Reina la zozobra social en Cancún  

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  • El Crucero se ha convertido en un emblema y punto de reunión para la gente que ha perdido su trabajo en Cancún debido al coronavirus.

ÉDGAR FÉLIX

CANCÚN, Q. ROO.- La solidaridad mexicana es un pilar para afrontar nuestras desgracias. Siempre hay un punto de reunión donde los ciudadanos recibimos ayuda para sortear cualquier eventualidad, como lo viven desde hace un mes algunos 400 cancunenses desempleados por el cierre de decenas de empresas ante la crisis provocada por las medidas contra el Covid-19. Ellos se han reunido en el emblemático Crucero, donde comenzó a fundarse esta ciudad y ahí representan el rostro de la incertidumbre de la pandemia.

Cuatro semanas sin trabajo, saliendo diariamente de sus casas sin un peso en la bolsa, con una tortilla con sal como alimento, qué nos vamos a acordar de ponernos gel con alcohol, de lavarnos las manos, de cambiarnos de ropa. Si acaso una torta en la tarde o un sándwich y con esa desgracia a cuestas, dice Jesús Sánchez, albañil, “mejor morir de coronavirus”. Desde hace tiempo no sale el sol en esta zona.

Muchos de ellos, albañiles, plomeros, monta pisos, vende flores, un ferrocarril de trabajos frustrados por el aislamiento del virus que tiene en un vilo al mundo. “Si no trabajamos no vivimos y si no salimos, tampoco”, dice uno de ellos, Artemio Chuc, albañil y morenista, quien tiene claro el panorama: “Mara Lezama tiene recursos para atender estas emergencias pero no quieren soltar el dinero de ayuda; sería muy buenos para nuestras familias”.

Afecta falta de actividad salud mental

Hace algunas semanas la alcaldesa morenista de Benito Juárez dijo que ahí, en el crucero, era un nido de ladrones, y eso les cala hondo a todos los entrevistados. Reconocen que sí los hay, pero la mayoría somos gente trabajadora que ganamos el pan para nuestras familias con el sudor de nuestra frente.

La mañana del 30 de marzo estuvieron los de la empresa de limpieza Leal Clean repartiéndoles cerca de 200 tortas. Se formaron de inmediato mientras una mujer con gel y alcohol en mano los desinfectaba y pasaban por el alimento. Luego llegaron los bulliciosos empleados de Transporte ADO con más de 200 sándwiches, aguas bien frías y muchos gritos. Los ánimos se levantaron.

Aquí no tenemos apellidos, dice Florentino y Darío, porque ninguno de nosotros tiene un empleo fijo, ni casa propia ni familia estable. Si no salimos a trabajar no tenemos para comer, así que “para nosotros es casi imposible mantener el aislamiento social como lo propone el gobierno”.

La única solución es que los apoyen con dinero, con ropa, con alimentos, mientras pasa este problema de la pandemia para luego comenzar a trabajar otra vez. Los entrevistados fueron directos: Mara Lezama tiene los recursos, pero no quiere entregarlos. Hay dinero para este tipo de desgracias y para ayudar a quienes menos tienen.

No podrán aguantar un mes más así, en esas condiciones. Necesitan ayuda urgente. Muchos de ellos se les ve mal, se ven enfermos y deprimidos, muy desesperados. Sonríen al menos cuando llegan las tortas, los sándwiches, pero pocos notan que algunos comen poco y se guardan el alimento, tal vez para sus hijos, su esposa, su madre. “Nosotros somos trabajadores, no rateros”, dijo Artemio Chuc, mientras unos soldados se paseaban alrededor en con mirada intimidante.