CARBONES POLÍTICOS: Una poderosa marcha …  y un presidente débil

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 ELMER ANCONA

En verdad, no quisiera estar en los zapatos del presidente de la República. Me daría miedo saber que, a las puertas de mi casa, hay cientos de mujeres dispuestas a derribarlas.

Si se hace un “corte de caja”, la lección que nos arroja la marcha-protesta de los miles de mujeres que paralizaron el país es que, o las escuchamos o las escuchamos. No hay alternativa.

Si a eso se agrega la poderosa manifestación de los jóvenes universitarios (casi 200 mil) que tomaron las calles de Puebla, en protesta por el artero asesinato de tres de sus compañeros de Medicina, pues el llamado de atención a las autoridades es mayúsculo.

En verdad, no quisiera estar en los zapatos de Andrés Manuel López Obrador; en la soledad de su enorme Palacio, recostado en su cómoda almohada, con toda seguridad estuvo pensando “¿Por qué no gusta lo que hago?”.

Quizá una tenue voz le susurre al oído: “Porque estás haciendo mal las cosas y no te dejas ayudar”, “porque has hecho invisibles a los cientos de mujeres que apostaron por ti, que creyeron en ti”.

Es inconcebible que un político que se dice de “izquierda”, amante del socialismo, de lo “colectivo”, lo que menos quiera es escuchar a las “masas”, incluso, a sus partidarias, a sus seguidoras.

Es inentendible que a un político que se dice “líder moral” de un “Movimiento” (Regeneración Nacional), lo que menos importe sean las voces agrupadas que claman justicia.

La fortaleza que ganó “a la buena” sexenios atrás y no sólo de las recientes elecciones, se va a la borda de un momento a otro, aceleradamente, porque la razón la tiene obnubilada, ofusca, confundida… limitada.

Las mentes obtusas, cuadradas, no dan para más; lo malo es que sea el hombre más poderoso de este país (en lo político) el que esté dando el mal ejemplo.

Pero debemos entenderlo: hay que gente que no cambia, que no trasmuta, que no quiere dar el siguiente paso; hay políticos que no comprenden aquella parábola del “no cambies tu riqueza por un plato de lentejas”.

Después del grito de guerra de los miles de mujeres que exigen, que demandan ser escuchadas, ser protegidas, cualquier político con media pisca de inteligencia estaría frenando todo para atender lo prioritario.

Pero no, para esta administración, para este gobierno federal las mujeres no son prioridad, son grupúsculos de gente conservadora que abandera causas feministas. Lo único que quieren es debilitarlo, derrumbarlo…vulnerarlo.

En verdad, no quisiera estar en la piel del Primer Mandatario que, de no hacer nada, pasará a la historia como el último, el más deficiente, el menos conciliador.

Y no es difícil conseguirlo. Durante su campaña, él mismo dijo que gobernar no tenía ninguna ciencia. Percepción equivocada. Sí la tiene, pero no es “ciencia” lo que requiere para dirigir bien la barca, sino sentido común.

El pueblo manda

Yo no sé quién le hacía los discursos de campaña, pero como presidente de la República, quien le está dando las líneas para su gobierno, es un patán. Debería despedirlo de inmediato.

¿O será que no quiere escuchar a nadie?, ¿Será que no quiere ni atender el llamado del Pueblo Bueno al que juró amar, defender y proteger a costa de todo y contra todo?

Hoy en día, a la gente lo que menos importa es comprar un chachito de la lotería para ganarse un avión presidencial; tampoco importa tanto -aunque duele- si la gasolina subió centavos más, centavos menos.

En pocas palabras, importa poco, pero muy poco, todo lo que dice López Obrador, día con día, en sus famosas “mañaneras”, donde los “periodistas” serviciales están a la orden para tirarse como tapete para ser pisoteados.

Lo que el presidente de la República debe ver con atención son las protestas, las marchas multitudinarias de hombres y mujeres, de jóvenes y adultos, que están cansados de tanta inseguridad, de la violencia en extremo.

Eso es lo que realmente importa: el sentir del pueblo, el dolor de la gente, la angustia de las mujeres que ya no quieren ni salir de casa por el temor a ser maltratadas, ultrajadas, desaparecidas, asesinadas.

Si no se hace caso a esto que es lo más importante, entonces ¿qué es lo fundamental para un presidente? Si no es la gente ¿son los autos, su gabinete, sus ocurrencias?

Diversas encuestas siguen registrando la estrepitosa caída del nivel de aceptación presidencial y eso es algo que debe preocupar a todo el mundo, a los ciudadanos, al propio mandatario.

Porque si le va mal al presidente le va mal al país y a todos; ahora bien, también es cierto que, si le va mal al pueblo, a la sociedad, le irá peor a quien conduce los destinos de este país. Es una con otra y a nadie le conviene.

En verdad, no me gustaría estar en los zapatos del presidente de la República; en este momento lo que realmente nos ocupa y preocupa como sociedad es el sentir de las mujeres y de los jóvenes que claman justicia y gritan ¡no a la impunidad!

@elmerando

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