconformidad social en este centro turístico crece todos los días por la pérdida de calidad de vida y el deterioro continúo de la infraestructura urbana.

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