Detienen actividad en playas de Cancún

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  • Las playas de Cancún están prácticamente desoladas; solo dos o tres familias se ven entre los turistas.

ÉDGAR FÉLIX

Las playas de Cancún están prácticamente desoladas. Las motos acuáticas están varadas, los veleros, las alas de sky, hasta los ruidosos mariachis andan más callados y cabizbajos que nunca. Dos o tres familias, si acaso, chapotean muy cerca del mar turquesa, mientras los niños se divierten construyendo castillos de arena. Casi todos los hoteles de la zona hotelera han cerrado y algunos funcionan ofreciendo bebidas y comida para llevar, en este primer día de cuenta regresiva por la emergencia sanitaria

Es como un escenario cercano al huracán del Covid19 que aún no ha pegado pero que todos están temerosos de los contagios por venir. Varios taxistas dormitan en sus sitios, otros roncan, otros juegan cartas, mientras Gerardo García y Salomón Castellanos, promotores de servicios turísticos en Playa Tortuga y Playa Langosta explican que este jueves no han ganado ni un peso, ni un dólar. “A estas alturas ya llevábamos 500 pesos, y ahorita ni un clavo…”.

La mayoría de los turistas asoleándose en los camastros son extranjeros. Se pueden contar uno por uno, hay 13 ocupados y 187 camastros vacíos. En Playa Tortuga la empresa de Ferris Ultramar, han disminuido sus servicios a cinco en todo el día, cuando salían atiborrados de visitantes cada hora rumbo a Isla Mujeres y otros a Cozumel. Además, esos cinco ferris llevan menos del 30 por ciento de pasajeros. “Los demás lugares los ocupa el corona”, dice uno, mientras otros sueltan la carcajada o la angustia o el miedo.

Gerardo García muestra el último informe de la Cámara de Turismo de Cancún desde su pantalla celular: “Han cerrado Bahía Príncipe Sian Kaan y Tulum, Excelence Playa Mujeres, Barceló Maya: Caribe Beach, The Reef Coco Beach, Riu Palace México, Rio Playacar, Riu Lupita, Royal Hideaway, Occidental Xcaret, Palladium Riviera Maya, H10 Ocean Maya, H10 Ocean por definir si será Riviera Paradise o Coral Turquesa, etcétera”. Es como una lista del obituario de alguna funeraria de alta mar.

También hay cierres parciales, como el Fairmont Mayakoba, Valentín Riviera Maya, Moon Palace, Catalonia “si llegan al 20 por ciento de ocupación se concentrará todo en Catalonia Maroma y los demás se cierran”, dice la abundante lista del obituario cancunense.

Frente al puerto de los ferris en Playa Tortuga unos cinco taxistas juegan animosos una partida de poker. Llevan ya seis o siete juegos para “matar el tiempo, el miedo y la angustia”; sueltan cartas y van explicando la desgracia que los posee ahora, desde ayer, para ser precisos. Pero dejan claro que esta calma chicha es miedo a la falta de dinero y a que un plato de comida falte en sus casas para sus hijos y sus familias. No como en los huracanes, dicen, sino el miedo de que por ahí bajo la mesa o en el aire anda el pinche coronavirus rondándolos. Más angustia en cada carta azarosa.

Víctor Valenzuela, el más rechoncho de todos, le trata de dar seriedad al tema. No sé porqué la gente entra como en una especie de catarsis cuando está por llegar una desgracia, les pregunto, pero ellos solo afirman con la cabeza, sin quebrarse el cuello. Lo más real es que no traen un peso en la bolsa y eso nunca lo habían vivido así. “Es como un huracán al revés, sin nubes ni vientos, sino normal y sabes que te está llevando la desgracia a alguna playa”, dice don Víctor Valenzuela.

Hasta hace poco la alegría de quienes acuden a las playas, como contagio, se ha convertido en una especie de velorio anticipado. Sólo los extranjeros sonríen de oreja a oreja y los que andan ya con cinco grados lussac en la sangre, con aliento a cebada, no dejan de bailar en una playa donde no les falta pista.