WAYEB POLÍTICO: Cancún, una refundación inesperada

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ÉDGAR FÉLIX

El 20 de abril es una fecha maldita, estilo los cinco días del calendario maya llamado wayeb, porque en la emergencia de salud actual los festejos, para celebrar los 50 años de la fundación de nuestro querido paraíso Cancún, se deberán aplazar y trasladarlos de los momentos más críticos (espero que sólo sean por esas fechas) de la emergencia de salud que vivimos. Todo quedará para después y no sabemos todavía qué tanto pegará esta crisis ni cómo saldremos del mar adentro hacia donde nos lleva.

Entramos a un túnel oscuro sin retorno donde aún no vemos alguna luz del otro lado, a un puente colgante que no sabemos si caerá cuando vayamos a la mitad o llegaremos con vida, así, aunque suene más dramático que una novela de Schiller, pero el monstruo diminuto nos espanta aún más porque no podemos verlo ni palparlo, pero sí muestra una figura en los mapas lleno de ondas rojas diseminándose por todo el planeta (excepto China y Rusia) mostrando su voraz y tétrico avance.

Cancún puede esperar, aún es muy joven y resistente. Sus habitantes están acostumbrados a las adversidades y siempre han vivido resistiendo tormentas y huracanes. Viene esa fecha emblemática, un medio siglo visualizado hace algunas semanas como la llegada a una meta llena de logros y éxitos, a un centro turístico en que pocos, muy pocos, creyeron que alcanzara las proporciones de ganancias que hasta hace algunos días tenía. Todo cayó como un castillo de arena en las playas blancas de este hermoso paraíso por la culpa de un diminuto virus que está flagelando gravemente las economías más poderosas de los núcleos más importantes del mundo: Estados Unidos y Europa.

En el calendario maya, el wayeb significa los cinco días malditos en los que no debemos salir de casa porque afuera hay una especie de maldición rondando nuestras almas. En Cancún, el paraíso maya, vendrán algunas semanas o tal vez meses de incertidumbre negra. Serán los primeros aniversarios que no se festejen como se hizo, cada año, hasta el 2019. Abrimos el paréntesis oficialmente desde este primero de abril y nos sabemos cuándo lo cerraremos y en qué condiciones lo haremos. Y cuántos estaremos para contarlo.

Los festejos serán individuales, en nuestras casas, sumergidos en la peor crisis por la que atraviese el país en los últimos años. Es una gran fecha que nos invita al comienzo de una nueva era, a dar el primer paso en otra ruta, a cambiar todas las visiones conocidas para insertarnos en otras más experimentadas, a comenzar de nuevo tal vez, a valorar lo que tenemos para impulsar otras visiones de estas nuevas realidades económicas y políticas que cambiarán al mundo.

El 20 de abril no sólo se festejará medio siglo de Cancún, aunque el desafortunado logotipo diseñado por la administración de Mara Lezama no ayude, sino entraremos en una nueva era de oportunidades para este lugar que nos ha dado más. Cancún nos necesita y nosotros necesitamos de este lugar para seguir creciendo.

Los mayas son un pueblo de grandes guerreros, muy persistentes ante la adversidad y fuertes para oponerse a la desgracia. Tenemos la energía de esa gran civilización que no sucumbe tan fácilmente.

En el calendario contemporáneo, gregoriano por desgracia, se marcará este aniversario como el sacudimiento social y económico de Cancún a mitad del siglo. Y toda crisis, cuando se supera y se afronta sin aspavientos, trae mejores condiciones para crecer mejor. Aunque parezca, entonces, un contra sentido, pero será la mejor forma para celebrar una fecha emblemática de un lugar construido con mucho sudor, trabajo, dedicación y esperanza.

Veamos cómo ven las autoridades el 20 de abril próximo, como una tragedia o como una etapa o tal vez como la refundación de Cancún. Veamos con dedicación cómo entienden esta situación adversa mundial de salud y el cambio de paradigmas en la globalización. El Covid19 podría ser una vacuna para quitarle la estupidez al hombre creado hasta hace algunas semanas en lugares cómodos, donde el dinero paga todo y las marcas son la gran aspiración del éxito.

En las crisis también se vislumbra la felicidad porque comenzamos a apreciar lo que nos hace felices. Tal vez un amanecer, ir al mar, zambullirnos en una ola, un café, el paseo por alguna zona arbolada. No los centros comerciales ni alguna película de grandes efectos
especiales. Regresamos al inicio, tal vez, de hacernos feliz un plato de sopa en la mesa y tener el dinero suficiente para sobrevivir en estos días de hastío. Tal vez esté peor que Schiller y la novela dramática, pero viendo los índices de crecimiento del coronavirus, el rostro descompuesto del siempre prepotente Trump anunciando que la emergencia se corre hasta el 30 de abril, no es para menos.

No quiero ser catastrofista en medio de la incertidumbre que vivimos porque sería el lugar más común.

Contar la desgracia de otros es tan fácil pero cuando se trata de la desgracia de todos podríamos perder piso. Hay que prepararnos para lo peor, para la pandemia más desoladora y terrible, porque tal vez, si la curva de ascenso de contagios del Covid19 se achata y desciende en un mes, estaremos saliendo airosos sin tantos brincos de una crisis que pudo ser peor.

Hay que ser conscientes. Celebremos los 50 años de Cancún desde nuestras casas, en la introspección, en el agradecimiento de esta bendita tierra maya (sin matices católicos rancios ni modernos) donde vivimos, empujemos otra vez, las veces que sean necesarias.

Medio siglo no son fáciles y estoy seguro que la construcción y las celebraciones se darán mejor, como una especie de refundación, en esta adversidad. Bienvenidos a la realidad de nuestros tiempos, al cambio de paradigmas y a saber que los polos económicos y políticos están cambiando.

ALUX: Los 400 desempleados que deambulan como almas sin esperanza por la plazuela del Crucero no pueden seguir en esa situación. El gobierno municipal debe resolverles, cuanto antes, la falta de ingresos económicos porque no podrán sortear ni pasar en esas condiciones la emergencia de salud.

Están completamente a la deriva, echados a su suerte. No hay trabajo y no hay dinero, y si no tienen ningún incentivo económico sus familias entrarán en desesperación por alimento.

Efectivamente hay recursos del Fonden para este tipo de crisis económicas de sectores de la población.

Hasta ahora han logrado enfrentar la precariedad de sus necesidades con tortas, sándwiches y aguas provenientes de la solidaridad. Pero, ¿cuánto tiempo estarán así? No lo sabemos. Esto sin considerar que en algunas semanas se conviertan en portadores del coronavirus. ¿Qué pasará? Y sus familias qué harán.

Aquí, en estos momentos, es cuando las autoridades deben salir a las calles a atender estos detonadores sociales y no refugiarse en paredes desinfectadas.

Y claro que sucederá porque no hay compromiso social. No hay oficio político ni tampoco el interés por la gente, sino por sus familias y ellos. Es mucho pedir, pero Mara Lezama es tan pequeña frente al gran reto que se le avecina. Esa es la peor de las calamidades que enfrentaremos por estos días.

Twitter: @edgarfelix

Facebook: edgarfelixacu

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