Una vacuna mexicana contra Covid-19

571
  • La científica Laura Palomares y su equipo desarrollan una vacuna contra Covid-19, partiendo de trabajos previos sobre el dengue y el zika.

ISRAEL SÁNCHEZ / AGENCIA REFORMA

Ciudad de México.- La contingencia sanitaria por Covid-19 que atraviesa México se ha convertido en una meta común para distintos esfuerzos científicos concentrados desde tres vertientes: diagnóstico, tratamiento y prevención.

En relación a esta última, destaca la labor de la investigadora en medicina molecular Laura Palomares, cuyo equipo de investigación desarrolla una vacuna contra el SARS-CoV-2 partiendo del trabajo que han venido realizando en años recientes contra el dengue y el zika.

“Yo estoy convencida de que la única manera en que nosotros vamos a poder responder a este tipo de pandemias de forma oportuna va a ser utilizando plataformas. Me refiero a una vacuna en donde ya tengamos todo el tren de producción, de desarrollo, de estabilidades, etcétera”, comparte en entrevista la ingeniera química por parte del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), y maestra en biotecnología y doctora en ciencias por la UNAM.

“Muchas veces pensamos que el laboratorio va a descubrir una vacuna y ya con eso va a llegar al paciente, y no es así. El que pueda llegar al paciente requiere mucho tiempo y mucho esfuerzo en el desarrollo de los procesos para la producción y caracterización de las vacunas”.

Comienza EU a probar en humanos vacuna de coronavirus

Con esta idea presente, la también investigadora del Instituto de Biotecnología (IBt) de la UNAM ha impulsado el desarrollo de una de estas plataformas tecnológicas y de metodología enfocada en los mencionados zika y dengue, afecciones particularmente significativas para México por sus altas cifras de contagio cada año en distintas entidades. El resultado ha sido una vacuna creada con tecnología de ADN recombinante, que Palomares califica como “una quimera”.

“Básicamente, nosotros utilizamos otro virus que no es patógeno, la cápside (conjunto de proteínas que recubren y protegen el genoma de los virus) de otro virus, y lo ‘decoramos’ con un epítopo (o ‘determinante antigénico’), con pedacitos del virus de zika y dengue para entonces tener una partícula viral que contiene esas secuencias que inducen la protección cuando le administramos esta vacuna al paciente”, detalla.

Este mismo trabajo de tomar el determinante antigénico –porción del virus que es reconocida por nuestro sistema inmune– e insertarlo en otro virus, uno no envuelto por una membrana, es la base para la vacuna del coronavirus que están desarrollando.

“Ahora, muy rápidamente, le quitamos (a la plataforma) lo de zika y dengue, le ponemos lo de coronavirus, y ya podemos tener una vacuna contra el SARS-Cov-2”, destaca la integrante de la Comisión Universitaria para la Atención de la Emergencia del Coronavirus.

“Lo que nos tomó dos años en ingeniería genética, poner y quitar las proteínas, entender cómo se iban a ensamblar estas cápsides, caracterizarlas, etcétera, todo eso ya lo teníamos hecho. Eso lo reemplazamos con lo de SARS-CoV-2, y es precisamente lo que ahorita estamos avanzando”.

El acercamiento al desarrollo de vacunas a través de plataformas ha sido también la ruta que han seguido dos vacunas contra Covid-19 en el mundo que se encuentran actualmente en evaluación clínica: la de la empresa norteamericana Moderna y la de la china CanSino Biologics.

De acuerdo con la biotecnóloga, en el caso de Moderna la plataforma es utilizar “RNA mensajeros”, aprovechando que ellos ya tienen una plataforma para su producción.

“Entonces, el día de hoy producen un RNA y mañana otro y pasado otro, pero toda esta plataforma de producción y lo que significa llevar una vacuna a un paciente eso ya lo tienen montado, y eso es lo que les permitió poder llegar a la clínica tan rápido”, precisa.

La diferencia, explica la especialista, es que éste es un tipo de vacuna basado en ácidos nucleicos, mientras que la que Palomares y su equipo están proponiendo es del tipo de ensamblajes virales, las cuales están en el mercado desde la década de los 80. Ejemplo de éstas son las vacunas recombinantes de hepatitis b, Virus del Papiloma Humano y de influenza.

“Pensamos que va a ser más fácil poder llegar al paciente y con menos preguntas de las entidades regulatorias si trabajamos con proteínas y no con ácidos nucleicos”, considera la experta.

La vacuna contra coronavirus está en la fase de pruebas en modelos animales, proceso por el que ya ha sido evaluada la de zika y dengue. Si todo avanza positivamente, Palomares estima que las pruebas en humanos de la primera puedan realizarse en tres años.

Lo más importante, apunta la investigadora, es que el impulso de una facilitará el camino para la otra.

“La plataforma consiste en desarrollar ambas vacunas. Lo que la de zika y dengue vaya ahorita pavimentando camino va a acelerar a la vacuna contra Covid-19”, indica.

“Ahorita estamos básicamente haciendo los procesos de producción de la vacuna zika y dengue, que van a ser los mismos que para Covid-19, para ya poder hacer el escalamiento y tener toda la documentación necesaria para la producción y la evaluación, la segunda evaluación de eficacia en animales, que se tendrían que hacer en instalaciones de bioseguridad nivel 3”.