WAYEB POLÍTICO: Nuevo orden financiero post virus

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Travellers, wearing masks, arrive on a direct flight from China, after Canada's Public Health Agency added a screening question for visitors and began displaying messages in several airports urging travellers to report flu-like symptoms in efforts to prevent any introduction of coronavirus, at Vancouver International Airport in Richmond, British Columbia, Canada January 24, 2020. REUTERS/Jennifer Gauthier

ÉDGAR FÉLIX

China es un ejemplo para enfrentar una emergencia de pandemia. Si la excesiva población china que casi llega a los un mil 400 millones de habitantes es una fortaleza para convertirse en una de las principales potencias mundiales también representa un punto débil porque el contagio de cualquier virus podría propagarse con facilidad. No fue así, apenas 80 mil infectados y tres mil muertos.

Cuando todos mirábamos hacia el gigante asiático paulatinamente el Covid-19 comenzó a invadir los territorios de Europa y Norteamérica. Italia cayó en el caos y España en la incredulidad junto con un Irán sorprendido.

Hace algunos días China lanzó un misil de reconocimiento hacia Estados Unidos donde ahora tienen la mirada puesta: “Es posible que haya sido el ejército estadounidense el que trajo la epidemia a Wuhan”, aseguró en Twitter el jueves por la noche un portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores chino, Zhao Lijian. Si es así, estamos ante un grave problema de proporciones mayores. Esta nación no acusa así como así y menos desde ese nivel del gobierno.

Pero no sólo fue el reclamo sino el exhorto para comprometer a la nación presidida por el derechista republicano Donald Trump: “¡Estados Unidos debe ser transparente! ¡Y debe publicar sus datos! Estados Unidos nos debe una explicación”. Con esas palabras y casual, por Twitter, como si estuvieran en el mercado de Wuhan comprando alguna baratija, de pronto estallaron esta bomba. Hay que leer bien los trasfondos porque este es un primer aviso, posiblemente, de un conflicto mayor.

Tras la propagación del Covid-19 por el mundo hay una estela de espionaje y cruce de minería de datos entre las potencias del orbe. Las cuerdas se tensionan en las bolsas de cada país, en el poder del dólar estadunidense y la caída estrepitosa de la producción manufacturera de China, un sector pilar fundamental de la economía del enorme país asiático.

El coronavirus no sólo está cimbrando la capacidad de cada nación para reaccionar ante una situación de emergencia por contagios, sino el sistema político y financiero que hasta hace poco conocíamos. Tal vez sea el Fin de la historia de Fukuyama o el comienzo de una era donde las guerras son subrepticias, inteligentes y con efectos devastadores.

Entremos al tema. China no sólo ha acaparado la manufactura de casi todo tipo de artículos de consumo por lo cual es reconocida como “la fábrica del mundo”; y no hablamos de cantidad sino de calidad, porque hasta marcas como BMW y Honda se fabrican en China, incluidos productos de altísimo desarrollo.

Pero este no es el problema, el asunto es el estado financiero mundial. China ha logrado acaparar más de 150 billones de dólares con el estímulo indirecto de las criptomonedas. Este sistema financiero mundial no tiene dueños pero sí promotores: los países asiáticos. El bitcoin, como se le conoce popularmente, no es la moneda digital en sí, sino la tecnología que la respalda como son los blockchain que en términos generales será la base de las nuevas economías del mundo y de la interactividad mundial en lo social, político y de comunicaciones.

Las criptomonedas (actualmente hay más de 5 mil y cada una es un proyecto de desarrollo interesante, con algunas excepciones de engaño y superchería, nunca faltan) no sólo son inexistentes en la materia sino que paulatinamente están debilitando a las bolsas y las economías mundiales. Hay 100 criptos que tienen más dinero que varios países juntos. Que son el gran lavadero de dinero, tampoco, porque cada bitcoin y cripto tiene un número único y “un ADN” que puede ser rastreado con transparencia. Con esta tecnología se pueden transferir y se transfieren miles de millones de dólares de país a país en cuestión de segundos y sin que intervenga la mano del hombre.

La tecnología blockchain está cambiando todo cuanto conocemos hasta ahora. Imperceptible, transparente y complejo, como entender que el creador del blockchain y el BTC, Satoshi Nakamoto, es un ser inexistente o real. Para empezar, los bancos no tienen ninguna razón de ser; las monedas fiat o metálicas, tampoco; y, es más seguro que una pared de 50 metros de espesor de acero. Nuevos órdenes, nuevas formas, más complejas, transparentes e inteligentes.

Con esta fase de desarrollo tecnológico expansivo y aceptado ya por muchos países del mundo, China y varios países asiáticos están tomando las riendas del mundo, pero sin tenerlas. Lo que hasta ahora conocíamos como sistemas poderosos alentados por una jerarquía cerrada cambian hacia sistemas abiertos e incluyentes en la masificación. La economía se hace más justa para todos y menos controladora y dependiente.

El Covid-19 ha venido a trastornar y mover de la hipocresía las relaciones internacionales de todos estos monstruos y mitos que estaban en el sótano desde hace varios años. El mundo se transforma aceleradamente y comienza a notar nuevos sistemas financieros, de segu- ridad, de salud, de intercambio, de mercado, etcétera.

Si la pandemia de Covid-19 la calificamos como una guerra entre naciones, potencias regionales, estaríamos fuera de foco, pero tampoco podríamos tener la seguridad de que no es así. No hay nada que lo confirme hasta ahora, sólo especulaciones y acusaciones desde redes sociales entre las naciones. Sólo, también, un mapa regional muy delimitado de la propagación de una cepa del coronavirus en las dos puntas del imán mundial.

ALUX: Bien por el gobernador de Quintana Roo, Carlos Joaquín González, en la estrategia para enfrentar y frenar los contagios de Covid-19 durante esta época vacacional en el principal centro turístico de América Latina. Los efectos, con estas medidas, se esperan “nor- males” y no agudos como ocurrió cuando la pandemia del H1N1 por pésimas tomas de decisiones que pegaron como el peor huracán de la historia de Cancún.

Como una maldición del wayeb del calendario maya nos acercamos a los 50 años de la fundación de Cancún el 20 de abril próximo. Ese día debe terminar la fase de aislamiento propuesta por el Gobierno de México para evitar los contagios y, por ende, el crecimiento de la pandemia en México. No es sencillo tomar decisiones en un asunto que está tomando otros tintes mundiales, pero hasta ahora las autoridades estatales han sido muy estratégicas e inteligentes en el trato de la información a la sociedad y la contención médica.

Cancún, a pesar de ser la ciudad con mayor pobla- ción flotante internacional provenientes de países con graves problemas de pandemia se ha mantenido prácticamente limpia del virus. Sigamos cooperando e informándonos en las fuentes oficiales para tomar decisiones que nos ayuden a salvaguardar la salud colectiva y cuidar la economía del turismo.

Twitter: @edgarfelix

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